Pedro Plaza revela cómo sobrevivió en Venezuela como en un videojuego extremo

En marzo de 2020, sin presagiar el impacto global de la pandemia, el escritor venezolano Pedro Plaza Salvati, nacido en Caracas en 1967 y residente en Barcelona, viajó a su país para visitar a su familia. Lo que debía ser una estancia breve se transformó en un año y medio de confinamiento forzoso: los vuelos internacionales fueron suspendidos, se decretó el aislamiento social y las fronteras cerradas. Ese período de espera prolongada, marcado por la incertidumbre, las restricciones militares y la precariedad cotidiana, dio origen a su más reciente obra: *La vida interrumpida*, una colección de crónicas que acaba de publicarse.

Un retrato en movimiento de una ciudad en crisis
El libro reconstruye la experiencia de un regreso inesperadamente extendido, donde la caminata se convierte en acto de observación y resistencia. Plaza Salvati describe una Caracas sometida a una lenta descomposición: calles vacías, árboles asfixiados por el concreto, barrios populares en precario equilibrio, grafitis con los ojos de Hugo Chávez en cada esquina y militares distribuidos como piezas en un tablero sin juego claro. Su mirada, entre la familiaridad y el asombro, registra los detalles mínimos que revelan el estado de un país en entropía. “En la basura venezolana se consigue el testimonio de la entropía del país”, dice, al recordar objetos encontrados en la calle: desde tarjetas de clubes de lectura neoyorquinos hasta invitaciones a bodas de opositores políticos.
La obra evita referencias explícitas a la política, pero todo lo sugiere. A través de escenas cotidianas —colas para comprar alimentos, dificultades para cambiar moneda o acceder a servicios básicos—, el autor construye una narrativa donde la opresión del sistema se manifiesta en la burocracia absurda y en la militarización del espacio público. “Lograr las cosas más sencillas es una especie de empresa”, reflexiona, y en ese esfuerzo cotidiano se forja una épica silenciosa.
La escritura como testimonio

- Diariamente, Plaza Salvati caminaba sin rumbo fijo, fotografiaba, anotaba y luego procesaba sus observaciones.
- Se inspiró en Walter Benjamin, cuya idea de la mirada del forastero le permitió captar lo invisible para los habituados.
- El libro no fue planeado; surgió de la contingencia, como los textos que nacen de situaciones extremas.
Uno de los momentos más intensos del libro es el relato de la muerte de su hermano, un episodio que decidió profundizar tras la sugerencia del escritor Antonio Muñoz Molina, quien prologa la obra. Aunque desconfía de la literatura que explota el dolor personal, consideró necesario dejar un testimonio íntimo que también reflejara la experiencia colectiva de pérdida y resistencia.
Venezuela hoy: entre la esperanza y la cautela
Respecto al futuro del país, Plaza Salvati se muestra esperanzado. El 3 de enero, fecha que menciona como un punto de inflexión, lo compara con alguien que abre la puerta de una celda: un gesto que, por pequeño que parezca, adquiere un valor inmenso. Cree posible un retorno a la democracia, aunque no inmediato, y ve con atención el rol de Estados Unidos en el escenario venezolano. Si bien antes le preocupaba la influencia de países como Cuba, Irán o Rusia, ahora espera que la presencia estadounidense, aunque invasiva, impulse una reconstrucción económica similar al Plan Marshall.
No confía plenamente en la figura de Donald Trump, conocido por sus relaciones con regímenes autoritarios, pero apoya el plan de tres fases propuesto por Marco Rubio, que apunta hacia una transición democrática. Sobre María Corina Machado, destaca su liderazgo firme y su lucha constante por la democracia, y considera que su amplia aceptación pública podría traducirse en un cambio político real, siempre que se garanticen elecciones libres.
*La vida interrumpida* no es solo el registro de un confinamiento, sino una crónica de un país detenido en el tiempo, visto desde los pasos de un escritor que camina entre ruinas, buscando pistas del pasado y señales de futuro.

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