La demolición del restaurante Baobab continúa a pesar de la suspensión cautelar del derribo hace menos de 24 horas

Los vecinos del barrio de Lavapiés se despertaron este martes con la tranquilidad de que, al menos por el momento, se había suspendido la demolición de los edificios 1 y 3 de la calle Cabestreros, donde se encontraba el conocido restaurante senegalés Baobab y donde se pretendía construir un macro‑hostal cápsula.

La paralización anunciada no se ha respetado

El Ayuntamiento de Madrid confirmó ayer la suspensión cautelar tras la denuncia presentada por el grupo socialista a la Fiscalía por “posible delito de daños al patrimonio madrileño”. Sin embargo, a primeras horas de este miércoles, menos de 24 horas después, los trabajos de demolición continuaban. Varios vecinos grabaron vídeos en los que dos operarios retiraban parte del teja del edificio, pese a que la paralización había sido comunicada la tarde del martes.

El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, declaró que “la responsabilidad recae en el propietario” y que las obras se están realizando “de forma ilegal”, pese a la resolución y al decreto de la Agencia General de Patrimonio, que son firmes desde ayer. Según Carabante, la licencia de demolición cuenta con todas las garantías jurídicas y se ha ordenado a la Agencia de Actividades que inspeccione y verifique la detención de las obras. La empresa promotora, sin embargo, no ha respondido a los requerimientos de prensa.

📌 Puntos Clave

  • La suspensión cautelar del derribo del restaurante Baobab fue decretada tras una denuncia del grupo socialista por posible delito contra el patrimonio, pero menos de 24 horas después los operarios continuaron la demolición
  • El delegado de Urbanismo, Borja Carabante, culpó al propietario y calificó las obras como ilegales, pese a que la licencia de demolición cuenta con garantías jurídicas y la Agencia de Patrimonio ordenó detenerlas
  • Los vecinos grabaron videos de la retirada de tejas y alertaron a la Policía y al delegado de urbanismo, temiendo que la lluvia pueda colapsar el edificio y dejarlo en ruina
  • La empresa promotora no ha respondido a los requerimientos de prensa, mientras el portavoz socialista Antonio Giraldo denunció en X que se está ejecutando una demolición ilegal para acelerar la destrucción del inmueble

En la cuenta de X del portavoz de urbanismo del grupo municipal socialista, Antonio Giraldo, se denunció que “se está ejecutando una demolición ilegal” y que el objetivo es “eliminar al menos el teja” para que, “en un par de meses, el agua haga el trabajo sola”. Manolo Osuna, presidente de la Asociación de Vecinos de La Corrala de Lavapiés, expresó su preocupación: “¿Qué pasa si hay lluvias y el edificio se desmorona, quedando declarado en ruina?”. El mismo día, los vecinos aseguraron que habían avisado al delegado de urbanismo y a la Policía de que las obras no se habían detenido.

El grupo socialista argumenta que los edificios son mucho más antiguos de lo que parece y que podrían datar de los siglos XIV al XVII, al presentar una edificación de un solo piso típica de esa época. Según el portavoz de urbanismo, su valor no radica únicamente en la estética, sino en que “representan el caserío tradicional, popular, de las clases humildes y obreras, de las que casi no queda nada en Madrid”. Corresponde ahora a la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid valorar la posible protección de los inmuebles de Cabestreros.

Los dos edificios, situados en la esquina de la plaza Nelson Mandela, no cuentan con protección urbanística. Fueron adquiridos por 3,5 millones de euros por el arquitecto y promotor Javier González, con la intención de construir un hostal cápsula de 288 plazas gestionado por el grupo SmartRental, una de las empresas más activas en la Gran Vía. Ante el inicio de la demolición, los vecinos colocaron carteles en blanco y negro con la imagen de González y mensajes como “Enemigo de Lavapiés. Fuera especuladores de nuestros barrios”.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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