El arte se cuela en las bibliotecas y nadie lo esperaba

Arte en bibliotecas inesperado

Las bibliotecas y librerías han sido escenarios recurrentes en el cine y el documental, espacios que trascienden su función tradicional para convertirse en símbolos de conocimiento, resistencia, memoria y hasta misterio. Recientemente, los cines Verdi celebraron su centenario con un ciclo dedicado a películas ambientadas en estos recintos del saber, destacando títulos que exploran su dimensión cultural y social. Entre ellos, se incluyó *Ex libris* (2017), el documental de Frederick Wiseman sobre la Biblioteca Pública de Nueva York, un retrato minucioso de su funcionamiento y su papel como servicio público esencial. También se mencionó *The librarians* (Kim A. Snyder, 2025), estrenado por Filmin, un documental impactante que aborda la creciente censura en bibliotecas estadounidenses y el acoso que sufren las bibliotecarias por preservar libros sobre temas como el darwinismo o la diversidad sexual.

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Entre libros y piedras: la biblioteca como ensayo visual

Otros proyectos han ido más allá del registro tradicional para convertir la biblioteca en un territorio poético. El escritor Vicenç Altaió permitió que los cineastas Joan Vall i Karsunke y Laia Requesens grabaran en su biblioteca, aunque se negó a llamarlo documental. “Es un ensayo fílmico y poético”, afirmó. “No es un filme sobre mí, es sobre los libros”. El resultado, titulado *Biblioteca de pedra seca*, hace alusión a la técnica constructiva de los muros de piedra seca, que se sostienen sin argamasa, como metáfora de un orden frágil pero autónomo. Al final del filme, esta comparación cobra fuerza: una biblioteca, como un muro de piedra seca, se mantiene en pie por el equilibrio precario de sus partes. También evoca la imagen de un personaje de *La casa de papel* que construye una cabaña con libros como ladrillos, en la novela de Carlos María Domínguez. Durante el rodaje, amigos del escritor como Albert Serra, Perejaume, Blanca Llum o Miquel Barceló visitaron el lugar, y el artista Frederic Amat pintó en la espalda de Altaió los lomos negros de una biblioteca imaginaria. Vall y Requesens también rodaron, a propuesta de Altaió, un documental con el filósofo y teórico del arte Arnau Puig, en su propia biblioteca, un trabajo de tono testamental.

Puntos Clave
  • Las bibliotecas son representadas en cine y documentales como símbolos de conocimiento, resistencia y memoria
  • Se celebró un ciclo cinematográfico en los cines Verdi sobre películas ambientadas en bibliotecas, incluyendo *Ex libris* de Frederick Wiseman y *The librarians* de Kim A. Snyder
  • El documental *The librarians* aborda la censura en bibliotecas estadounidenses y el acoso a bibliotecarias por defender libros sobre temas como el darwinismo y la diversidad sexual
  • El proyecto *Biblioteca de pedra seca* se presenta como un ensayo fílmico poético que compara una biblioteca con un muro de piedra seca, destacando su frágil pero autónomo equilibrio

El exceso de información y la sabiduría de descartar

Libros y arte en biblioteca
  • Otros documentales exploran la relación entre bibliotecas y el conocimiento en la era digital, como la serie de Jorge Carrión emitida por Caixaforum+.
  • En Filmin está disponible un retrato de la biblioteca de Umberto Eco, un lugar que reflejaba su fascinación por los libros sobre teorías falsas, en línea con su concepción del signo como algo que puede usarse para mentir.
  • Eco dejaba libros sin leer como recordatorios de lo que ignoraba, un estímulo para la curiosidad.
  • Xavier Nueno, en su ensayo *El arte del saber ligero* (Siruela, 2023), recupera a Séneca, quien consideraba que la biblioteca de Alejandría merecía ser quemada por ser un símbolo de poder más que de sabiduría.
  • En el siglo XVIII, Diderot y D’Alembert defendieron en *L’Encyclopédie* la necesidad de resumir el conocimiento esencial y prescindir del resto.
  • D’Alembert calificó la acumulación desmedida de libros como “bibliomanía”, una avaricia que a menudo conduce a atesorar obras de “lerdos”, sugiriendo que bastaría con conservar unas pocas páginas útiles y desechar el resto.

El cine ha tratado las bibliotecas como lugares de encuentro, misterio o incluso peligro. Desde la mágica biblioteca de Hogwarts hasta la trágica biblioteca envenenada de *El nombre de la rosa*, pasando por la sabiduría que rodea a Hipatia en *Ágora*, estos espacios han sido representados como custodios del saber. En *The Brutalist*, el arquitecto László Tóth modifica una biblioteca para proteger los libros del sol, ocultándolos a la vista: una decisión que indigna al dueño, pero que también plantea una reflexión sobre cómo se preservan —y a veces esconden— los libros.

En el cómic *Lo que tu biblioteca dice de ti* (Grant Snider, Garbuix Books, 2022), se representa con ironía una estantería de libros inacabados, donde aparecen títulos como *Ulises*, de Joyce, o *La rebelión de Atlas*, de Ayn Rand. La literatura ha creado también bibliotecas imaginarias fascinantes, como el Cementerio de los Libros Olvidados de Carlos Ruiz Zafón, un mito barcelonés que ha cautivado a lectores y escritores. Otro mito, falso pero persistente, habla de un librero asesino que inspiró incluso a Gustave Flaubert, según una versión “arreglada” por R. Miquel i Planas. Emilio Pascual, en *El gabinete mágico* (Siruela), recopila bibliotecas literarias, como la de Pepe Carvalho, que practicaba la bibliomanía al revés: quemaba los libros, especialmente los de poesía, que según él “ardían mejor”.

Otros ejemplos incluyen la biblioteca del Nautilus en *Veinte mil leguas de viaje submarino*, con estanterías de palisandro negro, o las bibliotecas imaginarias que Mario Satz describe en su libro homónimo (Acantilado, 2022): un monasterio irlandés donde contar los libros trae desgracia, o una biblioteca submarina cuyos libros no tienen forma de libro —“un caracol puede ser un libro”.

Desembalar el saber: Benjamin, Manguel y Calasso

Alberto Manguel y Walter Benjamin escribieron ensayos sobre el acto de desembalar una biblioteca. Benjamin, en su texto publicado por Olañeta, afirmaba que la forma más gloriosa de tener libros es escribirlos, aunque también admitía el placer de no devolver los prestados. En la ópera *Benjamin a Portbou*, de Antoni Ros-Marbà, se evoca su melancolía frente al orden excesivo de las bibliotecas, donde los libros “se amortajan”. Manguel, por su parte, reflexionaba sobre una curiosidad tipográfica: en los libros ingleses e italianos los lomos se leen de arriba abajo, mientras que en alemán o español, de abajo arriba. Roberto Calasso, en *Cómo ordenar una biblioteca* (Anagrama), acepta el caos como inevitable y confiesa una costumbre singular: cubrir sus libros con fundas de papel de seda o pergamino para protegerlos y ocultar su contenido, evitando que los visitantes descubran fácilmente “de qué está hecho el paisaje mental del dueño de casa”.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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