El papa León XIV, en Nicea: retorno al lugar de la invención del cristianismo

El pontífice Jorge Mario Bergoglio, conocido como el Papa Francisco, llegó a Iznik —antigua Nicea— en helicóptero al mediodía del viernes 23 de noviembre, para conmemorar los 1 700 años del Primer Concilio de Nicea. La visita, la primera de un Papa a este sitio histórico, se desarrolló en medio de una atmósfera de oración que resonaba tanto en mezquitas como en la recién restaurada basílica de San Neófitos, del siglo V.

La basílica, que permaneció sumergida bajo las aguas del lago de Iznik durante siglos, fue descubierta mediante imágenes aéreas en 2014. Hoy se sitúa a orillas del lago, accesible mediante una pasarela arqueológica que permite observar sus restos y su planta original.

Un encuentro ecuménico en territorio turco

El Papa celebró una liturgia ecuménica junto a los patriarcas de varias iglesias ortodoxas—exceptuando al patriarca de Moscú, Kirill, cuya ausencia se debió a la tensión provocada por la guerra en Ucrania—y a representantes de comunidades luteranas, metodistas y otras confesiones cristianas. La ceremonia buscó subrayar la unidad cristiana, pese a los cismas que se remontan al Gran Cisma de 1054.

En su homilía, el Santo Padre recordó que el Credo niceno‑constantiniano, formulado el 19 de junio de 325 con apenas dos votos en contra, sigue siendo la base doctrinal compartida por la mayor parte de los cristianos del mundo. “Existe una hermandad universal que trasciende la etnia, la nacionalidad, la religión y la opinión. Las religiones, por su naturaleza, son depositarias de esa verdad y deben animar a los pueblos a reconocerla y vivirla”, afirmó.

Franzó también sobre los peligros de instrumentalizar la fe: “El uso de la religión para justificar la guerra o cualquier forma de fundamentalismo y fanatismo debe ser rechazado con firmeza”. Propuso, en cambio, el “encuentro fraternal, el diálogo y la colaboración” como camino para superar divisiones históricas y actuales.

La visita, que forma parte de la primera gira internacional del Papa en Turquía y que continuará con una parada en Líbano el domingo, ha sido objeto de críticas en algunos medios turcos por la ausencia de referencias a la situación en Gaza.

Iznik, situada a dos horas en coche de Estambul y rodeada de olivares, viñedos y colinas, es un enclave que alberga vestigios de templos dionisíacos, acueductos romanos, restos paleocristianos, ruinas cruzadas y mezquitas otomanas. La basílica emergida de las aguas simboliza la huella cristiana que se consolidó con el Concilio de 325, cuando se definieron los fundamentos de una fe que se expandiría de forma imparable.

El Papa también recordó la importancia de distinguir el núcleo esencial de la fe de las fórmulas y estructuras históricas que la expresan. “Debemos separar la esencia de la fe de los elementos culturales y filosóficos de cada época; las formulaciones son siempre parciales y provisionales”, señaló, subrayando que el Credo niceno sigue siendo un punto de referencia común a pesar de los cismas posteriores.

En una reunión matutina en Estambul, el Santo Padre se encontró con el rabino de la ciudad, reforzando el mensaje de tolerancia y respeto interreligioso que ha caracterizado su pontificado.

Como detalle inesperado, el ex‑terrorista turco Ali Ağca, que intentó asesinar al Papa Juan Paulo II en 1981 y fue liberado en 2010, intentó acercarse al Papa Francisco en Iznik. La policía turca lo detuvo y lo trasladó a Estambul.

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