Modelo para armar un planeta mejor

Europa enfrenta un dilema crucial: si intenta “jugar sucio” en el terreno del solitario, corre el riesgo de cometer el mayor error de su historia reciente. Entre 2008 y 2034 se prevé un aumento del 400 % de la inversión en defensa, mientras que la preservación de espacios verdes pasa al segundo plano. Las siglas ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) son interpretadas de forma distinta por Europa, China y los Estados Unidos.
En EE. UU., la política de sostenibilidad que se había impulsado bajo la administración del expresidente Joe Biden se desvaneció con Donald Trump, quien abandonó el Acuerdo de París y, en sus propias palabras, dedicará los próximos cuatro años a “drill, drill, drill” (perforar, perforar, perforar), retomando la apuesta por los combustibles fósiles. Gracias al petróleo y al gas de esquisto, el país se volvió autosuficiente en energía. “Resulta innegable que EE. UU. ha dejado de ser un socio de confianza y el mundo sostenible ha pasado a un segundo plano”, señala Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas. No obstante, algunos estados demócratas como California, Nueva York, New Jersey e Illinois continúan impulsando por cuenta propia informes de sostenibilidad.
Desafíos y estrategias de los principales bloques
Claudia Antuña, socia y directora de Sostenibilidad de Analistas Financieros Internacionales (AFI), resume la falta de sintonía: “Europa ha creado un marco regulatorio robusto, estructurado y cada vez más simple, mientras que el país de la estrella y la barra optó por desregular y eliminar incentivos”. China, por su parte, avanza a dos velocidades. “Es el mayor emisor de dióxido de carbono del planeta, pero también el que más promueve la inversión sostenible”, afirma Ferrán Curtó, responsable de Sostenibilidad de ESG.
El Partido Comunista Chino ha resuelto esta aparente contradicción bajo el lema “civilización ecológica”, alineando crecimiento económico y sostenibilidad. Los números avalan su enfoque: el gigante asiático fue el principal inversor en energías limpias el año pasado, destinando el 31 % de sus recursos, lo que equivale a 625 000 millones de dólares (unos 555 000 millones de euros). Además, controla el 75 % de las patentes de baterías y su producción interanual creció un 65 % al comparar los primeros cuatro meses de 2024 con el mismo periodo del año anterior. Sin hacer ruido, China ha asegurado el suministro de tierras raras, esenciales para la electrificación, provenientes de América Latina y África. El petróleo está cerca de su punto máximo y, a partir de ahí, comenzará a declinar. “Para 2070, el país mejor posicionado será China”, concluye Curtó, describiendo la apuesta como puro pragmatismo.
En Europa, el Reglamento Delegado de 2023 introdujo las NEIS (Normas Europeas de Información sobre Sostenibilidad), marcando una revolución en la divulgación financiera y sostenible. Dentro de este marco destaca la Directiva de Debida Diligencia (Due Diligence Directive), que obliga a evaluar el respeto a los derechos humanos en la cadena de valor de las empresas, aunque actualmente solo se mide el nivel más alto (Tier 1). La Unión ha detectado que tanto China, por su reacción, como EE. UU., por su desidia, se están alejando de la agenda solidaria.
Frente a estos gigantes, Europa ha optado por incorporar la sostenibilidad en la rentabilidad para recuperar la competitividad, según comenta un profesor de ESG. “Lo complejo es fijar el rasero adecuado para no quedar fuera del juego”, añade Severiano Solana, director de Estrategia y Seguimiento de Sostenibilidad de Caixabank. Entre 2019 y 2030 se implementará el plan “Fit for 55”, que establece la obligación jurídica de reducir las emisiones al menos un 55 % para 2030. En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) aglutina estos desafíos, aunque alcanzar el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C parece una quimera. La Organización Meteorológica Mundial pronostica que, entre 2025 y 2029, la temperatura media global podría incrementarse entre 1,2 °C y 1,9 °C respecto a la media de 1850‑1900.
Aunque los plazos climáticos se hayan desbordado, la conciencia ESG sigue creciendo en Europa. El segundo mayor fondo soberano de los Países Bajos, PFZW, con un patrimonio de 250 000 millones de dólares, expulsó a BlackRock, la gestora de activos más grande del mundo (casi 9,9 billones de euros), por su apoyo a compañías de energía fósil. Los datos de Morningstar revelan que las inversiones mundiales en fondos ESG repuntaron en el segundo trimestre del año, con entradas netas de 4.900 millones de dólares (aprox. 4.200 millones de euros). Este repunte contrasta con los reembolsos récord del trimestre anterior, que alcanzaron 11.800 millones de dólares (10.090 millones de euros). La recuperación estuvo liderada por inversores europeos, que aportaron 8.600 millones de dólares (cerca de 7.350 millones de euros), pese al complicado entorno geopolítico que ha desplazado la atención hacia el crecimiento económico, la competitividad y la defensa.
El panorama ESG en Europa se muestra más sólido, confirmando que el Viejo Continente aún mantiene una posición de liderazgo en la partida mundial de la sostenibilidad.

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