Zadie Smith, de escritora prodigio a ensayista de la madurez

La escritora jamaicano‑británica Zie Smith, de 50 años, ha presentado su último libro, Dead and Alive (publicado en español bajo el título Muertos y vivos), una colección de treinta ensayos en los que reflexiona sobre la sociedad, la tecnología y la muerte. La obra llega en un momento de balance personal para la autora: celebra medio siglo de vida, 26 años desde la publicación de su debut, Dientes blancos (Salamandra, 2001), y 22 años de matrimonio con el poeta irlandés Nick Laird, con quien comparte dos hijos.

En la 26ª edición del festival de The New Yorker, Smith explicó a la editora de ficción Deborah Treisman que “no me siento más sabia, me siento diferente y por eso escribo de manera diferente”. La declaración surgió poco después de que la autora superara una operación de degeneración macular que le dejó un parche en el ojo a finales de 2025.
Una trayectoria marcada por la versatilidad y el reconocimiento
El éxito de Dientes blancos, traducido a más de veinte idiomas, la colocó a los 24 años bajo la lupa de la crítica, que la comparó con Charles Dickens. A pesar de la presión, Smith siguió publicando y consolidó su reputación internacional: ha sido nominada al Booker Prize en tres ocasiones, finalista del Pulitzer y figura incluida en las listas de Granta de los mejores escritores británicos en 2003 y 2013. La autora estadounidense Jennifer Egan la describió por correo electrónico como “un prodigio que mantiene un nivel excepcional y, sobre todo, una versatilidad impresionante, arriesgándose a fracasar al experimentar con nuevos géneros”.
Su producción abarca seis novelas, cuatro libros de ensayos, una obra de teatro, dos libros infantiles coescritos con su marido, y más de cincuenta piezas (cuentos, ensayos, reseñas) en The New Yorker. Incluso ha incursionado en la música, grabando la canción “Vivid Light” para el disco de Dev Hynes (Blood Orange), aunque su pasado como cantante de jazz en la universidad sigue siendo poco conocido.
Tras una década enseñando escritura creativa en la Universidad de Nueva York (NYU), Smith regresó a Londres en 2020. La autora, que en su infancia veía televisión nueve horas al día, ahora aboga por la desconexión total y vive sin teléfono inteligente ni redes sociales. En una entrevista con EL PAÍS (2024) declaró que no quiere “formar parte del circo” de la cultura digital y criticó la manera en que “en menos de veinte años hemos remodelado casi todos los aspectos de nuestras vidas alrededor del iPhone, como si fuera solo una herramienta y no también una ideología”.
En su último ensayo, Some Notes on Mediated Time, incluido en Dead and Alive, Smith sostiene que la sociedad se ha convertido en un “producto”, perdiendo la capacidad de aburrirse, concentrarse, estar sola y proteger su privacidad. Observa a los pasajeros de un tren y escribe: “Todas las cabezas, jóvenes y ancianas, están inclinadas hacia abajo, iluminadas por esa luz azulada, colonizadora de la conciencia del capitalismo tardío de Palo Alto; la resistencia es inútil”.
David J. Remnick, editor jefe de The New Yorker, ha señalado que la fama de Smith como novelista a veces eclipsa “la fineza de su mente y la fuerza de sus ensayos”. Sus textos frecuentemente generan controversia; el ensayo “Shibboleth” (2024) analizó el lenguaje de las protestas estudiantiles pro‑Palestina sin abordar directamente la política, lo que provocó críticas de académicos como Steven Salaita, quien acusó a la autora de legitimar el statu quo. Un año después, Smith firmó una carta pidiendo el alto al fuego en Gaza, gesto que sus críticos consideraron tardío.
Aunque algunos la perciben como una figura que reprende a la juventud que inspiró, la inclusión de “Shibboleth” en Dead and Alive ha sido valorada por publicaciones como Time, The New Yorker y Vanity Fair como una de las mejores obras del 2025.
Smith se define a sí misma como una escritora antidogmática. En su charla “Conscience and Consciousness: A Craft Talk for the People and the Person”, defendió la independencia creativa, afirmando: “Escribo sobre lo que me interesa, más que sobre lo que me indican que debería interesarme”. En el prefacio de Cambiando de idea (Salamandra, 2011) describió la “inconsistencia ideológica” como un “artículo de fe”, y en Fascina por presumir: en defensa de la ficción (2019) reiteró que “siempre he sido consciente de tener muchas voces contradictorias rondando por mi cabeza”.
Su identidad híbrida—hija de madre jamaicana y padre inglés, treinta años mayor—ha sido una constante temática. En Dientes blancos, la protagonista lucha por aceptar que no pertenece a ningún lugar, y Smith continúa explorando la fluidez identitaria en obras como Con total libert (2021), donde discute a Kafka y a Justin Bieber en el mismo ensayo.
Con Dead and Alive, Smith pone de relieve la crisis existencial de la mediana edad, entrelazándola con la actual crisis política y generacional. La obra invita a los lectores a enfrentar la ambigüedad moral y a cuestionar, más que a recibir respuestas, consolidándose como una de las contribuciones más provocadoras del panorama literario contemporáneo.

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