Carles Navarro: Si falla la gobernanza, lo ambiental y lo social quedan en promesas vacías

Carles Navarro, presidente del Observatorio del Club de Sostenibilidad, compara la gobernanza (la “G” del ESG) con las convicciones personales: no siempre son visibles, pero son la base que sostiene el comportamiento de una persona y, por extensión, de una empresa. “Si la gobernanza falla, los compromisos medioambientales y sociales se reducen a promesas vacías; si funciona, se convierten en métricas fiables, inversiones disciplinadas, controles internos sólidos y un diálogo genuino con los grupos de interés”, afirma Navarro.
Una buena gobernanza implica que la toma de decisiones, la supervisión, los incentivos y la gestión de riesgos estén integrados en todas las áreas estratégicas. Según Navarro, esto se traduce en menores costes de capital, menos crisis inesperadas, mayor resiliencia y crecimiento sostenible. “Sin una gobernanza adecuada no hay retorno; con ella, las soluciones pueden monetizarse y escalar”.
Claves para una gobernanza ESG eficaz
En la práctica, las empresas que están avanzando en la “G” adoptan medidas concretas:
- Incorporan competencias de impacto climático, inteligencia artificial y cadena de suministro en sus consejos de administración.
- Crean comités específicos de sostenibilidad y riesgos que reportan directamente al consejo.
- Vinculan entre el 20 % y el 30 % del bonus ejecutivo al cumplimiento de metas sostenibles verificables mediante indicadores clave de desempeño (KPI).
- Aplican una doble materialidad: evalúan tanto los impactos ambientales y sociales como los efectos de estos factores en la propia economía de la empresa.
- Refuerzan la diligencia debida en la cadena de proveedores y mejoran la calidad de los datos mediante controles internos y auditorías externas.
- Integran la ética de la inteligencia artificial y la ciberseguridad como riesgos estratégicos, no solo como funciones técnicas.
En España, Navarro observa un rápido cambio de mentalidad que reconoce la gobernanza como el sostén de toda estrategia ESG. Se han ganado avances en la profesionalización de los consejos, mayor presencia femenina, creación de comités de sostenibilidad y preparación para la CSRD (la nueva directiva europea de reporte de sostenibilidad). No obstante, advierte que aún falta acelerar la incorporación de perfiles con experiencia en tecnología, transición energética y riesgos emergentes, y establecer una vinculación real de la compensación variable a objetivos ESG específicos y tangibles.
El regulador europeo impulsa la ambición en la normativa y la convergencia de estándares, pero, según Navarro, “es necesario reforzar la consistencia y profundidad en la ejecución para no quedarnos en un cumplimiento formal, mientras otros gestionan la gobernanza como una ventaja competitiva”.
Para las compañías que logran alinear la “G” con su cultura directiva, el propósito ESG se traduce en decisiones de inversión, procesos revisados con honestidad, transparencia real y corrección ágil de errores. En cambio, aquellas que tratan el ESG como una moda sin ajustar incentivos ni estructuras quedan más vulnerables ante una crisis.

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