¿Por qué no teletrabajamos todos los empleados de oficina?

La crisis climática se agrava cada año y, entre las medidas más evidentes para mitigar su impacto, se encuentra la reducción de emisiones derivadas del transporte. Vaciar los accesos a las ciudades donde se concentran los empleos es una de esas acciones: cada vez más personas tardan más tiempo en llegar a sus puestos de trabajo, lo que se suma a una mayor densidad de empleo en esas áreas y a una crisis global de acceso a la vivienda que obliga a muchos a vivir más lejos de la oficina. Al mismo tiempo, la calidad de las conexiones a internet mejora y un número creciente de procesos se vuelve automatizable.

Ante la mayor factibilidad de trabajar desde casa y la clara preferencia de los trabajadores por esta modalidad, surge la pregunta: ¿por qué el teletrabajo no se ha convertido en la norma en las oficinas? En España, al menos un día a la semana teletrabaja uno de cada seis empleados, lo que equivale al 15,4 % de la fuerza laboral. Desde la pandemia, cuando parecía que el teletrabajo se impondría sin retorno, esa cifra se ha estancado. En Europa la situación es similar, aunque la media se sitúa en el 22,6 %, con mayor presencia en países con economías más tecnológicas y de mayor valor añadido, como los Países Bajos, que lidera el ranking.

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Datos del Instituto Nacional de Estadística

Según datos públicos publicados en noviembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 31 % de los ocupados considera que su puesto es teletrabalable, pero solo la mitad de ellos lo realiza total o parcialmente. En términos absolutos, alrededor de 3,4 millones de empleos podrían desarrollarse al menos parte de la jornada en casa y, sin embargo, no lo hacen ni un día.

Principales obstáculos al teletrabajo

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  • Cultura paternalista y presentismo: La profesora de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, Mar Sabell, atribuye gran parte de la resistencia a una “cultura paternalista” que genera desconfianza: “Si no veo lo que está haciendo el trabajador, no estoy seguro de que realmente esté trabajando”.
  • Falta de autonomía y cambio organizativo: Para superar esta dinámica, es necesario que las empresas adopten modelos de trabajo por objetivos y tareas, en lugar de medir el desempeño por horas. El responsable de Digitalización de UGT, José Varela, enfatiza que la organización por resultados facilita la autonomía y la colaboración remota.
  • Resistencia de la capa intermedia: Varela señala que los mandos intermedios suelen oponerse al teletrabajo porque perciben una pérdida de control sobre sus equipos.
  • Preocupaciones sobre productividad: Algunos empleadores temen que la productividad disminuya sin supervisión directa, aunque los datos indican que los trabajadores improductivos en casa también lo son en la oficina.
  • Visión del teletrabajo como “derecho”: El jurista Jorge Rábanos advierte que concebir el teletrabajo como un derecho, en vez de como un modelo organizativo, dificulta su integración y reduce la percepción de los beneficios empresariales, como ahorro de costes de espacio, ampliación del pool de talento y mayor fidelización.
  • Impacto de la normativa: Tanto Sabell como Rábanos critican la legislación actual, aprobada en 2021, por estar orientada principalmente a grandes empresas y no considerar adecuadamente a las pymes, lo que limita su aplicación progresiva.

El rechazo al teletrabajo también se ha observado en grandes compañías tecnológicas estadounidenses. Aunque figuras como Elon Musk (Tesla y X) y Jeff Bezos (Amazon) se han manifestado en contra de la modalidad, el economista Nicholas Bloom, de la Universidad de Stanford, matiza que la mayoría de las empresas del sector prevé que sus empleados trabajen en casa uno o dos días a la semana.

El argumento de que la innovación se resiente sin el contacto presencial es recurrente. El jurista Rábanos defiende el modelo híbrido, con dos o tres días de teletrabajo semanales, para mantener la sensación de pertenencia y evitar que el trabajador remoto se perciba como un subcontratista.

La científica social y filósofa alemana Lisa Herzog plantea que las redes de reconocimiento entre compañeros son más difíciles de mantener en entornos exclusivamente remotos, lo que refuerza la necesidad de interacción presencial.

Desde la perspectiva de los empleados, el teletrabajo es altamente valorado. Un informe de InfoJobs muestra que el 43 % de la plantilla cambiaría de empleo si se les retirara la posibilidad de teletrabajar, mientras que el mismo porcentaje de empresas considera que el modelo “complica la coordinación”. Los teletrabajadores califican su experiencia con un 8,9 sobre 10, y el 51 % otorga la máxima puntuación.

Los beneficios empresariales citados incluyen la reducción de costes inmobiliarios (espacios más pequeños y “sillas calientes” que se turnan), la ampliación del talento disponible al eliminar barreras geográficas y la mejora de la retención al ofrecer una mejor conciliación al eliminar los desplazamientos.

No obstante, también existen desafíos para las compañías: inversión en equipos informáticos, supervisión de la salud laboral en el hogar, dificultades en la formación de jóvenes y la sospecha de que algunos empleados rinden menos sin supervisión directa.

En conclusión, mientras persista la resistencia cultural, la falta de métricas de productividad que demuestren la equivalencia entre trabajo presencial y remoto, y la normativa poco adaptada a la realidad de las pymes, el teletrabajo no experimentará un crecimiento significativo a medio plazo en España. Sin embargo, expertos como José Varela mantienen una visión optimista y comparan el potencial de España con el de Malta, donde la proporción de teletrabajo supera el 25 %. Según esa proyección, España podría elevar su tasa del 15 % actual a alrededor del 26 %.

📌 Puntos Clave

  • La crisis climática impulsa la necesidad de reducir emisiones del transporte y descongestionar accesos urbanos 
  •  En España solo el 15,4 % de los empleados teletrabaja al menos un día a la semana, mientras que en Europa la media es del 22,6 % 
  •  El 31 % de los ocupados considera su puesto teletrabalable, pero solo la mitad lo practica, dejando unos 3,4 millones de empleos potencialmente remotos sin aprovechar 
  •  Los principales obstáculos son una cultura paternalista y de presentismo que genera desconfianza en el teletrabajo.
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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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