Mujeres Fiestas y Secretos de una Tradición que Nadie Te Contó

En Sagunto, la prohibición de que las mujeres carguen los pasos en las procesiones ha reabierto un debate sobre la persistencia de prácticas excluyentes bajo el pretexto de la tradición. Esta negativa, lejos de ser un hecho aislado, encuentra eco en otros contextos como el caso de la Gaita de Cervera, donde el folclore se ha convertido en un espacio vetado a las mujeres. En ambos ejemplos, lo que se presenta como preservación cultural termina reproduciendo una división de género obsoleta, en la que las mujeres quedan relegadas a funciones invisibles: cuidar, mantener y sostener las tradiciones, sin acceder al reconocimiento ni a la participación activa en su representación pública.

Tradición y exclusión
Este fenómeno evidencia cómo ciertas prácticas arraigadas instrumentalizan la identidad cultural para justificar la desigualdad. Las mujeres, aunque fundamentales en la transmisión y conservación del patrimonio inmaterial, rara vez son visibilizadas como portadoras activas de esa herencia. Su papel se limita a lo doméstico o lo auxiliar, mientras los actos simbólicos de liderazgo y representación se reservan a los hombres. Se espera de ellas que mantengan la “trición” sin poder encarnarla. Esta contradicción pone en evidencia la necesidad de repensar qué entendemos por tradición y cómo esta debe evolucionar para ser inclusiva, sin perder su esencia.
Frente a este retroceso simbólico, crece una exigencia social por democratizar las expresiones culturales, reconociendo que la modernidad no está reñida con la raíz popular, sino con su apropiación excluyente.

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