Benita Castejón revela el shock de ser mujer tras su transición

Benita Castejón after transition

Benita Castejón, de 62 años, recibe temprano en la mañana en El Templo del Maestro Joao, su tienda de esoterismo y consultorio de tarot en un barrio popular de Málaga aún resistente a la gentrificación. El local, amplio y lleno hasta los topes, desborda anaqueles con aceites esenciales, amuletos y objetos rituales. En las paredes, varios retratos enmarcados muestran a Benita antes de su transición, cuando aún era conocido como Joao. Ella los mantiene a la vista, sin rechazo ni nostalgia: “En esas fotos yo veo a Benita con el pelo corto. No veo otra cosa”.

Habla en una habitación trasera, aún más saturada de objetos mágicos, iluminada solo por una vela LED. Su voz es hipnótica, su rostro, de rasgos pulidos por cirugías, imposible de ignorar. Hace pocos meses se sometió a una mamoplastia, una vaginoplastia y otras intervenciones para completar su transición de género. A sus 62 años, Benita irradia una energía intensa, mezcla de euforia y agotamiento extremo.

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Una vida en múltiples versiones

“¿Cuántas vidas has vivido a tus 62 años?”, se le pregunta. “62”, responde. “He vivido muchísimas vidas, y muy diferentes”, continúa. La infancia, el camarero, el peluquero con tres premios nacionales, el transformista desde los 13 años, el estudiante de acupuntura, el vidente televisivo. Cada etapa le ha dejado un conocimiento profundo de mundos diversos, de personas, de luchas.

Su debut en el transformismo fue a punto de cumplir los 14. A los 15 o 16, la quisieron contratar en una sala bajo el teatro Calderón, pero necesitaba la patente fiscal artística. Como menor, requería autorización paterna. “Falsifiqué la firma de mi padre porque tenía que autorizar un adulto”, confiesa. Lo hizo por necesidad económica, sí, pero sobre todo por la fantasía: “Por los focos, por el maquillaje, por sentirme quien yo quería ser”.

¿Y quién quería ser? “Pues Rocío Jurado, Marilyn Monroe… las mujeres de las que me disfrazaba. Pero no: yo me disfrazaba de mujer, pero era mentira. La que vivía disfrazada era yo cuando era camarero, peluquero, el maestro Joao”.

El camino hacia sí misma

Benita Castejón after transition
  • Benita supo desde siempre que era una mujer por dentro, pero en aquella época no había caminos visibles.
  • Descubrió que, en su contexto, la única forma de vivir como mujer era mediante la prostitución, un destino que rechazó conscientemente.
  • “Sabía qué tipo de mujer no quería ser”, dice, refiriéndose a aquellas que, por falta de apoyo familiar, terminaban en las calles, víctimas de violencia y exclusión.
  • Su madre, Benita, fue su pilar. A ella le debe su nombre, su fuerza, su sentido del deber. “Mi madre jamás me hubiera echado de casa. Yo pensaba en su sufrimiento. No quería causarle dolor”.
  • Anunció su transición antes de que su madre falleciera, a los 93 años. “Quería que lo supiera, pero también que no tuviera que enfrentar comentarios incómodos. Su felicidad estaba por encima de la mía”.

El padre, barrendero y enfermo, murió cuando ella tenía 17. “Fue mi madre la que llevó adelante a los cinco hijos, trabajando en casas ajenas sin pensión, sin nada. Me decía que le habían robado un niño y una niña en la maternidad. Ya de mayor, yo le decía: ‘No llores, mamá. Yo soy ese niño y esa niña a la vez’”.

Puntos Clave
  • Benita Castejón, a sus 62 años, completa su transición de género con mamoplastia, vaginoplastia y otras cirugías
  • Mantiene fotos de su vida anterior sin rechazo ni nostalgia, afirmando que siempre ha sido Benita
  • Comenzó su vida artística como transformista a los 13 años, falsificando la firma de su padre para trabajar
  • Ha vivido múltiples etapas: infancia, camarero, peluquero premiado, transformista, estudiante de acupuntura y vidente televisivo

El precio de la transformación

La transición, acelerada en sus últimos años, ha sido intensa. A los 60 comenzó la hormonación, un proceso que le provocó un vuelco emocional profundo: llantos inesperados, enfados, una sensibilidad extrema. “Mis amigas me decían: ahora ya sabes lo que tenemos nosotras”.

Las operaciones fueron aún más complejas. Se sometió a procedimientos que normalmente se hacen en varias fases, en una sola intervención y en su versión más ambiciosa. “Me dijeron que podía morir. Dije: ‘adelante, si me muero, moriré feliz’”.

Su miedo no era la muerte, sino dejar solo a Toni, su amigo, representante y sostén emocional. “Él ha dejado la vida por mí desde el minuto uno. Yo siempre me he puesto la última. Pero ahora me toca a mí, como en la canción de Bebe. Aunque me da pudor. Si puedo hacer que alguien lo disfrute conmigo, me siento justificada”.

Frente al rechazo y las etiquetas

  • Rechaza las etiquetas: “Solo me gustan en la ropa, para ver el precio. Yo soy yo, bonita”.
  • Defiende su derecho a exhibir sus fotos anteriores: “No son fichas policiales. Son parte de mi paso”.
  • Frente a las feministas que dicen que personas como ella “borran” a las mujeres, responde con tristeza: “El peor enemigo de la mujer es la mujer. ¿Quiénes están expuestas? Las transexuales. Los transexuales masculinos no tienen visibilidad”.
  • Los insultos en redes (“es un puto tío”) no la ofenden: “Me da pena su limitación mental. Yo he visto cómo trataban a personas negras, a gente con síndrome de Down. Y mira ahora”.

En redes, es activa y clara en su apoyo al Gobierno y al presidente. “Tengo a mi madre presente. Ella decía que votar era como ir de boda. Mi padre fue fusilado sin juicio. No me voy a callar”.

El amor, el trabajo y el tarot

Ha amado con locura, siempre para toda la vida. “Luego, ya, dura lo que dura. Y he sufrido mucho: por desamores, por pérdidas. Una pareja mía falleció en mi adolescencia. Sigo enamorada”.

Nunca tuvo una pareja que no fuera heterosexual. En todos los casos, fue la primera relación del otro con alguien de su sexo. Rompió con su pareja al iniciar la transición, aunque esta persona, tras resistencias iniciales, volvió a su lado años después. “Me han preguntado si me operé por darle gusto. Rompimos después. No tuvo nada que ver. Lo hice por mí”.

Respecto a su trabajo como vidente: “El tarot es un acto de fe, como la Iglesia. La gente viene porque cree. Yo cobro lo mismo que en 2018, cuando salí en televisión. Emito ticket con IVA, declaro todo. Lo puedo demostrar”.

No se operó en la sanidad pública por cuestiones de tiempo. “La sanidad pública es un tesoro. Es buenísima, pero no podía esperar. Pero no es gratis: la pagamos todos con impuestos. Nada lo es”.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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