OpenAI declara el código rojo y reestructura sus actividades para mejorar ChatGPT ante la amenaza de Alphabet

OpenAI ha activado un “código rojo” interno para acelerar la mejora de ChatGPT, según un memorando filtrado a varios medios estadounidenses. Sam Altman, presidente y cofundador de la compañía, informó a los empleados que la prioridad es reforzar la personalización, la velocidad y la fiabilidad del modelo, así como ampliar su capacidad para responder a una mayor variedad de preguntas.

Como consecuencia, la empresa ha decidido posponer o ralentizar proyectos que no están directamente vinculados a la mejora de ChatGPT. Entre los iniciativas retrasadas se encuentran la publicidad dentro del chatbot, los agentes de IA para salud y compras, y un asistente personal llamado “Pulse”. Altman también ha solicitado transferencias temporales de equipos y ha establecido reuniones diarias con los responsables de la optimización del modelo.

Presión competitiva y estrategia de OpenAI

La decisión de concentrarse en ChatGPT llega en un momento en que la competencia en inteligencia artificial se ha intensificado. Alphabet lanzó la versión Gemini de su modelo de IA el mes pasado, superando a OpenAI en varias pruebas comparativas y provocando un fuerte repunte de las acciones de Google y YouTube, que alcanzaron una capitalización de mercado cercana a los cuatro billones de dólares. En su último informe trimestral, Alphabet declaró que los usuarios activos mensuales de Gemini crecieron de 450 millones en julio a 650 millones en octubre.

Por otro lado, Anthropic, la startup fundada por ex‑empleados de OpenAI, está ganando terreno entre clientes empresariales, lo que añade otra capa de presión sobre la empresa de Sam Altman.

En medio de este entorno, OpenAI ha anunciado la adquisición de una participación en Thrive Holdings, el vehículo de inversión creado a principios de 2024 por Thrive Capital, uno de los inversores tradicionales de la compañía.

La medida forma parte de una estrategia más amplia para diversificar sus fuentes de ingresos, incluida la inversión en fondos de IA. Sin embargo, la empresa sigue enfrentando importantes desafíos financieros. Analistas de HSBC estiman que OpenAI podría perder hasta 74 000 millones de dólares hasta 2028 y requerir una inversión de 115 000 millones de dólares hasta 2030 para mantener y ampliar su infraestructura de IA. En total, la startup podría necesitar captar al menos 207 000 millones de dólares en los próximos años si continúa operando con pérdidas.

En marzo, OpenAI recaudó una ronda de financiación de 40 000 millones de dólares liderada por SoftBank. En otoño, la compañía completó una venta de acciones a empleados y ex‑trabajadores que valoró la empresa en 500 000 millones de dólares, situándola como la startup más valiosa del mundo, por encima de SpaceX y ByteDance. Además, OpenAI está en proceso de convertirse en una entidad con ánimo de lucro, paso previo a una posible salida a bolsa que podría convertirse en la mayor de la historia.

Mientras tanto, Alphabet cuenta con recursos financieros prácticamente ilimitados. La filial de Google reportó ingresos anuales próximos a los 400 000 millones de dólares y un beneficio neto de 97 715 millones en los primeros nueve meses del año, un aumento del 33 %. Al cierre de septiembre, la compañía disponía de cerca de 98 500 millones de dólares en liquidez, equivalentes y activos financieros, y está fortaleciendo su posición en el mercado de chips para IA, compitiendo directamente con Nvidia, socio clave de OpenAI.

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