Arizmendiarrieta y la empresa humanista

Este año se conmemora el Arizmendiarrietaren Urtea, el “Año de la Empresa Humanista”, en el que se recuerda el 50.º aniversario del fallecimiento de José María Arizmendiarrieta, sacerdote, ideólogo y motor de la Experiencia Cooperativa de Mondragón, una de las historias empresariales más emblemáticas del País Vasco y del mundo.

Arizmendiarrieta, quien falleció en 1974, dejó como herencia una red de cooperativas que, en 2024, facturaron más de 14.300 millones de euros y emplearon a cerca de 87.000 personas en los cinco continentes. Los tres grupos cooperativos y las cooperativas individuales surgidos bajo su impulso siguen siendo un modelo de éxito económico y social que combina competitividad con valores humanistas.
El legado de Arizmendiarrieta y la Experiencia Mondragón
Para Arizmendiarrieta el cooperativismo no era una mera forma jurídica, sino una expresión del humanismo cristiano: igualdad de dignidad, prioridad del bien común, desarrollo integral del trabajador y participación real en la gestión y en los resultados de la empresa. Su pragmatismo se resumía en la frase “el ideal es hacer el bien que se puede, no el que se sueña”, y supo traducir esos principios en una estructura empresarial que ha perdurado más de seis décadas.
Este enfoque lo convierte en precursor de lo que hoy se denomina “empresa humanista”, un concepto que, lejos de ser un oxímoron, se vuelve cada vez más necesario frente a los retos que plantea la digitalización y la inteligencia artificial. La automatización exige que las organizaciones potencien las cualidades humanas –creatividad, empatía, juicio ético– para seguir siendo competitivas.
La tendencia se confirma en el comportamiento de los nuevos profesionales, que, además de buscar buenas condiciones salariales, exigen un propósito y un sentido a su trabajo. La generación que ha crecido en la era de Internet valora la colaboración y la reputación, y está dispuesta a elegir empleadores que demuestren un compromiso auténtico con la sociedad.
Incluso en Estados Unidos, donde tradicionalmente el modelo empresarial se ha centrado en el beneficio individual, expertos en management insisten en que la sostenibilidad a largo plazo requiere generar valor social además de económico. Este planteamiento encuentra apoyo en investigaciones de la Universidad de Harvard, el INSEAD y la experiencia de destacados CEOs.
Gary Hamel, catedrático de Harvard y autor de Humanocracia, acuña el término “humanocracia” para describir organizaciones que, en lugar de la burocracia tradicional, ponen el desarrollo de las potencialidades humanas en el centro de su estrategia. Según Hamel, solo el 20 % de los profesionales se siente verdaderamente implicado con los objetivos de su empresa, y el empoderamiento es el factor que más correlaciona con el compromiso y el rendimiento.
Frederic Laloux, en Reinventar las organizaciones, propone un modelo basado en la autogestión, la plenitud de las personas y un propósito evolutivo, argumentando que la supervivencia de empresas y de la propia especie depende de elevar la conciencia colectiva y crear nuevas formas de colaboración.
Paul Polman, ex‑CEO de Unilever, relata en Impacto positivo cómo un cambio cultural orientado a la sostenibilidad permitió a la compañía aumentar los rendimientos de sus accionistas en un 290 % y ser reconocida durante seis años consecutivos como la empresa más sostenible del mundo y uno de los mejores lugares para trabajar.
Claves de la empresa humanista

- Propósito claro y compartido: un objetivo que trasciende el beneficio económico y se alinea con el bien común.
- Participación activa: involucrar a los empleados en la toma de decisiones y en la distribución de resultados.
- Desarrollo integral: fomentar la formación, la salud y el bienestar de las personas.
- Responsabilidad social: comprometerse con la comunidad y el entorno donde opera la empresa.
- Sostenibilidad económica: garantizar la viabilidad financiera sin sacrificar los valores humanos.
En el País Vasco, el llamado “Modelo Inclusivo Participativo de Empresa”, aprobado por unanimidad en los Parlamentos de Navarra y del País Vasco en 2018 y desarrollado en colaboración con Euskalit, constituye una hoja de ruta práctica para materializar la visión humanista que Arizmendiarrieta defendía. Este modelo establece un marco de gestión que armoniza la eficiencia empresarial con la dignidad y el desarrollo de las personas.
Juan Manuel Sinde, presidente de la Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa y socio colaborador de Laboral Kutxa, destaca que la conmemoración del Arizmendiarrietaren Urtea es una oportunidad para revitalizar el discurso del humanismo empresarial y para inspirar a nuevas generaciones a construir organizaciones que, como la Experiencia Mondragón, demuestren que la rentabilidad y el compromiso social pueden ir de la mano.

Deja una respuesta