Tranquilízate y descubre el secreto que nadie te contó

Mujer relajada en naturaleza

La frase “tranquilízate” se ha convertido en un eco recurrente en intervenciones policiales en distintos puntos de España, especialmente en contextos de detención o control de personas en situación de vulnerabilidad. Este mandato, repetido con insistencia por agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil, suele escucharse en momentos de máxima tensión: cuando un ciudadano es inmovilizado boca abajo, con las manos esposadas y una rodilla o brazo sobre el cuello. En barrios como Lavapiés en Madrid, o en zonas como Tirso de Molina y Usera, vecinos aseguran que estas escenas no son aisladas, sino parte de una dinámica cotidiana que se repite en las calles, muchas veces sin testigos más allá de los móviles de quienes graban lo que ocurre.

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Patrones de fuerza y desigualdad

El uso de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad ha dejado una estela de casos graves en los últimos años. En marzo de 2024, un policía nacional inmovilizó a un vecino en el suelo mientras su compañero lo golpeaba y luego intentaba agredir a otra persona. Durante la intervención, se escuchó con claridad la orden: “tranquilízate”. En junio de 2025, Abderrahim El Akkouh, vecino de Torrejón de Ardoz, murió asfixiado tras una intervención de un agente fuera de servicio que lo acusó de robarle el móvil. No se sabe si en ese momento también se pronunció la frase, pero el patrón es recurrente.

Fuera de Madrid, los hechos se repiten con similar intensidad. El 17 de mayo de 2025, en el aeropuerto de Gran Canaria, un joven de 19 años fue abatido tras recibir cinco disparos, uno de ellos en el cuello. En diciembre del mismo año, Haitam Mejri falleció en Torremolinos tras una intervención policial durante la cual recibió 86 lesiones visibles, entre ellas traumatismos de alta energía, compresión cervical y ocho descargas de pistola Taser. En 2022, durante el salto a Melilla, el menor Djack perdió la visión de un ojo tras ser golpeado por un guardia civil. Y en 2014, 14 personas murieron ahogadas en el Tarajal, Ceuta, tras ser repelidas con pelotas de goma y botes de humo por la Guardia Civil mientras intentaban acceder a territorio español.

Puntos Clave
  • Uso recurrente de la frase “tranquilízate” durante intervenciones policiales en contextos de detención y vulnerabilidad
  • Presencia de patrones de fuerza desmedida por parte de la Policía Nacional y la Guardia Civil en distintas zonas de España
  • Casos graves de lesiones y muertes vinculadas a intervenciones policiales, como las de Abderrahim El Akkouh, Haitam Mejri y el menor Djack
  • Grabaciones ciudadanas como principal registro de abusos, evidenciando la normalización de estas prácticas en barrios como Lavapiés, Usera y Tirso de Molina

Un detalle que recorre todos estos episodios: ninguna de las víctimas era blanca. Esta constante señala un patrón de discriminación estructural en el uso de la fuerza, donde los cuerpos racializados parecen ser percibidos como amenazas por defecto, merecedores de un control más severo.

El lenguaje como justificación

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  • Los comunicados oficiales suelen seguir una fórmula repetitiva: “actuación en respuesta a un requerimiento ciudadano”.
  • Se habla de “situaciones que escalan por la negativa a colaborar” o “resistencia activa”.
  • El término “seguridad” se repite como mantra, junto con frases como “en ejercicio de sus funciones”.

Este lenguaje no solo justifica las acciones, sino que construye una narrativa donde la violencia policial se presenta como reacción inevitable ante la desobediencia. Sin embargo, en muchas de las situaciones grabadas, lo que se observa es una escalada de fuerza desproporcionada frente a personas que, en muchos casos, no representan una amenaza inminente.

La frase “tranquilízate” adquiere entonces un significado ambiguo. Ya no parece una orden dirigida al detenido, sino un recurso interno, una repetición casi ritual que los agentes emplean para autorregularse en medio de la tensión. “Por seguridad, tranquilízate”, “esta situación está escalando”, “es un ejercicio de prevención” —frases que, repetidas en el calor del momento, parecen más un mecanismo de cohesión institucional que una verdadera llamada al diálogo.

En este contexto, las palabras del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, en el documental *Mientras el cuerpo aguante*, resuenan con fuerza: la resistencia pacífica espera una respuesta racional, pero el sistema responde con violencia. Y cuando los cuerpos se agitan, cuando los movimientos no se ajustan al orden impuesto, la respuesta no es el entendimiento, sino la contención, el control, la represión. “Tranquilízate” ya no es solo una orden. Es un reflejo de un sistema que, al repetirla, intenta calmar su propia ansiedad mientras ejerce el poder con fuerza.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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