Kaouther ben Hania, la directora que recupera la voz de una niña palestina asesinada por Israel: No hacer nada me convertiría en cómplice

Antes de que terminara la postproducción de “La voz de Hind”, la directora tunecina Kaouther Ben Hania ya recibía miles de correos electrónicos de productores y activistas que cuestionaban la necesidad de filmar la historia de una niña palestina de seis años atrapada en un coche bajo fuego del ejército israelí. Las críticas acusaban al largometraje de antisemitismo, de glamurizar un drama, de apropiarse de tragedias ajenas o de mezclar de forma confusa ficción y documental.
Una respuesta a la censura: “No podía no hacerla”
En una charla celebrada ayer en el festival de Mrid, Ben Hania explicó que su única respuesta a todos esos ataques era una: “No podía no hacerla; me convertiría en cómplice”. La película reproduce los audios originales del llamado de socorro de Hind Rajab, una niña palestina que, el 29 de enero de 2024, quedó atrapada en una estación de servicio del norte de Gaza mientras su familia era aniquilada por disparos israelíes. El filme, que hoy se estrena en salas españolas, muestra la desesperación de la niña y el sonido de los disparos que nunca debieron ocurrir.
“El cine no puede devolver la vida, pero sí preservar la voz y hacerla resonar más allá de las fronteras”, declaró Ben Hania al recibir en septiembre el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, donde la cinta debutó. Según la directora, el acoso del sector filo‑israelí ha disminuido desde entonces.
El apoyo internacional al proyecto ha sido notable. La Mostra de Venecia, personalidades como Joaquín Phoenix, Rooney Mara, Brad Pitt y Alfonso Cuarón (productores ejecutivos) y el gobierno de Túnez, que la envió como candidatura al Oscar, han respaldado la película. Ha cosechado premios de público, incluido el del Zinemaldia de San Sebastián, y la directora comenta que la reacción del público es similar sin importar el país, la cultura o la lengua.
“La voz de Hind” ya se ha proyectado en Palestina, inaugurando el Gaza International Festival for Women’s Cinema en medio de los escombros, y pronto se mostrará en la sede de las Naciones Unidas. La única exhibición que la directora ha descartado es en territorio israelí, decisión que ella misma tomó.
Ben Hania explica que, aunque el cine no cambia el mundo, sí puede ofrecer argumentos que obliguen a la audiencia a salir de su burbuja. “Algunos dicen que la película es demasiado dura, pero no es mi vida; son otras las que la están viviendo”, afirmó. Incluso la madre de Hind, Wissam Hama, aún no ha visto el largometraje, aunque ha logrado salir de Gaza.
El proyecto surgió después de que Ben Hania escuchara los audios de Hind y sintiera una “impotencia” que la impulsó a actuar. Antes de filmar, pidió permiso a la madre, quien le respondió que la voz de su hija debía ser escuchada y no olvidada. La directora rechaza la idea de usar una actriz para recrear las palabras de la niña, pues consideró que ello deshonraría la autenticidad del testimonio. Los sonidos permanecen intactos incluso en las versiones dobladas.
Para evitar la recreación del coche donde Hind se ocultó, la película se centra en la oficina de la Media Luna Roja que logró contactar a la niña por teléfono. Desde esa perspectiva, se muestra la imposibilidad de actuar ante una “maquinaria kafkiana” que convierte una ambulancia que en otros países llega en ocho minutos en una pesadilla en Gaza.
Los ingresos generados por la película se destinan en parte a la organización sanitaria que asistió a Hind y a la familia de la niña. Ben Hania también insistió en trabajar con intérpretes palestinos, cuyas propias experiencias personales enriquecieron la representación sin necesidad de dirección intensiva; el proceso se vivió como una inmersión más que como una actuación.
Ante la negativa de las grandes distribuidoras estadounidenses, la película será distribuida por Willa, una compañía independiente que ya había participado en su producción. Ben Hania señala que gran parte de la crítica busca silenciar una película cuya voz resulta incómoda para algunos.
“La gente podría pensar que es un thriller americano sobre el rescate de una niña, pero es la cruda realidad”, advierte la directora. La película no ofrece finales felices ni soluciones fáciles; al contrario, plantea preguntas sobre la impunidad, la falta de responsabilidad y el futuro de los responsables del asesinato de Hind.
Amnistía Internacional ha recordado recientemente que “Israel sigue cometiendo un genocidio” en Gaza, con violaciones al alto el fuego y más de 70 000 palestinos muertos. La directora, escéptica ante los planes de paz internacionales, concluye que “ni siquiera parar basta” cuando la violencia continúa.

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