Teresa Nieves-Chinchilla, directora de meteorología espacial de la NASA: El principal riesgo para los astronautas es la radiación

Desde el lanzamiento de Artemis 2, los cuatro astronautas a bordo de la nave Orion viajan a más de 4 000 km/h rumbo a la Luna, en un entorno donde la meteorología terrestre ha dejado de ser relevante. Ahora dependen de la “climatología espacial”, es decir, de la actividad del Sol, cuyo comportamiento impredecible puede generar llamaradas y intensos vientos de partículas que representan una amenaza directa para la tripulación.

Para vigilar esos fenómenos, la NASA cuenta con la oficina de climatología espacial dirigida por la física teórica Teresa Nieves‑Chinchilla, nacida en Alcobendas, a las afueras de Madrid, hace 53 años. Desde el Centro Espacial Goddard, donde lidera a siete analistas, Nieves‑Chinchilla supervisa continuamente las fulguraciones solares y, en caso de detectar eventos peligrosos, envía alertas al equipo de control de la misión en Houston y al médico jefe de Artemis 2, quien monitoriza las dosis de radiación que pueden recibir los astronautas.
Entrevista con Teresa Nieves‑Chinchilla, responsable de climatología espacial de la NASA
¿Cuál es su cometido principal dentro de la NASA?
“Nuestro objetivo es brindar apoyo a cualquier misión en cualquier lugar del Sistema Solar, dondequiera que se encuentre. Somos pioneros en un territorio aún inexplorado, donde los efectos de la meteorología espacial son poco conocidos.”
¿Cómo se puede predecir el tiempo que hará en el espacio?
“Realizamos un seguimiento continuo del Sol en 360 grados, vigilando especialmente las fulguraciones, que son los eventos que generan mayor radiación, así como las eyecciones de masa coronal y los choques de viento solar rápido. Cuando ocurre alguno de estos fenómenos, nuestros modelos calculan los posibles efectos, particularmente la cantidad de radiación que podrían recibir los astronautas de Artemis 2, y enviamos las alertas correspondientes. Complementamos estos cálculos con la red de observatorios terrestres y satélites; actualmente, la misión europea Solar Orbiter es la única que nos permite observar la cara oculta del Sol.”
¿Cuál es el principal riesgo para los astronautas?
“La radiación. Según las dosis estimadas, activamos protocolos de protección que incluyen el uso del refugio interno de la nave Orion, de la misma manera que protegemos a la tripulación de la Estación Espacial Internacional.”
¿Cómo está la situación actualmente?
“Antes del lanzamiento de Artemis 2 se registró uno de los eventos de partículas energéticas más intensos de la última década. Afortunadamente, no alcanzó el umbral que exigiría una alerta a la tripulación. Es posible que se presenten eventos similares en los próximos diez días, pero la probabilidad es baja. Detectamos regiones activas con una antelación de aproximadamente cuatro días y estamos listos al 100 % para cualquier eventualidad.”
¿El servicio colabora con otros países?
“Somos una entidad estatal de EE. UU., pero colaboramos estrechamente con la comunidad científica internacional, sobre todo con el equipo europeo de la misión Solar Orbiter. Los científicos responsables de cada instrumento de la sonda comparten sus datos en tiempo real para mejorar nuestras predicciones en todo el Sistema Solar.”
¿Qué peligros presenta el futuro aterrizaje en la Luna y la creación de colonias habitables?
“Nos adentramos en entornos nunca antes habitados por humanos. Necesitamos comprender, por ejemplo, cómo reacciona la superficie lunar bajo distintas condiciones meteorológicas espaciales. En Artemis 2 la misión dura diez días, pero en Artemis 4 (prevista para 2028) los astronautas descenderán a la Luna para instalar infraestructura. Allí estarán expuestos a condiciones drásticas: ausencia de atmósfera, carga eléctrica en ruedas de vehículos y eventos de ionización que aún desconocemos. Es fundamental investigar estos fenómenos para diseñar protocolos de operación y alertas adecuados.”
¿Qué retos enfrentará la misión a Marte?
“En Marte la atmósfera es muy tenue y las tormentas de polvo pueden ser impredecibles, complicando la navegación y la seguridad de los astronautas. Además, la meteorología espacial puede ionizar el polvo, aumentando su peligrosidad. Aún estamos desarrollando la tecnología y el conocimiento necesario para enfrentar estos desafíos.”
¿Qué se necesita para mejorar las predicciones meteorológicas actuales?
“Datos en tiempo real. La NASA publica la mayoría de sus datos de forma abierta, pero en ocasiones incluso misiones estadounidenses no proporcionan información en tiempo real, lo que retrasa nuestras evaluaciones. No requerimos datos perfectamente depurados; basta con que nos permitan entender el entorno de la nave. También necesitamos una nueva sonda lunar que monitoree continuamente la zona que se extiende desde unos 40 km de altura hasta la superficie, para obtener una visión completa de la atmósfera extremadamente tenue de la Luna.”
¿Qué consejo daría a los estudiantes universitarios que serán los futuros ingenieros y científicos de la exploración humana?
“Aprendan mucho, rápido y con curiosidad. La próxima etapa de la humanidad será apasionante y requerirá mentes ágiles y comprometidas con la exploración.”

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