Por qué escribimos Jameneí y no como crees

Las decisiones lingüísticas en el periodismo no son casuales, sino fruto de criterios redaccionales rigurosos que buscan precisión, coherencia y fidelidad al sentido original de los términos. En este contexto, el uso de ciertas palabras o acentos en los textos ha generado dudas entre lectores, que en algunos casos interpretan como errores lo que en realidad responde a decisiones editoriales fundamentadas.

La importancia del acento y el origen de los nombres
Una de las consultas más frecuentes ha sido sobre la forma en que se escribe y pronuncia el apellido del líder supremo de Irán, Jameneí. Sonia Mallón se pregunta por qué se acentúa la "í" final, rompiendo lo que en español sería un diptongo. La respuesta se encuentra en la fonética del persa, idioma en el que las palabras suelen ser agudas. Ali Falahi, periodista iraní en el exilio, explica que la pronunciación correcta es Jamene-í, con acento en la última vocal. Dado que no siempre es posible consultar directamente con las personas que portan estos nombres, el criterio del periódico es transcribirlos al castellano respetando su sonido original en persa.
Este mismo criterio se aplica a otros apellidos iraníes, como el de Ali Lariyaní, fallecido recientemente. El sufijo "-í" indica origen geográfico: Lariyán es una región en el norte de Irán, y el apellido señala que la familia proviene de allí. La misma lógica se usa con Jameneh, localidad en la provincia de Azerbaiyán oriental. Esta regla onomástica es coherente con el enfoque del manual de estilo, que prioriza la exactitud lingüística y cultural por encima de convenciones automáticas en la transcripción.
¿Defensa o Guerra? La disputa sobre el nombre del departamento estadounidense

Otro debate ha surgido en torno al nombre del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Varios lectores, como Carlos Serrano-Conde y Daniel Aláez, señalan que el presidente Donald Trump ha propuesto rebautizarlo como Departamento de Guerra, y consideran que mantener el término "Defensa" podría suavizar la naturaleza belicista de la política exterior de su administración.
Sin embargo, esta elección no obedece a inercia ni a complacencia. Iker Seisdedos, corresponsal jefe en Estados Unidos, aclara que la decisión editorial es consciente: el cambio de nombre no ha sido aprobado por el Congreso, única institución con facultad para hacerlo. Por tanto, el periódico se atiene al nombre oficial vigente. Esta postura se alinea con medios como *The New York Times*, *The Washington Post* y la agencia AP, que también mantienen la denominación original.
Seisdedos subraya que esta decisión no busca edulcorar el discurso de Trump, sino precisamente lo contrario: llamar a las cosas por su nombre. En reportajes específicos, cuando se aborda la retórica belicista del secretario de Defensa Pete Hegseth, se menciona expresamente el intento de rebautizar el departamento, destacando así su orientación ofensiva y su ruptura con el equilibrio de poderes. El nombre "Defensa", instaurado tras la Segunda Guerra Mundial, reflejaba una política de protección nacional más que de expansión militar. Hoy, ese matiz adquiere un nuevo valor crítico.
La trampa de las traducciones literales
La precisión también es clave al traducir expresiones coloquiales, especialmente cuando provienen de líderes como Trump. El término "loser", utilizado por el expresidente para referirse a España, fue inicialmente traducido como "perdedor". Sin embargo, varios lectores, como Miguel de la Rubia, han señalado que esta traducción no captura el matiz despectivo del original. "Loser" en inglés tiene una carga peyorativa más intensa, cercana a "fracaso", "patético" o "mediocre".
Ante esta observación, el equipo editorial ha ajustado su enfoque. Seisdedos confirma que ahora se opta por "fracaso" en contextos donde se busca transmitir el tono insultante de la frase. Este cambio refleja la necesidad de ir más allá de la traducción literal y atender al contexto pragmático y emocional del lenguaje.
El impacto de la inteligencia artificial en las traducciones
- La velocidad de las comunicaciones globales ha impulsado el uso de herramientas de IA para traducir discursos de líderes en tiempo real.
- Estas herramientas, aunque útiles, cometen errores frecuentes: escuchan mal, traducen de forma literal o usan falsos amigos lingüísticos.
- La ex corresponsal en Berlín Elena Sevillano advierte sobre el riesgo de fiabilidad en estas traducciones automáticas.
- Recomienda extremar la prudencia y no basar reportajes en versiones generadas por IA sin verificación humana.
La tecnología, por más avanzada que sea, no sustituye el juicio lingüístico ni el conocimiento cultural del periodista. En un entorno informativo cada vez más acelerado, mantener el rigor en la palabra sigue siendo una obligación periodística fundamental.

Deja una respuesta