Historia de una maestra: ¿Quién le teme a un pueblo educado?

“Historia de una maestra”, la novela emblemática de Josefina Aldecoa, vuelve a los escenarios con una puesta en escena que amplía su alcance original. La obra narra la trayectoria de Gabriela, una joven profesora que, en la segunda mitad de los años veinte, intenta llevar a la práctica un proyecto educativo igualitario inspirado en las reformas que la Segunda República impulsó a partir de 1931, con la creación de 6 000 escuelas destinadas a niños y niñas de obreros, mineros y campesinos.

Una puesta en escena ambiciosa

Tras la aclamada adaptación unipersonal de Paula Llorens en Valencia, el Centro Dramático Nacional presenta una versión mucho más extensa, escrita por Aurora Parrilla y dirigida por Raquel Alarcón. El montaje, que se estrena en el Teatro Valle‑Inclán y permanecerá en cartel hasta el 11 de enero de 2026, cuenta con un elenco de once actores y una escenografía de gran formato que transforma continuamente el espacio para recrear los distintos destinos que la trama asigna a la maestra.

Una de las novedades más llamativas es la incorporación de Josefina Aldecoa como personaje, interpretada por Manuela Velasco. La autora aparece como observadora silenciosa, vestida con una blusa blanca y pantalón rojo que la diferencia del resto del reparto. Esta figura, ausente del libro, actúa como testigo de los acontecimientos y, en ocasiones, mantiene diálogos con su hija Gabriela, lo que algunos críticos consideran una distracción que enfría el ritmo narrativo.

La versión escénica amplía los episodios más recordados del relato: el traslado de Gabriela a la colonia española de Fernando Poo, su paso por pueblos de montaña azotados por la nieve, y su participación en los acontecimientos de la revolución de octubre de 1934 en el norte minero. Sin embargo, la adaptación introduce algunos cambios menores, añadiendo detalles románticos y citas de intelectuales de la época que no aparecen en el texto original.

En cuanto a la interpretación, la protagonista Julia Rubio ofrece una actuación comprometida, aunque algunos observadores sugieren que un arco dramático más amplio habría potenciado su desarrollo. La producción también destaca por las destacadas intervenciones de Ainhoa Santamaría y María Ramos, que aportan fuerza al conjunto y han sido especialmente apreciadas por el público docente que asistió a la función.

Aunque la presencia de la autora en el escenario genera cierta distancia y la abundancia de referencias históricas puede resultar excesiva, la puesta en escena logra conectar con la audiencia y renovar el interés por una obra que sigue resonando en la actualidad. “Historia de una maestra” vuelve así a confirmar su vigencia como testimonio de la lucha por una educación más justa y accesible.

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