Gary Stevenson: La izquierda tiene un problema en cómo concibe a los hombres jóvenes

Gary Stevenson, de 39 años, nació en Ilford, un barrio obrero del este de Londres cuya silueta se ve dominada por los rascacielos de la City. A los 22 años ingresó en Citibank como trader, gracias a su talento para las matemáticas y a una ambición desmedida. En pocos años se convirtió, según sus propias palabras, en el empleado que más dinero generaba para el banco a nivel mundial, operando en el mercado de divisas.

Sin embargo, a los 27 años su vida dio un vuelco. Tras ser trasladado a Japón, Stevenson se encontró sumido en una depresión profunda y con la intención de forzar su despido. Una noche, mientras cantaba en un karaoke, un veterano japonés de la compañía le explicó que el objetivo del karaoke no era cantar bien, sino que los presentes se divirtieran. Esa reflexión marcó un punto de inflexión: comprendió que el éxito no radicaba en el ego, sino en preocuparse por los demás.

De trader a activista fiscal

Con parte de los ingresos obtenidos apostando contra el colapso del sistema económico global, Stevenson adquirió una vivienda en Limehouse, a escasos metros de la torre de Citigroup, y se instaló en la zona donde había crecido. Desde allí comenzó a impulsar una campaña para subir los impuestos a los más ricos, argumentando que la reducción de la desigualdad es la clave para mejorar el resto de los problemas sociales.

En febrero de 2024 la editorial Penguin lanzó su libro de memorias, El juego del dinero, que rápidamente se convirtió en número uno en el Reino Unido, manteniéndose en la cima durante 11 semanas en 2025 y traduciéndose a 13 países. El libro ha generado una gran expectación mediática y ha sido anunciado para su adaptación cinematográfica. Su canal de YouTube, creado hace cinco años, supera ya los 1,5 millones de suscriptores.

Tras unas vacaciones en Italia, Stevenson canceló el viaje para producir un documental sobre impuestos para Channel 4. A finales de septiembre apareció en el podcast de Zack Polanski, nuevo líder de los Verdes británicos, donde anunció el “fin de una era” y advirtió que la propuesta más ruidosa en la política actual la tiene Nigel Farage y su partido Reform UK.

Stevenson se presenta como una voz emergente dentro de la izquierda, dirigida principalmente a la clase obrera blanca y masculina. Rechaza hablar de temas que considera ajenos a su especialidad, como los derechos trans o la familia real, y se enfoca exclusivamente en la desigualdad económica. En sus propias palabras, “no quiero que mi discurso se diluya; soy el único que trata estos temas con profundidad”.

Su postura le ha generado críticas tanto de la izquierda tradicional como de sectores que comparten sus ideas económicas pero rechazan su acercamiento a públicos que perciben como “machistas, racistas y xenófobos”. Stevenson argumenta que la falta de movilidad social y la creciente frustración masculina son consecuencias directas de un sistema fiscal injusto que premia la herencia sobre el esfuerzo.

En febrero de este año participó en el programa de Piers Morgan, donde debatió con el comentarista conservador Dave Rubin. Stevenson denunció el uso de estereotipos para ridiculizar a activistas de izquierda y defendió la necesidad de que los millonarios paguen más impuestos, alineándose con el grupo “Patriotic Millionaires”, formado por personas adineradas que apoyan una mayor tributación.

Aunque ha recibido el respaldo de Penguin y ha conseguido una amplia difusión mediática, sus intentos de incursionar en la política partidaria han sido menos exitosos. Asegura que el líder laborista Keir Starmer nunca le ha contactado y que, a su juicio, el Partido Laborista está demasiado centrado en la “sensibilidad” para abordar la crisis fiscal.

Stevenson sostiene que la actual política de “crecer, crecer, crecer” es insostenible y que la desigualdad extrema frena la movilización social, impidiendo que el talento se traduzca en oportunidades reales. Para él, la solución pasa por una reforma tributaria que reduzca la brecha entre ricos y pobres y que, a su vez, alivie la presión sobre los hombres jóvenes que se sienten desplazados por un sistema que favorece a los heredados.

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