Fútbol y economía, Zubeldizar y Boterizar
En 1966 el modesto equipo de fútbol Estudiantes de La Plata llegó a la palestra del fútbol argentino bajo la dirección de Osvaldo Zubeldía, marcando una transformación que recuerda a la evolución de la economía colombiana durante los últimos cincuenta años bajo la guía de Rodrigo Botero Montoya. Ambos casos comparten la historia de una entidad pequeña que, en un entorno dominado por los grandes, logró sobresalir mediante una visión sistemática, disciplina y trabajo incansable.
Zubeldía, al asumir como director técnico, declaró: “Cuando llegué al fútbol, todo era improvisación. Lo único que hice fue sistematizar las experiencias recopiladas, trabajar sin descanso, vivir para el fútbol siete días a la semana, exigir y dar el ejemplo todos los días del año, aplicando todo en beneficio de mis jugadores”. Su método no se limitó a una táctica defensiva; instauró un sistema que obligaba al rival a enfrentarse a Estudiantes en todo el terreno de juego, pues sus jugadores estaban presentes en todas partes.
La consagración de ese equipo, escaso en recursos y plantel, quedó inmortalizada por Julio César Pasquato en El Gráfico el 8 de agosto de 1967, describiendo una “nueva mentalidad” basada en juventud, disciplina, dinamismo y un objetivo común. Zubeldía motivó a sus jugadores a demostrar que no existen débiles ni poderosos en el fútbol, y con esa convicción el conjunto conquistó tres Copas Libertadores (1968, 1969 y 1970), la Copa Interamericana y la Copa Intercontinental.
Paralelismos en la economía colombiana
Durante la misma época, la economía de Colombia iniciaba una serie de transformaciones que, al igual que el “zubeldizado” del fútbol, marcarían una profunda reconfiguración estructural. A finales de los años sesenta, figuras como Carlos Lleras Restrepo y Rodrigo Botero Montoya implementaron políticas que estabilizaron el manejo cambiario.
En la década de los setenta, el economista estadounidense Lauchlin Currie impulsó la construcción de viviendas como mecanismo para absorber la mano de obra urbana, dinamizar industrias locales y favorecer a las clases medias y bajas en rápido crecimiento.
Posteriormente, Eduardo del Hierro y Jaime García Parra cambiaron el modelo de concesión petrolera por contratos de asociación, adaptando la industria a la transición de exportador a importador de petróleo durante la crisis energética de 1973‑1974.
En los años ochenta, Rodrigo Botero, Eduardo Wiesner y Jaime García Parra lideraron intentos de liberalización económica y financiera. Una década después, Roberto Junguito, Francisco Ortega, Luis Jorge Garay, Óscar Marulanda y Carlos Caballero rescataron al país de una profunda crisis, encaminándola hacia un largo período de prosperidad sustentado en los sectores del café y el petróleo.
Al cierre de la década, Luis Fernando Alarcón y María Mercedes Cuéllar, inspirados por Botero, fueron pioneros de la liberalización comercial. La agenda de reformas se profundizó bajo el gobierno de César Gaviria, con economistas como Rudolf Hommes, Armando Montenegro y Juan Luis Londoño, junto a Francisco ‘Pacho’ Ortega y Miguel Urrutia, quienes lograron la independencia de la entidad reguladora, generando importantes beneficios para la nación.
En los últimos años del siglo XX y los inicios del XXI, Juan Camilo Restrepo y Juan Manuel Santos, al frente del Ministerio de Hacienda, y el equipo del DNP, implementaron un saneamiento estructural de la economía. Jaime Ruiz y Luis Alberto Moreno diseñaron y pusieron en marcha el Plan Colombia, cuyo impacto positivo se manifestó en la primera década del nuevo siglo.
Posteriormente, Roberto Junguito, Alberto Carrasquilla y Óscar Iván Zuluaga aprovecharon el impulso internacional para consolidar la disciplina fiscal y desarrollar la bonanza petrolera de exportación. Para 2012, la regla fiscal, la reforma de las regalías y la sostenibilidad fiscal consagrada en la Constitución completaron un marco constitucional y legal de prudencia que requirió quince años y cuatro administraciones presidenciales para materializarse.
Sin embargo, en la última década el gasto público se desbordó, duplicándose la deuda y poniendo en riesgo la sostenibilidad fiscal y económica del país. Es preciso retomar la senda de la disciplina y la visión estratégica.
Así como el “zubeldizado” del fútbol y el “boterizado” de la economía han marcado hitos de transformación, una nueva generación de políticos y economistas debe recuperar la pedagogía, la seriedad y la imaginación para cubrir todos los espacios de la cancha productiva, dejar de perder y volver a ganar.

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