Quim Gutiérrez destapa la verdad incómoda sobre actores y vida personal

Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha dormido bien. Su hijo lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, y tuvo que pasar horas “cazando” arañas que solo existían en la imaginación del pequeño. A pesar del cansancio, el actor mantiene una presencia serena. “Es lo bueno de ser actor: se nos da bien interpretar papeles”, bromea. Con más de tres décadas en la industria, su trayectoria comenzó a los 12 años en la exitosa serie *Poblenou*, y a los 25 ya sostenía un Goya a mejor actor revelación por su papel en *AzulOscuroCasiNegro*. Ahora, a punto de cumplir 45, estrena su primera película con Pedro Almodóvar: *Amarga Navid*, un hito que califica como uno de los mejores regalos de cumpleaños que un intérprete podría recibir.

El estreno como “chico Almodóvar”
“Ser un ‘chico Almodóvar’ es algo que cuesta asimilar con naturalidad”, reconoce Gutiérrez. “Hay una mitología alrededor de Pedro, de sus estrenos, de los premios, de sus elecciones de reparto… Una película suya nunca es un proyecto más. Es el escaparate más grande que puede existir en el cine español. No hay nada que lo iguale”.
El proceso de selección fue tan misterioso como revelador. Recibió la llamada para una prueba sin saber de qué se trataba, aunque la discreción ya le hizo sospechar. Meses después, confirmaron que era para Almodóvar. La primera reunión con el director fue, según describe, “apabullante”. Optó por escuchar más que hablar. “Pedro tiene una forma de conversar tan rica, tan llena de referencias. Hablamos de Emmanuel Carrère, de escritores que convierten su vida en ficción. Justo uno de los ejes de la película: hasta dónde puedes usar la realidad para construir una historia, y dónde están los límites”.
El actor admite que, aunque como intérprete no ha usado experiencias personales directamente en sus personajes, en las promociones sí lo hace. “Hoy no se te pide solo hablar de la película, sino de tu vida. Y además, de forma graciosa, ingeniosa, casi como un monologuista. Cuando llevas muchos años, el material propio se agota y empiezas a reciclar anécdotas ajenas. La promoción se ha convertido en un trabajo paralelo, muchas veces más exigente que el rodaje”.
Redes, privacidad y resistencia al ruido

- La industria cada vez valora más el número de seguidores que la capacidad interpretativa.
- Gutiérrez reconoce estar en redes sociales “a la fuerza”, como parte de una exigencia profesional.
- Confiesa que está considerando pasar a un “dumb phone” para desconectarse.
- En su casa rige una política de cero teléfonos: los smartphones se guardan y no se usan en espacios comunes.
“Las redes me llevan a un sitio que no me gusta. Te alejan de lo terrenal, de lo físico, de lo real. Me alegra que la madurez y la paternidad me estén guiando hacia una vida más anclada. Las redes tienen efectos devastadores en el cerebro, y eso ya está demostrado”.
Sobre su relación con la prensa del corazón, Gutiérrez es tajante. Aunque ha sido figura recurrente en portadas, niega haber aceptado jamás lucrarse con su vida privada. “¿Si me propusieron hacer un posado? No. Siempre dejé claro que no me interesa. He tenido enfrentamientos puntuales con ciertos medios. Y sí, todavía me persiguen. Hace dos veranos, publicaron un vídeo mío con mi pareja y mi hijo en la playa. No volví a colaborar con esa revista. Hace años también sacaron fotos mías desnudo. Demandé y gané. No lo hice público entonces, pero ahora puedo decirlo: gané. Hay una diferencia abismal entre informar sobre un caso de corrupción y espiar a un actor en la playa. No es lo mismo, ni tiene el mismo valor informativo”.
Sobre si eso es lo peor de su profesión, responde con equilibrio: “Es una de las partes más difíciles, pero también necesaria. Haces un trabajo que interesa al público, y eso conlleva cierta exposición”.
Entre Almodóvar y el cine popular
Con *Amarga Navid* compitiendo en cartelera con títulos como *Torrente*, Gutiérrez no duda al expresar sus preferencias: “Me alegra que la gente vaya al cine, pero ese tipo de películas no es lo que me atrae”.
Y tras trabajar con el director manchego, ¿qué sigue? “Todos nos lo preguntamos al salir del rodaje: ¿le habré caído bien a Pedro?”, bromea. “Intento ser cauto, pero claro, uno tiene sueños de grandeza. Y por qué no repetir con él”.

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