De la barricada a la eternidad: Los miserables vuelve a Madrid en su 40 aniversario

Algunas historias son tan poderosas que permanecen vivas incluso cuando se reducen a su forma más sencilla. “Los miserables”, la novela de Victor Hugo, alberga varias de esas narrativas inmortales: la redención de Jean Valjean, la trágica caída de Fantine, la valentía del huérfano Gavroche y la implacable persecución del inspector Javert. Desde su publicación en 1862, la obra ha inspirado cientos de adaptaciones y se ha convertido en un referente cultural que trasciende fronteras.
El regreso de “Los miserables” al Teatro Apolo de Madrid
Este viernes se inaugura la tercera edición del musical en la capital española, una adaptación al español producida por ATG Entertainment que se presenta en el histórico Teatro Apolo. Con más de 65 versiones cinematográficas y una larga trayectoria escénica, la versión musical –estrenada por primera vez en el West End en 1985– sigue siendo la producción más longeva de la zona, con más de 15 500 funciones y una audiencia que supera los 150 millones de espectadores en 22 idiomas y 57 países.
El productor británico Cameron Mackintosh, quien ha sido clave en los mayores éxitos teatrales de las últimas décadas, estuvo presente en la presentación y comentó la vigencia del espectáculo: “He trabajado más de seis décadas y siempre he buscado obras que tengan un alcance universal. ‘Los miserables’ cumple ese requisito al hablar del deseo de cambio y la búsqueda de dignidad, valores que siguen resonando hoy”.
Mackintosh explicó que el carácter distintivo de los musicales ingleses radica en su escala monumental y su tono serio, a diferencia del estilo más ligero de sus contrapartes estadounidenses. “Los autores de musicales actuales tienden a centrarse en la actualidad, que se vuelve rápidamente pasada de moda. Las obras que trascienden el tiempo, como la nuestra, son las que realmente perduran”, añadió.
El origen del musical se remonta a 1980, cuando el compositor francés Claude‑Michel Schönberg y el letrista Alain Boublil adaptaron la novela de Hugo a un álbum de canciones. Dos años después, Mackintosh escuchó el material y quedó fascinado. “Me llevó la música a Alan Jay Lerner, quien me dijo que debía producirla. Sabía que sería algo espectacular”.
La obra, al igual que la novela, presenta una visión universal: no se trata de una propaganda política, sino de la condición humana. Hugo, a lo largo de su vida, pasó de la monarquía católica a posturas más democráticas, defendiendo la empatía, la educación gratuita y la abolición de la pena de muerte. Esa amplitud ideológica permite que el musical conecte con públicos de cualquier contexto.
Musicalmente, “Los miserables” combina melodías que recuerdan la chanson francesa, toques de Bizet y Offenbach, y referencias a himnos y óperas europeas, sin perder su identidad única. El espectáculo se inserta dentro de la tradición británica de musicales que glorifican a las clases bajas y utilizan el acento cockney, una línea que se remonta a obras como “Oliver!” de Lionel Bart. Esa herencia le otorga al musical un carácter popular y, al mismo tiempo, una profundidad emocional.
Tras una versión original de cuatro horas que fue duramente criticada, la producción se recortó y perfeccionó, logrando en 1987 un rotundo éxito en Broadway con nueve premios Tony. Desde entonces, ha sido revivida en múltiples ocasiones, incluyendo una renovación escénica en 2010 por su 25.º aniversario. La puesta en escena que llega a Madrid ha sido nuevamente actualizada para “rejuvenecer” el espectáculo y adaptarlo a las expectativas del público contemporáneo.
Como señalaba Victor Hugo: “Las heridas de la humanidad no se curan con fronteras ni con leyes; donde haya sufrimiento, la esperanza debe tocar la puerta”. Mackintosh resume la esencia del musical con una frase sencilla: “Siempre habrá un mañana para ‘Los miserables’”.

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