Expulsar a tus vecinos puede hacerte rico ¿cómo es posible?

En un barrio de clase media de Barcelona, lejos de los focos mediáticos y sin pretensiones turísticas, rara vez se esperaría ver reflejada la vida cotidiana en una portada de The New York Times. Sin embargo, hace un año, la imagen de un edificio cercano, ejemplo del modernismo de segunda fila, abrió la edición internacional del prestigioso periódico. El motivo: la transformación de Casa Orsola, adquirida por un inversor con un objetivo claro: sacar viviendas del mercado tradicional de alquiler residencial y destinarlas al alquiler turístico, una operación cada vez más común en la Barcelona actual y proyectada hacia el futuro.

Un modelo de expulsión silenciosa
Historicamente, familias locales alquilaban pisos en esta finca para construir sus vidas en la ciudad. Pero el nuevo propietario decidió cambiar por completo el modelo de explotación. Sin renovar contratos, a pesar de las gestiones de los inquilinos, el objetivo era claro: vaciar el edificio de sus vecinos de siempre, reformarlo y reconvertirlo en alojamientos para turistas o viajeros de paso. Esta dinámica, repetida en múltiples inmuebles de la ciudad, ha terminado por expulsar a generaciones enteras de barceloneses, especialmente a la clase media, sin que se sepa bien a dónde van a parar.
La resistencia no se hizo esperar. La capacidad de los vecinos para convertir el caso de Casa Orsola en un símbolo, sumado al apoyo del Sindicato de Inquilinas y a la reactivación del movimiento vecinal, obligó al Ayuntamiento a actuar. Se buscó una solución imaginativa, que podría servir como parche para casos similares: frenar la expulsión sistemática de residentes a favor de un modelo especulativo.
La expansión de un modelo inmobiliario global

En el reportaje firmado por la periodista Liz Alderman, titulado “La ciudad de los hogares perdidos y la esperanza”, se expone otro caso cercano: el de Casa Papallona, también conocida como Casa Fajol. Allí, el fondo inmobiliario New Amsterdam Developers adquirió el edificio con el mismo propósito: desalojar a los inquilinos locales y destinarlo al alquiler temporal, orientado a viajeros de negocios con altos ingresos. La empresa no respondió a las solicitudes de comentarios durante la investigación, aunque meses después, su principal accionista, Paul Petermeijer, sí habló con la prensa de su país. “No retiramos casas del mercado; estamos creando más espacio”, afirmó, en respuesta a las crecientes protestas.
En 2023, New Amsterdam Developers selló una alianza con Enter Coliving, una empresa especializada en otro modelo rentable: fraccionar pisos completos para alquilar habitaciones por días o semanas. En varios casos, el precio de una sola habitación alcanza ya lo que antiguos inquilinos pagaban por todo un apartamento. Con esta estrategia, el fondo holandés ha desarrollado una línea de negocio paralela: comprar edificios, generalmente propiedad de una sola familia, eliminar progresivamente a los inquilinos de renta antigua, subdividir las viviendas y sumarlas a la oferta de coliving, un modelo que excluye por diseño a familias y residentes estables.
Para evadir regulaciones sobre grandes tenedores, la empresa creó una sociedad distinta por cada inmueble, una táctica legal que ha permitido operar al margen de las restricciones municipales. Pero la resistencia vecinal ha ido en aumento.
Un precedente en Gràcia
- En el barrio de Gràcia, otro caso ha replicado lo ocurrido en Casa Orsola.
- Un profesor que vivía de alquiler vio cómo su contrato no fue renovado para forzar su salida.
- La movilización vecinal logró frenar el desahucio este miércoles.
- La protesta recibió incluso el respaldo del presidente de la Generalitat.
La respuesta de Petermeijer no se hizo esperar: ofendido por la oposición, anunció la venta de su empresa por casi 30 millones de euros. Un gesto que muchos interpretan como una retirada estratégica ante la creciente presión social y política en torno a la especulación inmobiliaria en Barcelona.

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