Europa lucha por salvar lenguas al borde de la extinción

Hoy, un grupo de periodistas españoles ha visitado el Instituto Cultural del Mócheno en Palù del Fersina, una pequeña localidad de la provincia de Trento, en el noreste de Italia, para documentar la situación de una lengua en peligro: el mócheno. Este dialecto germánico, derivado del bávaro y hablado desde el siglo XIII en estas montañas, apenas cuenta hoy con mil hablantes, la mayoría mayores. Solo alrededor de 200 jóvenes, como David Toller, mantienen viva la lengua en su día a día. "A veces sentimos que somos como dinosaurios, especies en extinción", confiesa Toller, uno de los pocos veinteañeros que ha decidido quedarse en su tierra para trabajar y preservar su herencia lingüística, mientras que muchos de sus coetáneos se trasladan a Trento, donde el mócheno es prácticamente desconocido.

A pesar de contar con un mayor reconocimiento institucional en los últimos 25 años —con la publicación del primer diccionario y gramática, y una hora semanal de enseñanza en las escuelas de los tres municipios donde se habla—, el número de hablantes sigue disminuyendo sin posibilidad de recuperación a corto plazo. Barbara Laner, de 51 años, lo vive con profunda tristeza: "Pienso y sueño en mócheno, pero cada vez menos niños lo entienden. Temo un futuro en el que ya no exista".
Un contraste en las Dolomitas
A apenas 120 kilómetros de distancia, en los valles dolomíticos de Tirol del Sur, la historia es distinta. En San Martino, los alumnos de primaria asisten a clases en cuatro idiomas: italiano, alemán, lino —una lengua retorrománica— e inglés. Los horarios escolares, marcados con cuatro colores, reflejan esta realidad plurilingüe. Aquí, el lino, hablado por unos 32.000 habitantes, ha logrado resistir gracias a un movimiento político e intelectual consolidado durante el siglo XX. La clave ha sido la educación: desde hace décadas, el sistema escolar promueve la convivencia de los idiomas, asegurando la transmisión generacional.
Paul Videsott, lingüista y experto en lenguas minoritarias, señala que "es uno de nuestros grandes logros". Desde su casa en San Vigilio di Marebbe, con vistas a las pistas de esquí, explica que la supervivencia del lino dependió de integrarlo en el sistema educativo sin excluir el italiano o el alemán. Videsott fue el autor del informe del Parlamento Europeo *Lenguas minoritarias y minorizadas como parte de la diversidad lingüística y cultural*, publicado en 2023, que identifica al menos 158 minorías en la UE y 362 en Europa. Aunque reconoce la dificultad de definir con precisión qué constituye una "lengua minoritaria", el informe alerta de que, en las últimas cuatro décadas, más de dos tercios de estas comunidades han visto mermar drásticamente su número de hablantes.
Factores clave para la supervivencia

- Autonomía política con marco legal claro
- Sistema educativo que promueva la lengua minoritaria
- Apoyo institucional sostenido
- Reconocimiento oficial y uso en espacios públicos
En la Unión Europea, las competencias lingüísticas dependen de cada Estado miembro, lo que genera realidades muy distintas. Mientras que los hablantes de sueco en Finlandia o las comunidades autónomas españolas con idiomas propios disfrutan de amplios derechos, otras minorías, como los turcos en Grecia o los rusohablantes en Letonia —que representan cerca del 30 % de la población—, enfrentan graves limitaciones para usar su lengua en la educación y la administración.
Loránt Vincze, eurodiputado y presidente del Intergrupo sobre Minorías Tradicionales, Comunidades Nacionales y Lenguas, defiende la necesidad de un marco legal común en la UE. "Todos los niños deben tener derecho a ser educados en su lengua materna, independientemente de su origen. Los niños rusohablantes en Letonia no tienen nada que ver con la guerra en Ucrania, pero están siendo penalizados por una política lingüística restrictiva", afirma. También critica la falta de reconocimiento oficial en Francia a lenguas como el occitano, el euskera o el catalán.
El eurodiputado Herbert Dorfmann coincide en que existe una "falta de conciencia generalizada" sobre la importancia de preservar las lenguas. "Nadie duda del valor cultural de una iglesia o una obra de arte, pero muchas personas no ven el mismo valor en una lengua que desaparece", reflexiona.
El debate sobre el reconocimiento oficial en la UE
En este contexto, la propuesta del Gobierno español de reconocer el catalán, el gallego y el euskera como lenguas oficiales en la UE ha encontrado resistencia, especialmente en Berlín. Javi López, eurodiputado socialista, defiende la iniciativa: "Este paso daría a estas lenguas un estatus y derechos que hoy no tienen, y crearía un ecosistema que favorecería su visibilidad y uso". Para López, el caso del catalán, gallego y euskera es único en la UE por su "penetración social, uso institucional y arraigo histórico", y no comparable al de otras lenguas minoritarias.
En San Martino, mientras tanto, los niños responden con naturalidad en lino, italiano o alemán. Elena Frenemetz, profesora en la escuela primaria, observa que el entorno plurilingüe fomenta la participación, reduce la timidez y potencia las capacidades cognitivas. Videsott subraya que el respeto a las minorías no solo beneficia a sus hablantes, sino a toda la comunidad. "Tras las imposiciones lingüísticas de Mussolini y Hitler, aprendimos que la diversidad no es un obstáculo, sino una fortaleza", concluye. Hoy, el 99 % de la población de la región valora un sistema que garantiza la supervivencia del lino, una lengua con más de dos milenios de historia. "Me considero lino primero", dice Videsott, "pero no tengo ningún problema con mi pasaporte italiano".

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