Morir por Ucrania

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha reiterado que Europa no genera temor y que, según fuentes militares, la cuestión no es si estallará una guerra con Rusia, sino cuándo comenzará. En ese sentido, el Palacio del Elíseo ha insinuado que el conflicto podría iniciarse alrededor de 2030, lo que ha impulsado a Francia a lanzar, al igual que Alemania, un proyecto de servicio militar voluntario destinado a crear un clima de apoyo a la defensa entre los jóvenes y a posibilitar su reenganche si la situación se deteriora.

El ambiente en París ya estaba tenso cuando, hace unos días, el jefe de las Fuerzas Armadas, el general Fabien Mandon, declaró: “Francia debe recuperar el espíritu que nos permite estar dispuestos a sufrir… incluso a perder a nuestros hijos, para proteger lo que somos”. La frase ha alimentado el debate sobre la necesidad de reforzar la defensa nacional.

¿Un nuevo reclutamiento obligatorio?

Las encuestas indican que los jóvenes no se muestran entusiasmados con la idea de volver a las filas, aunque crece la percepción de que, obligados u obligados, deberán defenderse de una posible agresión rusa, que ha intensificado sus provocaciones con drones. La opinión pública europea percibe cada vez más el peligro y la necesidad de adoptar medidas, entre ellas la posible reintroducción del servicio militar obligatorio, medida que no entusiasma a la población menor de 30 años ni a las mujeres.

Francia prevé iniciar su programa de servicio voluntario el próximo verano, mientras que Alemania ha fijado su puesta en marcha para julio de 2027. Otros países cercanos a Rusia, como los estados bálticos y Suecia, mantienen aún el servicio militar obligatorio; Bélgica y Polonia lo han relanzado en forma voluntaria, y en este último, desde la invasión de Ucrania, numerosos civiles se están formando en defensa territorial y entrenamiento militar. En España, por el momento, no existe un debate significativo al respecto.

La comparación histórica no pasa desapercibida. La reciente publicación en España de la obra “Historia total de la Segunda Guerra Mundial”, del historiador francés Olivier Wieviorka, recuerda que las democracias de la época tuvieron que transformar a millones de ciudadanos pacíficos en combatientes. Wieviorka cita a un psiquiatra militar norteamericano que afirmaba: “Nuestros hombres, en general, no odian… pero deben odiar, porque así son mejores soldados”. Este paralelismo subraya la tensión entre la paz civil y la preparación para la guerra.

En la era de las redes sociales, el discurso de odio y la glorificación de la violencia se intensifican, atrayendo a algunos jóvenes que buscan pertenencia e identidad a través de símbolos militares. La pregunta que se plantea es si estarán dispuestos a combatir en la primera línea contra un posible avance ruso, o si, por el contrario, seguirán la línea de ciertos sectores de la extrema derecha que ven a Moscú como un aliado nacionalista.

El futuro de la defensa europea está en juego y, según los analistas, la respuesta a estas incógnitas se revelará a lo largo de la próxima década, con la fecha límite de 2030 como punto de referencia para una posible reconfiguración del modelo de servicio militar en el continente.

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