La película prohibida de Spielberg que inspiró Harry Potter y aterrorizó niños

Mientras los acordes de la elegante partitura de Bruce Broughton acompañaban los créditos finales de *El secreto de la pirámide*, el público que se quedó en la sala fue recompensado con una escena inesperada: un carruaje avanzaba sobre la nieve hasta detenerse frente a un hotel. Dentro viajaba un misterioso pasajero cuyo rostro no se revelaba hasta que, al registrarse, dejaba constancia de su identidad: Moriarty. Aquella breve aparición, casi un guiño para los seguidores de Arthur Conan Doyle, sugería un giro mayúsculo: el archienemigo de Sherlock Holmes no solo había sobrevivido, sino que estaba destinado a convertirse en su futura pesadilla. Sin embargo, la mitad del público ya había abandonado la sala. "Mucha gente no se quedó a ver los créditos", admitió años después Nicholas Rowe, protagonista de la cinta, en una entrevista con *The Telegraph*. "Y es una escena muy divertida". Cuatro décadas después, con el estreno de la película en plataformas como Netflix, la historia se repite: la impaciencia ante la cuenta regresiva digital sigue robándole protagonismo a uno de los momentos más ingeniosos del filme.

Un giro inesperado que marcó el género
La aparición de Moriarty en los créditos no fue solo un truco narrativo, sino una innovación para su tiempo. En la década de 1980, las escenas postcréditos eran una rareza, casi un premio para los espectadores más pacientes, y rara vez afectaban al desarrollo de la trama. En *El secreto de la pirámide*, sin embargo, ese instante final tenía un peso decisivo: sentaba las bases de una posible saga cinematográfica. Pero el plan no prosperó. A pesar de contar con el respaldo de nombres como Steven Spielberg como productor ejecutivo y Chris Columbus como guionista, la película apenas recaudó 70 millones de dólares en todo el mundo, lejos de los 18 millones de presupuesto, lo que frustró cualquier posibilidad de secuelas. "Teníamos un posible contrato para tres películas", recordó Rowe. "Estaban esperando a ver cómo le iba a la primera".
Pionera en efectos digitales y narrativa juvenil

- Fue la primera película en incluir un personaje generado completamente por ordenador: un caballero medieval que emerge de una vidriera para atacar. Aunque la escena duraba apenas medio minuto, su elaboración tomó seis meses.
- El equipo técnico contó con la participación de John Lasseter, futuro pionero de Pixar, lo que convierte a la cinta en un hito temprano en la animación digital.
- Además de los efectos digitales, la película combinó técnicas tradicionales como el stop motion y el uso de marionetas, especialmente en la icónica escena en la que unos pastelitos encantados atacan a Watson.
Dirigida por Barry Levinson, la película fue una apuesta arriesgada: una exploración de la juventud de Sherlock Holmes, con Watson como narrador, ambientada en la ficticia Escuela Brompton, un colegio masculino victoriano. La trama gira en torno a una secta dedicada al culto de Osiris que busca vengarse de un grupo de británicos que profanaron las tumbas de cinco princesas egipcias años atrás. Si bien el enfoque toca temas como el colonialismo, el tono general evita profundizar en ellos, priorizando una historia de misterio, acción y algo de terror gótico.
Entre la fidelidad y la invención
Chris Columbus, responsable del guion, no buscaba repetir los tópicos del Holmes adulto. Su interés radicaba en explorar el origen emocional del personaje: "Lo que más me importaba era por qué Holmes se volvió tan frío y calculador, y por qué estuvo solo el resto de su vida", reveló. En esta versión, el joven Holmes conoce el amor —encarnado por Elizabeth, interpretada por Sophie Ward—, pero un trauma derivado de los eventos de la película lo transforma en el detective distante y racional que todos conocen. Para mantener un aire canónico, se incluyeron elementos icónicos como la gorra de cazador, la pipa, el violín, la capa Inverness y hasta la célebre frase "Elemental, querido Watson", que, aunque nunca apareció en los textos originales de Conan Doyle, ya formaba parte del imaginario popular gracias a las adaptaciones de Basil Rathbone.
La elección del reparto también fue clave. Nicholas Rowe, seleccionado entre once mil aspirantes (entre ellos un joven Hugh Grant), encarnó a un Holmes alto, esbelto y arrogante, mientras que Alan Cox —hijo del actor Brian Cox— dio vida a un Watson delgado que tuvo que usar prótesis para parecer más robusto, como exigía el personaje. Durante el rodaje, Cox creció considerablemente, por lo que en las últimas escenas aparece sentado o en plano lejano para mantener la coherencia visual.
Una influencia inadvertida en Harry Potter
A pesar de su escaso impacto comercial, *El secreto de la pirámide* ha ganado relevancia con el paso del tiempo, especialmente por las similitudes que muchos espectadores han encontrado con el universo de *Harry Potter*. Tres jóvenes en un colegio interno británico, un rival petulante de pelo rubio (Draco Malfoy, ¿quizás?), un profesor excéntrico y misterioso, pasadizos secretos, competencias de esgrima en lugar de Quidditch, e incluso un personaje con una herida facial que no cicatriza: los paralelismos son notorios. Columbus, quien más tarde dirigiría *Harry Potter y la piedra filosofal*, reconoció en una entrevista con la BBC que su trabajo en *El secreto de la pirámide* sentó ciertas bases visuales y narrativas para la saga de J.K. Rowling. "Fue, en cierto modo, un precedente", admitió.
No hay evidencia de que Rowling haya visto la película, pero la posibilidad de que alguna imagen quedara grabada en su subconsciente no resulta descabellada. Lo que sí es claro es que, aunque *El secreto de la pirámide* no logró el reconocimiento inmediato de otras películas de Spielberg como *Gremlins* o *Los Goonies*, su legado perdura. No como un éxito taquillero, sino como una obra singular: oscura, ambiciosa, técnica y narrativamente innovadora, que trató a los jóvenes no como espectadores pasivos, sino como protagonistas de una historia con consecuencias reales. Una película que, al igual que su Moriarty final, nunca desapareció del todo: simplemente esperó a que el mundo estuviera listo para verla de nuevo.

Deja una respuesta