Sarai Herrera: Demasiada gente se acerca a las obras de otros desde el narcisismo

Sarai Herrera, nacida en Barcelona en 1991, se desempeña como editora, traductora y escritora, y ha ganado reconocimiento con su primera novela, Bosques aún más profundos (Blackie Books). En ella, los muertos siguen presentes en el pueblo, colgando de los hombros de los vivos, y la trama se adentra en un universo oscuro que combina lo rural, lo familiar y lo místico.
Una visión singular del oficio literario
Para Herrera, los tres oficios –edición, traducción y escritura– están unidos por el amor al lenguaje y al artificio de la literatura. Sin embargo, los diferencia la forma en que se relaciona con cada uno: “Como editora sé exactamente qué debo hacer y cómo hacerlo; como traductora empiezo a dudar, y como autora me considero una persona insegura y obsesiva”.
Su afición por la lectura surgió sin un libro específico que la marcara; la curiosidad por el acto de leer la llevó a devorar los textos que encontraba en casa, desde novelas de vaqueros hasta obras de ufología. Fue la insatisfacción con un libro que no le gustó la que despertó su faceta de escritora: reescribió su final, se lo leyó a sí misma y, esa noche, se quedó dormida pensando en el destino que había imaginado para los personajes.
En cuanto al proceso creativo, Herrera dice que lo impulsa una mirada constante a los pequeños detalles del día a día. No tiene una hora fija para escribir; lo hace cuando tiene a mano su móvil, sea cual sea el momento.
Entre los reconocimientos que ha recibido, la mejor crítica provino de su propio padre, quien le comentó que si el libro le hacía llorar, era porque estaba bien escrito. La peor, según ella, son los comentarios que no hablan de la obra sino del crítico, revelando un narcisismo que aleja al lector del texto.
Actualmente, en su mesilla de noche descansa Cuentos a la pata de un lobo de Angélica Liddell y La ballena azul de Raúl Quinto. Herrera evita terminar libros cuya voz le resulte impuesta o demasiado de moda, dejándolos a medio leer.
Cuando imagina la librería más bella del mundo, la describe como una habitada por ardillas que viven entre los árboles. Su autorretrato musical lo compone con “Three Shes of Black” de Hank Williams III o “Ain’t No Grave” de Johnny Cash.
En el ámbito audiovisual, la película que más ha visto es “13 fantasmas”, una cinta que alquiló en el videoclub cuando era niña y que llegó a ver once veces en un mismo fin de semana, quedándose fascinada por el fantasma número seis. Entre sus estrenos recientes favoritos destaca Black Phone 2, y entre sus series favoritas para maratonear están Los Moomin y la primera temporada de True Detective.
Si tuviera que elegir un museo para vivir, optaría por la Cueva‑Museo La Inmaculada en Purullena, conocida por su cerámica, y se imagina a sus habitantes también hechos de barro. No oculta sus placeres culturales, afirmando que avergonzarse de lo que nos gusta es una actitud miserable.
En cuanto a su visión laboral, Herrera declara que jamás trabajaría para enriquecer a otros ni aceptaría un empleo asalariado que no le permitiera ejercer su independencia creativa. Su acontecimiento histórico favorito es el concepto de microhistoria; dentro de este marco, destaca el asesinato de Brian Thompson, presuntamente cometido por Luigi Mangione.
Considera que la sobrevaloración social radica en la necesidad de ser percibido y, en el ámbito literario, otorgaría el Premio Cervantes a Cristina Fernández Cubas, cuya obra “Mi hermana Elba” la ha impactado profundamente. De no dedicarse a los libros, Herrera se imaginaría como investigadora criminal, una profesión que le permite buscar patrones y establecer conexiones poco evidentes.

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