De Mariupol a prisión rusa 4 años de sufrimiento y una confesión impactante

Prisionero ruso cuenta su historia

La batalla por Mariupol, culminada en mayo de 2022 con la toma de la ciudad por fuerzas rusas, marcó uno de los episodios más crueles del conflicto en Ucrania. Las autoridades locales estiman que más de 20.000 civiles perdieron la vida durante el asedio, mientras que miles de soldados ucranianos fueron capturados. Muchos de ellos permanecieron años en cárceles rusas, algunos aún hoy siguen detenidos. Sin embargo, gracias a sucesivos intercambios de prisioneros, algunos han comenzado a regresar a casa. EL PAÍS ha hablado con dos de ellos, Vasil y Mijailo, liberados el 5 de marzo tras casi cuatro años de cautiverio, quienes relatan experiencias marcadas por el horror, la tortura y el aislamiento extremo.

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El trauma de la rendición y la resistencia agotada

Vasil, un guardia de fronteras de 28 años, fue uno de los defensores de la acería Illich, uno de los últimos reductos ucranianos en Mariupol. Su grupo, integrado por cerca de mil soldados, intentó romper las líneas enemigas entre el 10 y el 11 de abril de 2022, pero fue repelido por fuego de artillería y aviación. “Comprendimos que no podíamos salir. La única opción era rendirnos”, recuerda. La decisión, tomada bajo órdenes directas del presidente Volodímir Zelenski, evitó una masacre, pero abrió una etapa de sufrimiento inimaginable.

Junto con sus compañeros, avanzó hacia posiciones rusas ayudando a los heridos, para ser inmediatamente amarrados, con los ojos vendados y cargados en camiones. Así comenzó un calvario que los llevó por una cadena de centros de detención en territorio ucraniano ocupado y en Rusia. En Olenivka, en la región de Donetsk, fueron hacinados 900 prisioneros en barracones diseñados para 200. Allí, las golpizas eran constantes, la comida escasa y el agua y las condiciones de higiene, mínimas. Dormían en el suelo, sin cobijas, bajo un trato que ambos describen como inhumano.

El infierno en las cárceles rusas

Prisionero ucraniano en cárcel rusa
  • De Olenivka fueron trasladados a Taganrog, en la región rusa de Rostov.
  • Luego, en avión, a Briansk, donde las inspecciones con golpes se volvieron rutina, tanto de día como de noche.
  • Antes de los interrogatorios, eran forzados a memorizar declaraciones bajo amenazas, golpes y descargas eléctricas, a menudo desnudos.
  • Les interrogaban sobre mercenarios extranjeros, el batallón Azov, el fascismo o su participación en la revolución de Maidán.

Vasil pasó casi tres años en una prisión de la región de Tula, donde el aislamiento era total. Solo en 2023 logró contactar brevemente con su madre a través de la aplicación Viber. “Querían acabar con nosotros física y mentalmente”, asegura. Cada noche los despertaban dos veces, obligándolos a permanecer de pie durante horas. Recibió dos cartas justo antes de su liberación, sin previo aviso. Fueron trasladados a Bielorrusia, aliada de Rusia, y desde allí, en autobús, hacia la frontera ucraniana.

Puntos Clave
  • La batalla de Mariupol en 2022 causó más de 20.000 muertes civiles y la captura de miles de soldados ucranianos
  • Dos soldados ucranianos, Vasil y Mijailo, fueron liberados tras casi cuatro años de cautiverio en cárceles rusas y relataron torturas y maltratos
  • Los prisioneros fueron sometidos a condiciones inhumanas en centros de detención como Olenivka, con hacinamiento, falta de alimentos, agua y golpizas constantes
  • La rendición de los defensores de Mariupol fue ordenada por Zelenski para evitar una masacre, pero marcó el inicio de un prolongado sufrimiento en prisión

“Me siento como una piedra”, dice Vasil, con la mirada perdida y voz apagada. Aunque sus familiares lo han visitado, no siente alivio ni emoción. Está en tratamiento con antidepresivos en un centro médico cerca de Kiev, donde se atienden a otros ex prisioneros. Algunos ya caminan con dificultad, otros en silla de ruedas. Artem, un soldado encargado del lugar, reconoce que mientras algunos se recuperan en semanas, otros necesitarán años.

Un marine que sobrevivió a la ratonera

Mijailo, capitán del cuerpo de marines de 46 años, resistió hasta el final en la acería Azovstal, el último bastión de Mariupol. “Era una ratonera. Estábamos rodeados por tierra, mar y aire”, describe. Grabó un video de despedida a su familia, especialmente a sus dos hijas, antes de entregarse con un balazo en el brazo izquierdo. “No sé si saldré vivo. Si algo pasa, por favor, no se olviden de mis hijas”, dijo en ese mensaje, que aún conserva.

Al igual que Vasil, fue sometido a traslados entre centros de detención. En Olenivka, estuvo presente durante el bombardeo del 29 de julio de 2022, que mató a unas cincuenta personas. Aunque su barracón no fue alcanzado, acusa a Rusia de haberlo orquestado como “un acto terrorista”, y denuncia que periodistas rusos llegaron poco después para grabar evidencias manipuladas.

Su cuerpo quedó devastado: pasó de 84 a 59 kilos durante su cautiverio en Kamishin, en la región de Volgogrado. “Nos trataron peor que a animales. Mi cuerpo tenía el color de la berenjena por los golpes”, recuerda. Estuvo aislado del mundo, sin saber si Ucrania seguía existiendo. No tuvo acceso a información real hasta enero de este año, y solo escuchó propaganda rusa.

A pesar de todo, Mijailo se muestra más decidido. “Aprovecharé mi experiencia para enseñar en la Academia de la Guardia Fronteriza”, planea. Con humor negro, incluso agradece las descargas eléctricas que, asegura, reactivaron los nervios de su brazo herido, que ya casi no podía mover. “Quiero que los niños vivan en un país pacífico y que puedan disfrutar de sus nietos”, concluye, con una sonrisa que contrasta con el horror que vivió.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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