La creciente popularidad de la princesa Aiko reabre el debate sobre la sucesión imperial masculina en Japón

La princesa Aiko, única hija del emperador Naruhito y de la emperatriz Masako, celebró este lunes su vigésimo cuarto cumpleaños. Su creciente popularidad y su presencia cada vez más frecuente en actos oficiales han reavivado el debate sobre la posibilidad de que una mujer herede el trono en un país que, a pesar de su tradición milenaria, está experimentando cambios sociales significativos.

El tema cobra especial relevancia en Japón, que hace apenas un mes rompió una barrera de género al nombrar a Sanae Takaichi la primera mujer en encabezar el Gobierno. Aunque la propia primera ministra ha manifestado reservas respecto a modificar la ley sálica que regula la sucesión imperial, diversas encuestas indican un amplio respaldo ciudadano a la idea de que la princesa Aiko, o cualquier otra mujer, pueda ser la heredera al trono.
Opiniones de expertos y panorama político
Según Makoto Okawa, profesor de Historia en la Universidad de Chuo, la normativa que rige la Casa Imperial está establecida por la Ley de la Casa Imperial de 1947. “En teoría, enmendarla es más sencillo que reformar la Constitución, pues basta con un proyecto de ley presentado por el Gobierno o por los miembros de la Dieta y su aprobación por mayoría simple en ambas cámaras”, explica el académico.
No obstante, Okawa advierte que cualquier cambio que afecte a la institución imperial “requiere un amplio consenso nacional”. Señala que, aunque la mayoría de la población se muestra a favor, el proceso debe pasar por deliberaciones de expertos, negociaciones bipartidistas y la creación de una comisión especial en la Dieta.
El profesor Hideya Kawanishi, de la Universidad de Nagoya, añade que la oposición conservadora “tiende a sostener que el emperador, como símbolo de la nación, debe ser un hombre”. Para él, la incorporación de una emperatriz podría ser un paso decisivo hacia la igualdad de género y acercar a Japón a los estándares de sociedades europeas en materia de derechos de la mujer.
En el actual Congreso, la coalición liderada por el Partido Liberal Democrático (PLD) y respaldada por el Partido de la Innovación muestra poca disposición a impulsar la reforma. Okawa considera “casi imposible” que la legislación cambie bajo el gobierno actual y sugiere que sería necesario un giro político, quizás con un futuro gobierno liderado por partidos de la oposición como el Partido Democrático Constitucional.
Las encuestas reflejan este apoyo popular. Un sondeo publicado en mayo por el diario *Mainichi Shimbun* muestra que el 70 % de los encuestados aprueba que las mujeres puedan heredar el trono, mientras que una encuesta de la agencia Kyodo en 2024 eleva esa cifra al 90 %.
El debate sucesorio ha ganado fuerza también a la luz de la escasez de herederos varones. El príncipe Hisahito, de 19 años, es el único varón de la generación más joven de la familia imperial y, por tanto, el principal garante de la continuidad de la línea masculina.
La situación familiar del emperador Naruhito también influye en la discusión. Con 65 años, el monarca solo cuenta con la princesa Aiko como descendiente directa. Sus otros posibles sucesores son su hermano menor, el príncipe Fumihito (60 años), y su tío, el príncipe Hitachi (90 años).
Históricamente, Japón ha tenido varias emperatrices. Entre los siglos VI y VIII, seis mujeres accedieron al trono, y ocho en total a lo largo de diez dinastías imperiales. La última fue la emperatriz Go‑Sakuramachi, que reinó entre 1762 y 1771.
En 2005 una comisión de expertos recomendó permitir la sucesión femenina y eliminar la restricción de la línea masculina. Tres años atrás, otro panel propuso que las princesas conservaran su título y sus funciones públicas al contraer matrimonio fuera de la familia imperial, aunque mantuvo la prohibición de la sucesión femenina hasta que el príncipe Hisahito fuera emperador.
En 2024 el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) instó a Japón a revisar sus normas sucesorias, generando un intenso debate en los medios y la sociedad.
La princesa Aiko ha consolidado su imagen pública gracias a una agenda de actividades oficiales y filantrópicas. Tras graduarse de la Universidad Gakushuin, donde estudió junto a otros miembros de la familia real, ha participado en labores de la Cruz Roja japonesa y ha acompañado al emperador en ceremonias conmemorativas, como la visita a Okinawa para honrar a los fallecidos de la Segunda Guerra Mundial y la ofrenda floral en Nagasaki a las víctimas de la bomba atómica. En noviembre realizó su primer viaje oficial en solitario a Laos.
La presión por producir herederos varones también ha afectado a la emperatriz Masako. La ex‑diplomática, formadora en Harvard, sufrió una depresión profunda que la mantuvo recluida en el palacio durante más de una década, en parte debido a la expectativa de engendrar un hijo varón.
En síntesis, el futuro de la sucesión en la Casa Imperial está en el centro de un cruce entre tradición y modernidad. Mientras la opinión pública muestra un respaldo abrumador a la reforma, los retos políticos y conservadores siguen siendo un obstáculo para que la princesa Aiko pueda, algún día, convertirse en la primera emperatriz de la era moderna.

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