El Papa León XIV defiende en Turquía la libertad religiosa y el papel de la mujer: Una sociedad está viva si es plural

El Papa Francisco llegó esta mañana a Ankara, la capital de Turquía, donde se reunió con el presidente Recep Tayyip Erdoğan y pronunció su primer discurso ante las autoridades turcas. En su intervención, el pontífice subrayó la necesidad del diálogo y la construcción de puentes entre ideas y creencias distintas, en sociedades que cada vez se vuelven más polarizadas y fragmentadas por posturas extremas.
Un mensaje de unidad y convivencia
Francisco, que el domingo continuará su visita en Líbano, describió a la humanidad como una “familia” que, pese a sus diferencias, debe convivir en paz. “Una sociedad está viva cuando es plural; son los puentes entre sus diferentes almas los que la convierten en una comunidad civilizada”, afirmó. El Papa señaló que el mensaje tiene varias dimensiones: la convivencia religiosa y política en Turquía, la fragmentación de las iglesias cristianas y el conflicto en Oriente Próximo, donde Turquía ejerce una influencia decisiva.
El pontífice rogó que “Turquía sea un factor de estabilidad y acercamiento entre los pueblos, al servicio de una paz justa y duradera”. Reconoció el papel de Turquía como interlocutor en la crisis de Ucrania y como posible mediador entre Rusia y Occidente. “Hoy más que nunca se necesitan personas que favorezcan el diálogo y lo practiquen con firmeza, voluntad y paciencia”, enfatizó.
Erdoğan, por su parte, condenó nuevamente la situación en Gaza y defendió a Turquía como un país tolerante con todas las religiones. Sin embargo, su discurso también recordó la reciente declaración del 2025 como “Año de la Familia” y la política de regreso a valores tradicionales, tras la retirada de Turquía del Convenio de Estambul sobre violencia de género en 2021.
En respuesta, el Papa destacó el papel de la mujer en la sociedad, señalando que “a través del estudio y la participación activa en la vida profesional, cultural y política, las mujeres se ponen cada vez más al servicio del país y de su influencia positiva en el plano internacional”.
El Papa Francisco visitó una región fundamental en la historia del cristianismo. En la antigua ciudad de Antioquía, los primeros cristianos recibieron por primera vez el nombre de “cristianos”. Asimismo, la zona alberga los ocho concilios ecuménicos, iniciados con el Concilio de Nicea en 325, cuya conmemoración marcó el motivo de la visita.
En la actualidad, los católicos representan apenas el 0,04 % de la población turca, alrededor de 33 000 fieles, según datos de la Santa Sede, sumados a pequeñas comunidades ortodoxas. Los católicos en Turquía están divididos en cuatro ritos —latino, armenio, caldeo y siríaco—, lo que a veces genera tensiones internas.
El vicario apostólico de Estambul, Massimiliano Palinuro, recordó en el periódico “Osservatore Romano” que “no es un idilio; no faltan momentos de tensión”. La comunidad católica persiste a duras penas en un país que, tras la caída del Imperio otomano, se modernizó y adoptó laicismo, pero que en las últimas dos décadas ha experimentado una deriva autoritaria e islamista bajo el liderazgo de Erdoğan.
Frente a este contexto, el Papa insistió en que “el encuentro entre generaciones, tradiciones e ideas diferentes es la base de las grandes civilizaciones, donde el desarrollo y la sabiduría se construyen conjuntamente”. Añadió que “una sociedad como la turca, donde la religión tiene un papel visible, debe honrar la dignidad y la libertad de todos los hijos de Dios: hombres y mujeres, nativos y extranjeros, pobres y ricos”.
El Pontífice concluyó que la fe auténtica y la preocupación por el bien común solo pueden traducirse en beneficios colectivos, y que “en la actualidad esto supone un gran desafío que debe remodelar tanto las políticas locales como las relaciones internacionales”. Reafirmó su apoyo al multilateralismo y al derecho internacional en un momento de intensos conflictos globales dominados por estrategias de poder económico y militar.
En cuanto a la situación de los cristianos en Turquía, el Papa aseguró a Erdoğan que “se sienten parte de la identidad turca y quieren contribuir positivamente a la unidad de su país”. El presidente turco facilitó la visita a la antigua Nicea (actual İznik) y la inauguración de un parque arqueológico que destaca el valor histórico del enclave como atractivo turístico. Además, el Estado turco cubrió los gastos de la misa celebrada en un pabellón deportivo de Estambul.
Una cuestión pendiente sigue siendo la reapertura de la escuela teológica de Halki, cerrada en 1971, que es uno de los principales seminarios ortodoxos griegos y un punto sensible en las relaciones entre Turquía y Grecia. Cuando Erdoğan visitó la Casa Blanca en septiembre, el entonces presidente Donald Trump abordó el tema, y el mandatario turco indicó que “hará lo que corresponda” respecto a su posible reapertura.

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