Las voces de la acuicultura: la red de profesionales que hace posible que haya pescado para todos
Cuando pensamos en el pescado que disfrutamos en la mesa, la respuesta más inmediata es “viene del mar”. Sin embargo, esa idea no captura la realidad completa del suministro actual. Más del 57 % del pescado consumido a nivel mundial proviene de la acuicultura, el cultivo controlado de peces y algas en mares, ríos y otros entornos acuáticos, que complementa la pesca extractiva y ayuda a preservar los recursos naturales.
En España, la acuicultura es un motor de empleo y desarrollo. Actualmente, 8 209 personas trabajan directamente en este sector, desempeñando roles tan diversos como biólogos, veterinarios, buceadores, ingenieros acuícolas, técnicos de calidad, gestores de digitalización y administrativos. Su labor abarca la producción, la investigación, la innovación, el control de calidad y la comercialización, convirtiendo a la acuicultura en una actividad dinámica con gran potencial de crecimiento.
Innovación científica que garantiza calidad y sostenibilidad
Una de las voces más destacadas de la comunidad científica española es la de la investigadora del CSIC, Arina Sitjà Bobilla, del Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal (Castellón). Con más de 30 años de experiencia y más de 150 publicaciones, Sitjà ha impulsado avances clave en la salud de las especies acuáticas y el funcionamiento de las granjas.
Entre sus principales aportes se encuentra la adopción de la sensorización inteligente, que permite monitorizar en tiempo real parámetros críticos como oxígeno, temperatura y salinidad, optimizando la alimentación y reduciendo el estrés de los peces. Además, el uso de drones, cámaras submarinas, chips de comportamiento, sistemas automatizados y plataformas integrales de gestión de datos facilita un control exhaustivo de las instalaciones y la biomasa.
En el ámbito de la nutrición y el bienestar animal, la investigación ha permitido:
- Optimizar dietas según especie, estación y fase de desarrollo, logrando mejores tasas de conversión y crecimiento.
- Reducir el impacto ambiental mediante una alimentación más eficiente.
- Mejorar las condiciones de cría y manejo, incrementando el bienestar de los peces.
España también está impulsando el cultivo de especies emergentes y la mejora de las ya establecidas, lo que amplía la oferta y fortalece la resiliencia del sector frente a cambios de mercado y ambientales.
Otro avance significativo ha sido la identificación de los factores de riesgo detrás de brotes de enfermedades. La aplicación de medidas de bioseguridad, la implantación de vacunas y la optimización de los sistemas de producción han reducido el uso de medicamentos al 0,3 % de los casos, disminuyendo considerablemente el impacto sanitario en las granjas.
Estos progresos se traducen en una mayor disponibilidad de pescado en el mercado, evitando la escasez y manteniendo los precios asequibles para los consumidores.
La acuicultura también genera un impacto socioeconómico notable en la llamada “España vacía”. La instalación de granjas acuícolas en zonas rurales ha creado puestos de trabajo en localidades que antes carecían de actividad económica. Ejemplos de estos pueblos son Valderrebollo (Guadalajara), Riofrío (Granada), Villaverde del Monte (Soria), Riópar (Albacete), Ruente (Cantabria) y Uña (Cuenca), entre otros.
Estas pequeñas empresas aprovechan la ubicación costera o ribereña para desarrollar actividades productivas que generan riqueza, estabilidad laboral y beneficios sociales, contribuyendo a la revitalización de áreas tradicionalmente despobladas.
En definitiva, la acuicultura española, respaldada por la investigación de científicos como Arina Sitjà y por la innovación tecnológica, está democratizando el acceso a un alimento sano y nutritivo, garantizando su disponibilidad sin comprometer la biodiversidad de los océanos. Sostenibilidad, seguridad y calidad son los pilares que definen a este sector, que celebra hoy su importante contribución a la sociedad.

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