Sobre les dones i Sobre la fotografia: les idees del feminisme i la imatge de Susan Sontag

La editorial Arcàdia ha publicado dos nuevos volúmenes de ensayo de la influyente teórica norteamericana Susan Sontag: Sobre las mujeres y Sobre la fotografía. Ambas obras, reunidas a partir de textos, entrevistas y artículos escritos entre los años 1972 y 1977, constituyen una herramienta esencial para comprender el pensamiento de Sontag y su relación con el feminismo, la estética y la cultura visual contemporánea.

Índice

Los ensayos de Susan Sontag

Sobre las mujeres

En Sobre las mujeres se recopilan escritos y entrevistas realizadas entre 1972 y 1975, en los que Sontag reflexiona sobre su propia filiación feminista. En 1972, al responder a un cuestionario de la revista española Libre, la autora declaraba con claridad: «He sido siempre feminista». Esta afirmación disipó las dudas que algunos críticos habían albergado por la falta de una adhesión explícita al feminismo institucional.

Sontag nunca dejó de criticar la retórica política del movimiento, acusándola de reduccionista y excesivamente moralista. En sus palabras: «Lo que en los años sesenta se denunciaba como burgués, represivo y elitista, también se reveló como falocrático. Puede parecer que ese tipo de militancia sirva a los objetivos feministas a corto plazo, pero supone rendirse a nociones pueriles del arte y del pensamiento e instaurar un moralismo verdaderamente represivo».

A lo largo de la década de los setenta, su pensamiento se fue matizando. En el mismo cuestionario, señalaba que los últimos cinco años le habían llevado a situar su experiencia personal bajo una perspectiva política: «La buena suerte que haya tenido no es relevante aquí». Además, denunciaba la tendencia de algunos feminismos a menospreciar a «otras mujeres menos realizadas».

El libro reúne, entre otros fragmentos, pasajes de su ensayo Notes on “Camp” (1964), donde define el “camp” como una forma de oposición a los roles impuestos a la mujer mediante una “parodia contundente, estridente y vulgar”. Sontag sostiene que el poder del feminismo radica no solo en desarticular conceptos como belleza, juventud, matrimonio o familia, sino también en cuestionar el propio concepto de género: «Una sociedad en la que las mujeres sean subjetiva y objetivamente iguales a los hombres debe, por fuerza, ser una sociedad andrógina».

Para ella, la ironía y el cuestionamiento de los géneros son esenciales para despolarizar la dialéctica hombre/mujer y liberar a las mujeres de las exigencias vinculadas al rol de género, tanto en el ámbito laboral y familiar como en el cuerpo. Promueve la autonomía sobre decisiones como el aborto y la transgresión de los estereotipos de belleza y juventud: «Las mujeres pueden aspirar a ser sabias y no solo bellas, competentes y no solo complacientes, fuertes y no solo delicadas, ambiciosas por sí mismas y no únicamente en relación con hombres y hijos. Pueden envejecer de forma natural y sin vergüenza, desobedeciendo activamente las convenciones que la sociedad impone al envejecimiento».

Sobre la fotografía

Entre 1973 y 1977, la New York Review of Books publicó una serie de seis ensayos breves en los que Sontag abordaba la fotografía desde perspectivas morales, políticas, estéticas y culturales. En 1977, estos textos se recopilaron en Sobre la fotografía, obra que ha marcado profundamente la forma en que entendemos la relación entre fotógrafo, objeto fotografiado y espectador.

Sontag describe a la fotografía como una “gramática y una ética de la visión”. La gramática organiza la mirada y crea un vocabulario visual que estructura la percepción; la ética implica una posición frente al mundo, transmitiendo una forma de observar que puede distanciar emocional y moralmente al autor de lo que retrata. El acto de fotografiar, según la autora, es una tensión entre observación e implicación: la cámara convierte al observador en un turista de la realidad, un “no‑intervencionista” que captura sin modificar.

Una de sus tesis centrales sostiene que la fotografía no reproduce la realidad, sino que la crea. La cámara actúa como un “arma” que satisface una relación posesiva con el mundo, generando imágenes que descontextualizan lo familiar y lo convierten en misterio. «Cualquier colección de fotografías es un ejercicio de montaje surrealista», afirma Sontag, adelantándose a la crítica contemporánea sobre el potencial manipulador de la imagen y su vínculo con la propaganda política y el control social.

Otro argumento clave es la “anestesia” que produce la sobreexposición a imágenes. Fotografiar banaliza el horror, familiariza lo grotesco y, bajo la promesa de mayor libertad de información, termina entorpeciendo la sensibilidad moral. Además, fomenta el sentimentalismo al convertir el pasado en objeto de contemplación afectiva y alimenta la vanidad de creer que el mundo puede comprenderse exclusivamente a través de su representación visual.

En la visión de Sontag, la fotografía en la sociedad capitalista se convierte en entretenimiento, propaganda y herramienta de vigilancia, transformando la libertad política en libertad de consumo y generando un consumo ilimitado de imágenes. Su reflexión sigue resonando en la era digital, donde la abundancia visual y la inteligencia artificial plantean nuevas preguntas sobre la ética y el poder de la mirada.

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