Trump sostiene que Europa se enfrenta a la desaparición de su civilización

La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos, publicada en la madrugada del viernes en la península ibérica, se ha convertido en uno de los textos más comentados desde el inicio de la segunda administración de Donald Trump. Firmado por el propio presidente, el documento de 33 páginas establece las prioridades de política exterior y repasa los intereses estadounidenses en el mundo.

En el apartado dedicado a Europa, el texto menciona los “problemas económicos” del continente, pero subraya que estos quedan “eclipsados” por una preocupación mayor: la posible desaparición de la civilización occidental en los próximos veinte años o menos. Ante esa perspectiva, el documento advierte que no está garantizado que “ciertos países europeos sigan teniendo economías y ejércitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables” de Washington. “Nuestro objetivo debe ser ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual”, se lee en la estrategia.

Principales amenazas señaladas para Europa

El informe identifica varios factores como responsables de la supuesta decadencia:

  • La Unión Europea y otros organismos transnacionales que, según el texto, socavan la libertad política y la soberanía.
  • Las políticas migratorias que “están transformando el continente y creando conflictos”.
  • La censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política.
  • La caída de las tasas de natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en los propios países.

El documento, que tradicionalmente se publica al inicio de una nueva administración, se diferencia por la dureza de su retórica, que no se limita a Europa. En la sección dedicada a América Latina, bajo la denominación de “Hemisferio Occidental”, el texto anuncia la reactivación de la Doctrina Monroe en una versión “Trump” para restablecer la preeminencia estadounidense.

En cuanto a la relación con Rusia, la estrategia la describe como una “falta de confianza” y plantea la necesidad de “restablecer la estabilidad” tanto interna como en la política exterior, incluida la postura frente al conflicto en Ucrania, donde se afirma que la administración de Trump discrepa con “expectativas poco realistas” de los funcionarios europeos.

El documento también insta a los países europeos a asumir “la responsabilidad principal de su propia defensa”, una referencia directa a la presión de Washington para que los miembros de la OTAN aumenten su gasto militar al 5 % del PIB, y a abandonar la idea de una OTAN “en constante expansión”.

Los partidos de ultraderecha europeos aparecen en la estrategia como potenciales aliados. El texto menciona que “EE.UU. alienta a sus aliados políticos en Europa a promover un renacimiento del espíritu occidental” y señala que la creciente influencia de formaciones patrióticas “da motivos para un gran optimismo”.

En la sección de política interna, la estrategia se declara una hoja de ruta para mantener a Estados Unidos como “la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad”. Se reitera el lema “America First” y se enumeran varias metas:

  • Poner fin a la “era de la migración masiva”.
  • Garantizar la “protección de los derechos y libertades fundamentales” de los ciudadanos estadounidenses.
  • Redistribuir las cargas geopolíticas, pues “los días en que EE.UU. sostenía el orden mundial como Atlas han terminado”.
  • Lograr “paz a través de la fuerza”, impulsar la “seguridad económica” y fomentar un “comercio equilibrado” mediante aranceles.
  • Asegurar el acceso a suministros críticos, siguiendo la idea de que “EE.UU. nunca debe depender de ninguna potencia externa para sus necesidades básicas”.

Sobre Oriente Próximo, la estrategia afirma que “los días en que la región dominaba la política exterior estadounidense han quedado atrás”, no porque haya perdido importancia, sino porque ya no representa la “constante molestia” que antes se percibía.

En África, el documento propone abandonar la “promoción de la ideología liberal” y pasar a una relación basada en “intereses comerciales mutuamente beneficiosos”, pasando de un paradigma de ayuda exterior a uno de inversión y desarrollo que aproveche los recursos naturales del continente.

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