Aqqaluk Lynge, líder inuit: Una invasión estadounidense en Groenlandia aniquilaría nuestro pueblo

Aqqaluk Lynge, de 78 años, es una figura emblemática de Groenlandia que, entre sus libros, saca un mapa del planeta para explicar la actual disputa geopolítica que involucra a la isla ártica, el expresidente Donald Trump y el temor a que Groenlandia siga el camino de Venezuela. En el plano, Groenlandia ocupa el centro del globo, mientras que Estados Unidos y Europa aparecen casi ocultos.
En la década de los ochenta, Lynge soñaba con una Groenlandia independiente de Dinamarca. Fue uno de los principales impulsores de la Ley de Autodeterminación, aprobada en 2009, que reconoce a los inuit como el 90 % de la población y sienta las bases para la autonomía del territorio.
El giro de la estrategia política
Con la llegada de Trump y su retórica de “conquistar” la isla, el expresidente del Consejo Circumpolar Inuit admite que el sueño de independencia se ha desvanecido. “El mundo ha cambiado mucho y el independentismo hoy solo interesa al movimiento MAGA, que tendría más facilidades para intervenir. La unión con Dinamarca es nuestra única forma de defendernos”, declaró Lynge en una entrevista con EL PAÍS.
Este nuevo posicionamiento, explica el líder inuit, nace del patriotismo por su pueblo. “La lucha política es una cuestión de supervivencia. Estamos a un parpadeo de ser invadidos y eso acabaría con nuestro pueblo”. Subraya que la cosmovisión inuit —basada en la gestión comunal de recursos y la igualdad horizontal— es diametralmente opuesta al capitalismo extremo que promueve Estados Unidos.
Lynge también critica las posibles travesuras de Trump, imaginando que el exmandatario querría jugar al golf sobre el hielo o nombrar un iceberg con su apellido. “Sus caprichos personales ponen en riesgo la seguridad mundial”, ironiza.
Según Lynge, la única fuerza capaz de detener a Trump son los propios estadounidenses, que decidirán en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. “Los lazos con Estados Unidos siempre han sido fuertes y amistosos; lo que plantea el presidente republicano es una traición”, afirmó en una videollamada.
En enero de 2025, cuando Trump anunció su intención de comprar o invadir la isla a cualquier costo, una encuesta reveló que el 85 % de los groenlandeses se oponía a una anexión por parte de Estados Unidos. Lynge asegura que, un año después, ese porcentaje ha aumentado.
Sin embargo, no todos los inuit comparten la postura de estrechar lazos con Dinamarca. Un sector activista, encabezado por Tupaarnaq Kopeck, exige una independencia total, argumentando que “Dinamarca no nos ha tratado bien y tampoco debemos confiar en Estados Unidos”.
Mientras Lynge conversaba con EL PAÍS, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunían en la Casa Blanca con representantes de Dinamarca y Groenlandia. La ministra de Asuntos Exteriores groenlandesa, Vivian Motzfeldt, señaló que Copenhague mantiene innegociable cualquier cesión de soberanía y que Trump sigue firme en sus pretensiones.
Dinamarca, responsable de la defensa de Groenlandia, advirtió que un ataque a la isla desencadenaría la intervención de la OTAN. Alemania, Francia, Suecia, Reino Unido y Noruega anunciaron ejercicios militares conjuntos como respuesta a la amenaza estadounidense, mientras que Canadá y Francia prometieron abrir consulados en Nuuk en las próximas semanas. “La seguridad de la Unión Europea está en juego; si se vulnera nuestra soberanía, ¿quién será el siguiente?”, concluyó Lynge.
Los inuit, descendientes de los thule, llevan más de mil años resistiendo en el Ártico y coexistieron con los vikingos que llegaron alrededor del año 900. Tras décadas de colonización, lograron un gobierno prácticamente autónomo en 1979. Hoy se consideran el pueblo originario más soberano de la región.
Lynge insiste en que solo los groenlandeses pueden sobrevivir y gestionar los recursos de la isla de forma sostenible. “Un estadounidense no duraría aquí ni un año”, repite, señalando que la extracción masiva de minerales propuesta por Trump es inviable por el clima y el alto coste económico. “Somos nosotros quienes debemos cuidar y desarrollar Groenlandia”.

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