La fiesta del fin del mundo: el apocalipsis es solo un nuevo comienzo

El nuevo ensayo de la profesora e investigadora menorquina Natalia Castro Picón, La fiesta del fin del mundo. Apocalipsis cultural en el periodo entre crisis (España, 2008‑2023), ha sido galardonado con el Premio Anagrama de Ensayo. Nacida en Menorca y docente en la Universidad de Princeton, Castro Picón combina su faceta de poeta con la de ensayista para ofrecer una lectura rigurosa y elegante de la devastación cultural que ha marcado a España desde la crisis financiera de 2008.
El libro parte de la idea de que la “destrucción apocalíptica” no es solo un hecho material, sino una instancia cultural que genera una poética propia. Según la autora, esta imaginación finmundista no anuncia una suspensión del tiempo, sino que constituye un asidero para transitar la tormenta de crisis y seguir experimentando la realidad, aunque ésta parezca carente de lógica.
Premios y reconocimiento
El ensayo, que surge de la tesis doctoral de Castro Picón, recoge una década de investigación y un amplio abanico de fuentes: documentos históricos, literatura, cine, series y otras manifestaciones culturales producidas entre 2008 y 2023. La autora sostiene que, en este intervalo, la idea del fin del mundo permeó todos los ámbitos –titulares, tertulias, redes sociales, la calle, la cartelera, los bares y las salas de concierto–, creando una constelación de metáforas que los estudios culturales pueden leer e interpretar.
Entre los textos que se analizan destacan Intemperie (2013) de Jesús Carrasco, que abre un panorama de la España rural desolada que Sergio del Molino describiría como “La España vacía”. También se examina La trabajadora (2014) de Elvira Navarro, cuyas caminatas sin rumbo reflejan la enfermedad mental del precario, y Las palmeras (2020) de Jimena Sabu, obra que anticipa la pandemia de COVID‑19 y ejemplifica la “biointertextualidad” acuñada por Germán Labror, es decir, la continuidad entre ficción y experiencia.
El ensayo traza una “catábasis” a los infiernos nacionales, iniciando con el fracasado megaproyecto de los casinos Eurovegas, concebido como oasis anticrisis en los alrededores de Alcorcón. A partir de ahí, la narración recorre no‑lugares hostiles –la meseta castellana, la periferia de los descamps, los suburbios de viviendas en serie– hasta llegar a la “gran Babilonia” de la Puerta del Sol, epicentro de vacíos urbanos y desolación.
En cada etapa se representan los grandes males de la época: la recesión, el despoblamiento rural, la proliferación de casas de apuestas, la precariedad laboral, la crisis de la vivienda, el cambio climático y, por supuesto, la pandemia. Todo ello se enmarca dentro de una reflexión sobre el “tremendismo sociofóbico” y su reverso, el escapismo, a los que la autora confronta mediante una meditación que invita a anclar la mirada en el presente.
En medio de la catástrofe, Castro Picón no pierde de vista el impulso reconstructor. Agrupa en torno al imaginario del agua símbolos como el “mar de plásticos” que cubrió la Puerta del Sol durante el 15‑M, las “mareas ciudadanas” y la “ola feminista”. El epílogo del libro se cierra con la inundación provocada por la DANA de 2024 en Valencia, un evento ocurrido fuera del marco temporal del ensayo que llevó a la autora a reconsiderar sus conclusiones.
Ante la “fase apocalíptica del capital”, la autora plantea una última interrogante: ¿cómo transformar una de las múltiples versiones del fin del mundo en una oportunidad para despertar el deseo colectivo de transformación, evitando que quede a merced de las mismas fuerzas que generaron la catástrofe?

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