El enorme lío de Tarteso y la Atlántida

La cultura tartésica, una de las áreas más fascinantes tanto para la arqueología como para la Historia Antigua, sigue generando intensos debates académicos. La falta de consenso entre ambas disciplinas dificulta la definición precisa de qué fue exactamente Tarteso, su extensión territorial, su cronología y la composición étnica‑cultural de sus pobladores.

Según la cronista del siglo XVI en la “Crónica General de España”, ya se hacía referencia a Tarteso y a su longevo monarca Argantonio, lo que se utilizaba como muestra de la antigüedad y legitimidad de la monarquía española. Ese mismo texto es citado en el artículo “Tarteso: pasado, presente y futuro”, publicado por Esther Rodríguez González, investigadora del Instituto de Arqueología del CSIC‑Junta de Extremadura y codirectora del yacimiento tartésico de El Turuñuelo, considerado la joya de la arqueología nacional.
El origen del debate: Schulten y la Atlántida
Rodríguez relata en la revista *Complutum* que el embrollo comenzó con el arqueólogo alemán Heinrich Schulten (1870‑1960). Incapaz de localizar la ciudad de Tarteso, Schulten sostuvo que había sido “tragada por el mar”, lo que le llevó a identificar Tarteso con la Atlántida descrita por Platón. Esta hipótesis, basada más en la frustración del investigador que en evidencias arqueológicas, alimentó durante décadas una visión mitológica de la cultura.
Schulten también es recordado, aunque erróneamente, por el descubrimiento de Numancia; en realidad, esa atribución corresponde al arqueólogo español Eduardo Saavedra y Moragas, quien la describió en 1861. Además, el alemán trasladó numerosos objetos tartésicos a Alemania sin restitución, y hoy el Museo de Mainz conserva cerca de 500 piezas procedentes de la zona.
“La ausencia de un consenso científico nos ha colocado al borde de distorsionar el significado original de Tarteso, convirtiéndolo en un comodín que se adapta a distintas necesidades”, asegura Rodríguez. Sin embargo, las últimas décadas han visto avances significativos que reactivan el debate y aportan nuevos datos.
Los trabajos de campo en la provincia de Huelva, especialmente en el valle medio del río Guadiamar, han revelado que gran parte de esta zona formó parte de la civilización tartésica. Los hallazgos locales, notablemente bien conservados, están proporcionando información clave sobre la extensión territorial de Tarteso.
Preguntas sin respuesta

- ¿Cuáles fueron los límites geográficos y cronológicos de la cultura tartésica?
- ¿Cuál era la composición étnica y cultural de sus habitantes?
Según la experta, la intensidad del debate ha provocado una “quiebra del diálogo entre la Arqueología y la Historia Antigua”, dos campos esenciales para reconstruir el pasado tartésico.
En los últimos años, la proliferación de autores marginales y pseudohistoriadores ha contribuido a la banalización del término “Tarteso”. Muchos de ellos utilizan títulos y recursos carentes de rigor científico, perpetuando la asociación de Tarteso con la Atlántida, mito que se consolidó tras la frustración de Schulten.
El boletín semanal “Cuatro piedras”, editado por Vicente G. Olaya, incluye este tipo de historias y ofrece a los lectores la posibilidad de suscribirse a la newsletter para seguir de cerca las novedades arqueológicas. Además, el boletín advierte a los suscriptores sobre la limitación de acceso simultáneo a la edición digital, indicando que la cuenta solo puede usarse en un dispositivo a la vez y proporcionando opciones para ampliar la suscripción o gestionar usuarios.

Deja una respuesta