Los zapatos de Angela Merkel

Una anécdota vivida por un ciudadano portugués durante la segunda legislatura de la canciller alemana Angela Merkel ha vuelto a poner en el foco la figura de la política que lideró la Unión Europea durante dieciséis años. El relato, recogido en una carta enviada a la prensa, describe cómo, el 8 de marzo, mientras asistía a un debate organizado por el Instituto Goethe de Berlín sobre el poder emancipador del arte, el autor quedó a escasos metros de la comitiva de la canciller. Desde su posición, notó que el zapato derecho de Merkel estaba ligeramente suelto, obligándola a arrastrar el pie mientras caminaba con la dignidad característica de su cargo.
Una mirada al legado de Merkel entre elogios y críticas
El testimonio personal se inscribe en un contexto de creciente escepticismo en varios países de la zona euro, particularmente en Portugal, donde en aquel momento se sospechaba que la arquitectura del euro favorecía a Alemania en detrimento de los estados más débiles. Comentarios de la opinión pública aludían a una “asimetría” económica que, según algunos analistas, había encarecido productos básicos, como una propina a un taxista que, según el relato, equivalía al precio de una chaqueta.
El desencanto con la Unión Europea se reflejó en la popularidad de obras literarias que cuestionaban la cohesión del bloque. El libro “L’Europe introuvable” del filósofo portugués Eduardo Lourenço, publicado en Francia, resonó entre los europeos escépticos. Asimismo, la novela “Herscht 07769” de László Krasznahorkai, recientemente galardonada con el Nobel, presenta una larga carta dirigida a la canciller alemana, simbolizando el poder que ella representaba y la capacidad de frenar los males del mundo.
Desde la salida de Merkel del poder, su figura ha sido objeto de un debate renovado, intensificado por la guerra en Ucrania. Analistas critican una “triple dependencia” que, según ellos, habría dejado a la Unión Europea vulnerable a Estados Unidos en materia de seguridad, a China en el comercio y a Rusia en el suministro de combustible. Esta percepción ha llevado a comparar la situación con una “horca de tres brazos” donde los líderes autocráticos de estas potencias ejercerían una presión paralizante sobre Europa.
Sin embargo, defensores de la política alemana sostienen que Merkel, con su agudo sentido del peligro, intentó evitar una escalada militar con Ucrania y, al mismo tiempo, prevenir un conflicto directo entre la OTAN y Rusia. En este sentido, señalan que la canciller había percibido la amenaza rusa mucho antes de la invasión de Crimea en 2014 y había buscado una solución diplomática, aunque limitada.
Para comprender mejor la visión de la ex‑canciller, se ha recomendado la lectura de su autobiografía “Libert”, una obra de más de 700 páginas que, aunque no es un texto de ficción, ofrece una reflexión profunda sobre la Europa contemporánea. Los autores del artículo sugieren iniciar la lectura por el capítulo “Un mundo conectado: los nudos que nos sustentan”, donde Merkel analiza la diferencia entre el globo terráqueo y el planisferio, y cómo esa comprensión geográfica influye en la política global.
En el ámbito cultural, la escritora portuguesa Lídia Jorge ha lanzado recientemente “El día de los prodigios” (La Umbría y la Solana), una novela publicada en España que, aunque no trata directamente sobre la política europea, aporta una perspectiva literaria sobre la identidad y la historia del continente.
El debate sobre la figura de Angela Merkel también se ha visto reflejado en la plataforma digital del periódico EL PAÍS, donde un mensaje de suscripción advierte a los lectores que su cuenta está siendo utilizada en otro dispositivo, recordándoles la necesidad de gestionar sus accesos y la posibilidad de añadir usuarios adicionales mediante la modalidad Premium.

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