Magos contra la escasez en Cuba: coches a carbón y baños con agua de lluvia

En la pequeña localidad de Aguacate, a una hora y media de La Habana, el calor de la tarde se mezcla con la cotidianidad de sus 6 000 habitantes. Vecinos se acomodan en sillas improvisadas a la vera de la calle, mientras algunos venden piezas de ferretería, tienden ropa en las azoteas o simplemente compran un refresco para combatir el sol. La rutina, sin embargo, cambió cuando llegó Juan Carlos Pino, quien atrajo una curiosa multitud al centro del pueblo.

El coche a carbón que despierta la admiración
Juan Carlos Pino, mecánico autodidacta de 56 años, aparcó frente a la plaza central su antiguo Polski Fiat 126p de 1980, convertido para funcionar con carbón vegetal. El vehículo, apodado “el del Polaquito” por los vecinos, provocó el asombro de una decena de personas que se agolparon alrededor para conocer los detalles del ingenioso proyecto.
Pino explicó que, tras la orden ejecutiva de Donald Trump que bloqueó la llegada de combustible a la isla a finales de enero, decidió “ensuciarme las manos con carbón” y adaptar su coche. El proceso incluyó la construcción de un tanque de propano modificado, sellado con la tapa de un transformador, y la instalación de una jarra de acero inoxidable para almacenar el carbón. Cada puesta en marcha comienza con la carga de pequeñas rocas de carbón en el tanque, su encendido con alcohol y tela, y el uso de una manguera de lavadora para avivar la llama.
El proyecto tomó dos meses y se realizó con chatarra y objetos reciclados, siguiendo tutoriales del ingeniero argentino Edmundo Ramos, quien también logró convertir un automóvil a carbón tras 12 años de pruebas. “No es un coche para quien tiene prisa”, bromea Pino, mientras el orgullo de la comunidad crece cada vez que el motor arranca.
Este no es el único ejemplo de la creatividad cubana frente a la escasez. En La Habana y otras ciudades, los ciudadanos han improvisado sistemas para recolectar agua de lluvia, cocinar con leña y reutilizar baterías de automóviles para iluminar sus hogares. “Somos especialistas en sobrevivir a la escasez”, afirma Nia González Álvarez, directora general de Quitrín, una empresa textil de Centro Habana que ha aprendido a producir con materiales limitados tras el bloqueo petrolero que impidió la llegada de materias primas de China.
Mientras tanto, en el municipio del Cerro, Romina –conocida como Mariana en su relato– lucha por mantener a su hijo de tres años. Tras perder su empleo como administrativa, subsiste mediante la manicura, cobrando 500 pesos (cerca de un euro) por servicio. La escasez de agua ha llevado a su comunidad a protestar en la calle principal con cubetas vacías y troncos para bloquear el tráfico, exigiendo al menos agua para ducharse.
Las protestas no son aisladas. El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) registró 1 245 manifestaciones y expresiones críticas en todo el país durante el último mes, impulsadas por los cortes de electricidad, la falta de agua, la escasez de combustible y el alza de los precios de los alimentos. La llegada, el lunes, de un petrolero ruso con 730 000 barriles de crudo alivió momentáneamente la tensión, pero la entidad prevé que la situación estructural de escasez mantendrá la inquietud en la población.
En el barrio de Miramar, Aurelio Pedroso, un jubilado periodista, muestra su propio invento: una batería de coche conectada a un inversor de corriente y una lámpara de bajo consumo. Cada apagón desencadena el ritual de desconectar los cargadores y montar el sistema improvisado, una escena que, según su esposa Margarita Díaz, “ilumina nuestro día a día”.
Los cubanos, a pesar del agotamiento, siguen improvisando soluciones para sobrevivir. Desde la reutilización de residuos alimentarios hasta la fabricación de ropa con pocos botones y agujas, la creatividad se convierte en una herramienta esencial frente a la crisis.

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