Las trad wives mueven millones, pero sus maridos son casi invisibles: En realidad esperan muy poco de ellos

En los últimos años ha surgido en TikTok y otras plataformas el término “trwife”, una abreviatura de “traditional wife” que se refiere a mujeres que, bajo una estética inspirada en la serie “Mad Men”, promueven un modelo de vida centrado en el hogar, la cocina y la apariencia física, mientras supuestamente “sirven” a sus esposos. Según la columnista Mariola Cubells, estas creadoras de contenido podrían estar ganando más que los propios “maridos a los que dicen servir”, pero el verdadero foco del debate no recae en ellas, sino en la invisibilidad de los hombres que aparecen en sus videos.

El papel ausente de los “tr husbands”

Expertas en sociología y cultura digital señalan que los “tr husbands” son presentados como figuras de fondo, casi decorativas, cuya única función es legitimar el estilo de vida que exhiben sus parejas. Sara Petersen, autora de Momfluenced, explica que “cuando los esposos aparecen en las publicaciones, suelen ser una especie de figura benéfica que muestra lo feliz que puede ser el matrimonio tradicional sin robar protagonismo”. Por su parte, Anna North, colaboradora de Vox, subraya que el término “tr husband” lleva comillas precisamente porque su presencia está tan marginalizada que resulta casi invisible.

El sociólogo y sexólogo Erick Pescor Albiach añade que este modelo refuerza un rol patriarcal “desmesuradamente ausente del espacio doméstico”, en el que el hombre se percibe como el proveedor económico pero sin participación real en los cuidados y la vida familiar. Según sus datos, en 2025 el 82 % de las mujeres siguen renunciando parcial o totalmente a su desarrollo profesional para dedicarse a los cuidados domésticos, lo que evidencia una brecha de género aún profunda.

En el caso español, la influencer Rocío López, conocida como “RoRo”, ejemplifica esta dinámica. Con casi cinco millones de seguidores en Instagram, RoRo se hizo conocida por videos de recetas acompañados del lema “El menú que le apetecía a Pablo”, en referencia a su pareja, Pablo Santos. En sus publicaciones, Pablo aparece como un “príncipe” que disfruta de la comida y el deporte, mientras la propia RoRo se muestra como la experta culinaria y estética. A pesar de su enorme popularidad, el propio Pablo apenas supera los dos millones de seguidores, lo que refleja la disparidad de atención entre ambos.

Los críticos del fenómeno advierten que la glorificación de estas relaciones perpetúa una visión negativa del papel masculino. Félix James Miller, copresentador del podcast Truth, Beauty, Comics, afirma que “el movimiento de las esposas tradicionales presenta a los maridos como meros proveedores financieros, desdibujando cualquier dimensión afectiva o colaborativa”. Esta representación, según él, dificulta la construcción de relaciones más equitativas y genera dependencia para ambos géneros.

Asimismo, Inés Echevarría, fundadora de Uttopy y especialista en sensibilización corporativa, señala que el modelo “trwife‑trhusband” es un guion identitario rígido que atrapa a ambas partes. “Lo realmente debilitante no es quién tiene más seguidores, sino que ambos terminan cautivos de roles preestablecidos: él fuerte y ella dedicada, o ella estrella y él accesorio”, comenta.

El debate se ha trasladado también al terreno político, donde la figura de la “trwife” se ha convertido en un punto de contención entre derechas e izquierdas. Mientras algunos sectores conservadores la exaltan como ejemplo de familia tradicional, los movimientos feministas la critican por reforzar estereotipos que limitan la emancipación femenina y perpetúan la carga desproporcionada de los cuidados.

En contraste, en Estados Unidos la invisibilidad de los “tr husbands” es aún mayor. Según el profesor de psicología Andrew Stanaland, de la Universidad de Richmond, “mientras ellos van a trabajar, alguien como Andrew Tate grita y genera controversia; el odio resulta más atractivo para los clics”. Esta diferencia cultural muestra cómo el modelo de pareja tradicional sigue adaptándose a los mecanismos de consumo de contenido digital.

En resumen, aunque las creadoras de contenido que se autodenominan “trwives” parezcan honrar a sus parejas, el discurso que generan a menudo minimiza las expectativas y la participación masculina, consolidando una visión de la masculinidad basada exclusivamente en la provisión económica y la ausencia de cuidados domésticos. La falta de visibilidad y conversación sobre el papel real de los “tr husbands” podría estar impidiendo una reconfiguración más equitativa de los roles de género en la sociedad contemporánea.

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