Bruna Cusí: Les arrugues majudaran a fer papers més interessants i contradictoris

Bruna Cusí, actriz barcelonesa de 39 años, ha confesado que los últimos días ha vivido bajo una intensa sobreexposición mediática. “Desde que gané el Gaudí con *Frontera* han coincidido varias estrenos y parece que todo se dispara”, comentó en una mañana de marzo mientras tomaba un café en el Putxet. “Es el resultado de dos años de mucho trabajo, no de suerte”.

La primavera ha llegado para la artista como una verdadera ola de éxitos en taquilla. *Balandrau, vent salvatge*, basada en la tragedia de la peor tormenta de nieve del Pirineo, se ha convertido en la tercera mayor recaudación del cine catalán, solo superada por *Alcarràs* y *El 47‑*. Además, Bruna ha participado en dos de las películas más comentadas del último Festival D’A de Barcelona: *Un autre home* y *Pizza Movies*. “Me alegra que en cada proyecto tenga un papel distinto”, añadió.
Proyectos recientes y visión artística
En la nueva película de David Moragas, a quien considera “el Joachim Trier catalán”, Bruna interpreta a Marta, hermana del protagonista. La trama gira en torno al duelo que provoca la muerte por suicidio de su madre, una figura ausente pero omnipresente en la vida de la protagonista. “Trabajar con Moragas me ha permitido explorar con profundidad las relaciones familiares y las estructuras sociales”, explicó la actriz.
Asimismo, participó en la comedia de Carlo Pial, escrita por Desirée De Fez, donde encarna a una irritante terapeuta infantil. “Aunque el papel fue breve –dos días de rodaje–, la película se estrenó en el festival y parece que está en todas partes. Solo espero que el público no se canse de mí”.
En cuanto a su carrera, Bruna subraya que su objetivo es consolidarse y vivir de su oficio. “Entre los 20 y los 30 años hice muchos proyectos de autor por amor al arte. Esa experiencia me ha enseñado a no abandonar los proyectos independientes, aun con presupuestos limitados. No me considero solo una intérprete, soy una creadora que se implica profundamente con sus personajes”.
Respecto a la representación de Barcelona en el cine, la actriz defiende que las historias locales pueden ser universales. “Hay que situar a los personajes en un contexto concreto, con un estatus social determinado. Eso les da autenticidad”.
Bruna también ha abordado la cuestión de la edad y la belleza en la industria. “No recibo papeles por cumplir con un canon de belleza, sino por ser una actriz de fondo. Con los años, las arrugas me permitirán interpretar papeles más profundos y complejos”. Añade que la presión estética es alta, pero que su formación cultural y sus convicciones políticas le impiden sucumbir a los estándares de delgadez extrema que hoy domina la escena.
En noviembre, la actriz protagonizará la serie de HBO *In vitro*, una comedia dramática ambientada en una clínica de reproducción asistida, donde interpretará a una embrióloga. El proyecto, dirigido por Marc Crehuet y con guion de Carmen Marfà, la atrajo por la oportunidad de trabajar nuevamente con Crehuet, con quien compartió set en *Pop ràpid*.
Durante una entrevista en *La Turra* con Alba Riera, Bruna habló abiertamente sobre su experiencia al congelar sus óvulos. “Tengo cuatro óvulos congelados. Cuando tomé la decisión, no me imaginaba ser madre soltera, ni por motivos económicos ni por la falta de una red familiar”. Señala también que la carga de la paternidad está cambiando, y que la corresponsabilidad en el hogar influye en la postergación de la maternidad en su generación.
En *In vitro* vuelve a compartir pantalla con David Verdaguer, su pareja en *Estiu 1993*. Bruna comenta que, a diferencia de hace una década, trabajar juntos le resultó “como volver a casa”. Sobre la igualdad salarial, reconoce que Verdaguer ha tenido una carrera más extensa, pero que en su entorno es posible hablar abiertamente de dinero, un tema aún tabú en la sociedad catalana.
La actriz no escapa a la discusión sobre la precariedad en la industria cinematográfica. “En Cataluña se suele justificar la falta de recursos diciendo que hacemos cine autoral, aunque algunos proyectos con bajo presupuesto tengan gran acogida comercial”. Añade que el verdadero problema radica en la presión de producir en tiempos muy cortos y con extensas jornadas de trabajo.
Comprometida políticamente, Bruna se define como feminista y activista social. “Mi vida es política. Formo parte de una cooperativa de vivienda y lucho contra el turismo masivo y la especulación que empeoran la calidad de vida en Barcelona”.
Finalmente, Bruna reflexionó sobre la fama de su padre, el reconocido actor y doblador Enric Cusí. “Al principio me sentía culpable al recibir nominaciones, como el Goya por *Estiu 1993*, temiendo que le quitara el protagonismo. Después hablamos y comprendí que mi carrera es una extensión de su legado, y que cuento con el apoyo incondicional de mi madre y mis hermanas”.

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