Gaza al borde del abismo: ¿Qué oculta la nueva amenaza en Oriente Próximo

Yahya Sarraj, alcalde de Gaza y exprofesor de ingeniería civil, resume la atmósfera que impera entre la población de la Franja: una “espera” indefinida, sin claridad, plazos ni certeza. A dos años del alto el fuego firmado en octubre de 2025, la vida de más de dos millones de habitantes sigue marcada por el sufrimiento y la restricción al 48 % del territorio que controla Hamas, mientras el ejército israelí mantiene bombardeos puntuales pero diarios y la reconstrucción avanza a paso de tortuga.

Situación humanitaria en Gaza
Durante los dos años transcurridos desde la ofensiva israelí que siguió al ataque de Hamas, los diálogos con los gazatíes solían contener la frase “cuando esto termine”. Hoy esa incertidumbre se ha convertido en una realidad cotidiana: cientos de miles viven en tiendas de campaña, bajo la amenaza de inundaciones y frío primaveral, y hacen largas colas para conseguir agua potable.
Según los últimos registros, la mortalidad sigue siendo alta: se contabilizan cerca de 72 300 fallecidos desde el inicio del conflicto, la mayoría mujeres y menores. En los últimos cinco meses de alto el fuego se han registrado 716 muertes, de las cuales 716 son atribuidas a bombardeos aéreos contra objetivos vinculados al gobierno de Hamas y al menos 200 personas murieron al cruzar la “Línea Amarilla”, que Israel ha modificado ganándose metros de territorio; la ONU indica que, en la mayoría de los casos, los fallecidos eran civiles que cruzaron la zona sin percatarse de los cambios.
“La vida cotidiana en Gaza está marcada por una búsqueda constante de normalidad en circunstancias muy anormales”, afirmó Sarraj en un intercambio de mensajes, señalando la escasez de productos básicos y el alto costo de los alimentos disponibles. Mientras que algunos productos aparecen a menor precio que durante la invasión, siguen siendo inasequibles para la mayoría, que ya enfrenta una grave falta de empleo e ingresos.
El último informe del Comité de Clasificación Integrada de las Fases (IPC) de la ONU, publicado en diciembre, advirtió que la situación “sigue siendo muy frágil y depende de un acceso humanitario y comercial sostenido, amplio y constante”.
La reciente escalada en Oriente Próximo, iniciada por Estados Unidos contra Irán, ha agravado la crisis. Israel cerró todos los pasos fronterizos, bloqueando la entrada de ayuda humanitaria, suministros comerciales y combustible, y limitando las evacuaciones médicas. El precio de los bienes de primera necesidad se disparó, obligando a la población a racionar compras y a enfrentar precios que en algunos casos se duplican.
Claire Nevill, portavoz del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, informó que el 80 % de la población solicita dinero prestado para cubrir sus necesidades alimentarias y que más de la mitad ha agotado sus ahorros, reduciendo la frecuencia de sus comidas. La ayuda internacional, según la agencia, está muy por debajo de lo necesario para evitar retrocesos en los avances logrados tras el alto el fuego.
Además de la escasez alimentaria, Gaza enfrenta problemas sanitarios y de infraestructura. Las plagas de roedores se han convertido en una amenaza en los campamentos de desplazados; la UNRWA ha solicitado urgentemente pesticidas y materiales químicos, pero las autoridades militares israelíes limitan su entrada por considerarlos de doble uso. Asimismo, faltan piezas de repuesto y lubricantes para los escasos vehículos que sirven a las operaciones humanitarias y a los generadores eléctricos, en un territorio que todavía carece de suministro eléctrico estable.
En el plano político, el comité tecnocrático palestino designado por la “Junta de Paz” de Donald Trump para gestionar la vida diaria en Gaza aún no ha ingresado al territorio, dos meses después de su creación. Philippe Lazzarini, comisario general de la UNRWA, denunció que “muy poco se ha implementado respecto al alto el fuego, que parece existir solo en nombre”. Mientras tanto, Hamas mantiene su control sobre el 48 % restante de la Franja, reforzando puestos de control y regulando precios de los bienes de consumo.
Israel, por su parte, ha reinterpretado el acuerdo de alto fuego, exigiendo el desarme total de Hamas como condición indispensable para cualquier avance. Hamas rechaza desarmarse sin garantías de fin de ocupación, argumentando que quedaría indefenso frente a grupos armados respaldados por Israel o a futuras ofensivas del gobierno de Netanyahu.
Las imágenes satelitales analizadas por el diario Haaretz revelan la construcción de una barrera terrestre a lo largo de la “Línea Amarilla”, el establecimiento de nuevos puestos militares avanzados y la ejecución de obras de infraestructura. Además, se han documentado demoliciones, como la explosión de una estación de agua que abastecía a un tercio de los residentes de Rafáh, acompañada de un mensaje sarcástico que alude a “obras de pintura y pequeñas reformas”.

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