Inversiones millonarias para una Copa de África en Marruecos, que entretiene a la generación Z, pero ignora sus demandas

Un autobús que parte del aeropuerto de Rabat‑Salé se dirige al centro de la capital marroquí mientras, en la calle, dos jóvenes ondean una pancarta gigante que da la bienvenida a los visitantes de la Copa Africana de Naciones (CAN), que se celebra en Marruecos hasta el 18 de enero. Lejos de ser un acto de rebeldía, la imagen remite a las protestas de la llamada “generación Z” que sacudieron el país en septiembre y octubre de 2025, cuando los jóvenes coreaban “menos Mundial, más hospitales” para reclamar una mayor prioridad a la salud y la educación frente a la organización del Mundial de 2030, que se co‑organizará entre Portugal, España y Marruecos.

Inversiones millonarias y reclamos juveniles

Desde diciembre de 2025 Marruecos se ha convertido en el eje del fútbol africano al acoger la CAN. El torneo no llega aislado; forma parte de una serie de “mega‑eventos” que han transformado a las ciudades sede —Rabat, Casablanca, Tánger, Marrakech y otras— en un verdadero taller urbano con obras simultáneas en estadios, movilidad, aeropuertos y servicios asociados.

En términos presupuestarios, el Estado ha movilizado entre 2023 y 2025 alrededor de 9.500 millones de dirhams (cerca de 880 millones de euros) para la puesta a nivel de seis estadios. A ello se suma una partida adicional estimada entre 4.500 y 6.000 millones de dirhams (entre 420 y 560 millones de euros) para adaptar las instalaciones a los estándares exigidos por la FIFA.

Los jóvenes, sin embargo, señalan que esas cifras no se reflejan en inversiones en servicios sociales. “Antes nos enfadaba ver que se tomaban estas decisiones desde el Estado. Ahora estamos tristes”, confiesa un joven de menos de 25 años que prefiere mantenerse anónimo. “Quedan varios años para el Mundial de 2030 y tengo la esperanza de que lleguemos a esa competición con más ofertas de empleo, una sanidad y una educación dignas”.

Según la Alta Comisión para la Planificación (HCP), la población menor de 25 años representa el 41 % del total marroquí. En el segundo trimestre de 2025, la tasa de desempleo juvenil alcanzó el 35,8 %, casi el triple de la media nacional (12,8 %). La OCDE advierte que, además del desempleo, la escasez de trabajos formales y de calidad debilita las competencias laborales y reduce la estabilidad económica de los jóvenes. En el ámbito sanitario, la OMS indica que Marruecos dispone de apenas 7,3 médicos por cada 10.000 habitantes, muy por debajo de la recomendación de 23.

Estos indicadores fueron la chispa que impulsó el movimiento GenZ 212, que en octubre de 2025 protagonizó protestas en las principales ciudades del país. Los manifestantes denunciaron la asignación de recursos estatales a eventos deportivos mientras la población carecía de servicios esenciales como salud y educación. El movimiento, que se enmarca en una ola global de reivindicaciones juveniles observada también en Perú y Madagascar, fue analizado por Thierry Desrues, investigador del CSIC y del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (ISEA) de Córdoba. Desrues señala que la experiencia de las protestas “consolida una conciencia generacional basada en la sensación de no ser escuchados”.

En un comunicado difundido en redes sociales, GenZ 212 aclaró que no se oponía al fútbol como expresión popular, sino a su “instrumentalización para anestesiar a la sociedad frente a la precariedad, la falta de servicios públicos y la ausencia de rendición de cuentas”.

📌 Puntos Clave

  • Marruecos alberga la Copa Africana de Naciones (CAN) hasta el 18 de enero, convirtiéndose en el eje del fútbol africano y en un motor de “mega‑eventos” urbanos
  • El Estado ha destinado entre 9.500 y 9.500 millones de dírhams (≈ 880 millones €) para

El desarrollo de infraestructuras deportivas es, sin duda, el aspecto más visible de la inversión. El estadio Moulay Abdellah de Rabat, con capacidad para más de 68.000 espectadores, albergó el partido inaugural y será sede de la final. Paralelamente, se está construyendo el Gran Stade Hassan II en Benslimane, cerca de Casablanca, con 115.000 plazas y una fecha de entrega prevista para finales de 2028.

Más allá del fútbol, el gobierno ha anunciado la ampliación de la red ferroviaria de alta velocidad hasta Marrakech, la duplicación de la capacidad de aeropuertos internacionales como Rabat‑Salé y Casablanca, y la apertura de la nueva estación de tren Rabat‑Ri a escasos metros del complejo Moulay Abdellah.

Francesco Colin, investigador posdoctoral de la Universidad de Gante, afirma que la rapidez con la que se están ejecutando estas obras “demuestra la existencia de una voluntad política clara y un compromiso de las élites para lograr resultados”. No obstante, el experto advierte que la CAN ha puesto nuevamente en el centro del debate la profunda brecha social del país, describiendo la dicotomía entre “Morocco”, la imagen turística y elitista, y “Al‑Maghreb”, la realidad cotidiana de la mayoría de la población.

Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla‑La Mancha, destaca que la ausencia de inversión en sanidad y educación fue el detonante de las protestas, citando la muerte de ocho mujeres en un hospital de Agadir mientras estaban a punto de dar a luz, como un caso emblemático de deficiencias en la atención médica.

Los jóvenes también recuerdan otros desastres que agravaron la percepción de abandono estatal, como las inundaciones de diciembre de 2025 en Safi y el terremoto de la región de Al‑Hauz en septiembre de 2023. “Nosotros vamos a los partidos de la CAN y sabemos que el Estado está alerta ante cualquier protesta que aparezca en los estadios o en las redes sociales vinculada al movimiento GenZ 212”, asegura otro joven que pide permanecer en el anonimato.

La respuesta del Estado fue contundente. El Centro Internacional para la Justicia Transicional informó a finales de octubre de 2025 que alrededor de 2.480 personas fueron imputadas por su participación en las protestas de GenZ 212; de ellas, unas 1.500 permanecían detenidas a la espera de juicio por cargos de rebelión armada, insultos a funcionarios, violencia y incitación a la delincuencia grave. Además, tres jóvenes perdieron la vida en Laqliaa, al sur del país, durante un intento de asalto a un puesto de la Gendarmería Real.

Aunque la represión redujo la presencia física del movimiento en las calles, la generación Z sigue activa en el ámbito digital, organizando debates y propuestas a través de plataformas como Discord y otras redes sociales.

El caso marroquí guarda paralelismos con la experiencia de Costa de Marfil, que acogió la edición anterior de la CAN. Allí, la inversión estatal se centró también en estadios, seguridad y movilidad urbana, mientras la economía informal absorbía cerca del 30 % del PIB y la población enfrentaba salarios bajos y escaso acceso a servicios básicos. La lección parece clara: los mega‑eventos deportivos pueden acelerar la modernización infraestructural, pero sin un compromiso sólido en políticas sociales corren el riesgo de profundizar la desigualdad y alimentar la protesta juvenil.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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