Tres cuentos que contó antes de morir fusilado por Franco

Antes de que el pintor Lorenzo Aguirre fuera ejecutado en la cárcel madrileña de Porlier la mañana del 27 de octubre de 1942, antes de que intentara calmar a su verdugo con palabras de perdón y compasión, antes de que el régimen franquista ordenara borrar su nombre de la Enciclopedia Espasa-Calpe para sepultarlo en el olvido, el artista vivió uno de los momentos más conmovedores de su vida. Condenado a muerte por auxilio a la rebelión, perseguido por comunista y masón, el hombre de 57 años, calvo y de espíritu afable, decidió despedirse de sus tres hijas —de 7, 9 y 11 años— desde la frialdad de su celda. A su esposa, Paquita, ya le había dicho adiós por carta.

Los cuentos de una despedida
No supo cómo decir adiós a unas niñas que, desesperadas, se habían arrodillado ante Carmencita Franco, la hija del dictador, el día de su santo, suplicando clemencia para su padre. Entonces, eligió el lenguaje que mejor conocía: el arte. Escribió, dibujó y pintó en acuarela tres cuentos, uno para cada hija. “La cucarachita presumida”, dedicado a Margarita, era una parábola sobre la vanidad y la venganza, con un mensaje claro: hay que ayudar incluso a quienes nos han hecho daño. “Marimiaumiaumiau y Marrañauñauñau”, para Jesusa, hablaba de la fuerza de los pequeños cuando se unen para vencer al poderoso. Y “La ranita mágica”, para la pequeña Paca, contaba la historia de un amor imposible que se vuelve real gracias a la voluntad, con un príncipe cuyo nombre homenajeaba al escritor Blasco Ibáñez, amigo de Aguirre.
Estos cuentos, inéditos durante más de ocho décadas, están a punto de ver la luz gracias al editor valenciano José Camarillas, quien los recuperó con la ayuda de una hija y un nieto del artista. Ahora, a través de una campaña de micromecenazgo, se busca reunir 7.000 euros para publicarlos en un álbum en tapa dura bajo el título *La cucarachita presumida y otros cuentos de Porlier* (Llibres de l’Encobert). La edición incluirá también una investigación que reconstruye la vida de Aguirre y revela irregularidades en su juicio, que lo condenó sin pruebas sólidas.
Un legado de dignidad y amor

- Según Camarillas, los cuentos son una forma de carta de despedida, un legado ético y emocional: “No tengáis rencor; estudiad mucho; ayudad a los demás, especialmente a los más débiles”.
- Este mensaje de perdón y justicia, presente también en las cartas de otras víctimas del franquismo, forma parte de un patrimonio afectivo que Camarillas ya exploró en su libro *Las cartas de la memoria*, donde recopiló despedidas escritas por ejecutados y las respuestas de sus familiares décadas después.
Lorenzo Aguirre no fue solo un artista. Fue escenógrafo, ilustrador, cartelista, letrista, paisajista y caricaturista, con obras en el Reina Sofía y más de un centenar custodiadas en el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante. También fue policía: director de la Escuela de Policía y jefe superior en Madrid durante la República. Su lealtad al gobierno legítimo lo convirtió en blanco del franquismo, que lo acusó falsamente de estar detrás del asesinato de José Calvo Sotelo en 1936. Sin embargo, la investigación de Camarillas desmonta esa acusación: halló documentación que evidencia contradicciones en los testimonios de los implicados, especialmente del escolta de Calvo Sotelo y del diputado tradicionalista Joaquín Bau.
Tras el exilio en Francia, Aguirre regresó a España en 1940, temiendo la ocupación nazi. Fue detenido, torturado y encarcelado. Dos años después, fue ajusticiado. La logia masónica que lo conocía lo describió como un hombre de ideas democráticas, culto, honrado y de buen trato familiar. Nada de eso importó para el régimen.
Quien recibió “La ranita mágica” no podía imaginar que ella misma se convertiría en una de las grandes voces de la poesía española. Francisca Aguirre, la pequeña Paca, escribió versos marcados por la pérdida, la memoria y la angustia de la infancia. Su obra fue recogida en *Ensayo general. Poesía reunida 1966-2017* y recibió los más altos reconocimientos literarios del país. En su poema *Memoria arrodillada*, escribió: “Detrás del tiempo siempre hay otra historia, una historia que fue y no fue, como en los cuentos infantiles”. Como en los cuentos que su padre le dejó antes de morir.
Hoy, esos cuentos salen del silencio. No solo como obras de arte, sino como actos de resistencia, amor y dignidad. Un padre que, en sus últimas horas, eligió sembrar esperanza en lugar de odio.

Deja una respuesta