Henar Iglesias, artista: A los conquistadores les costaba regalar plumaria porque la cara que ponían los españoles al lado del oro no era la misma

Desde el escaparate de la galería The Romanach, en la céntrica calle Orellana de Bilbao, un cráneo de vaca coronado por grandes cuernos observa a los transeúntes. El animal está recubierto por un plumaje que combina blanco, negro y una franja central de plumas azules con la intensidad del pavo real, creando un impactante contraste que anticipa la propuesta de la exposición.
La muestra, titulada Identidad Plumaria, es la primera exposición individual de Henar Iglesias (San Sebastián, 1981), una de las figuras más destacadas de la artesanía contemporánea española y una artista cuya proyección internacional sigue en aumento.
Una atmósfera que evoca un jardín interior
Una suave melodía de jazz invita a los visitantes a adentrarse en la galería, que se ha convertido en un pequeño jardín privado. Plantas colgantes, techos altos, amplios ventanales con cortinajes rojos y un suelo de tono granate crean un entorno íntimo donde las obras de Henar se funden con la luz y el espacio.
Entre los puntos más llamativos está un corazón rojo brillante que, a primera vista, parece una pintura. Al acercarse, se descubren miles de plumas que conforman la forma, una señal inequívoca del sello distintivo de la artista, que domina el arte plumario con maestría.
En otro rincón, un foco ilumina un gran círculo blanco salpicado de manchas naranjas y negras, mientras que paneles con figuras geométricas recuerdan a los anillos de un tronco. Pequeños “pájaros” emergen de la pared, y un disco de Moebius, esa figura matemática sin principio ni fin, está también elaborado íntegramente en plumas.
Junto a cada pieza, Henar ha colocado carteles manuscritos indicando la procedencia de las plumas: faisán dorado, faisán de lira, pavo común, ánade real y perdiz.
“Hay un planteamiento que me ilusiona mucho y que no se percibe a simple vista. Es una especie de trompe‑l’œil, una intervención del espacio con plumaria”, explica la artista, refiriéndose a un friso hecho con plumas de ánade real y faisán que se funde con la arquitectura de la sala.
Con más de dos décadas dedicadas al arte plumario, Henar alcanzó mayor visibilidad tras quedar finalista en el LOEWE Craft Prize 2019, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo de la artesanía contemporánea. Desde entonces, su trabajo ha sido exhibido en Tokio, galerías de Estados Unidos, Dubái, París, Barcelona y otras ciudades.
Henar proviene de una familia de artesanos; aprendió el oficio en el taller de sombrerería de su madre, Charo Iglesias. Es miembro de Saco (Sociedad Española de Artesanía Contemporánea) y DIM (Asociación de Diseñadores de Madrid), desde donde colabora para difundir una visión renovada de la artesanía en España.
“Esto va de cómo cada uno concibe su oficio y hacia dónde quiere llevarlo. Cuando se distingue de lo que se ha hecho antes, ahí sí hay aporte. Si se limita a reproducir lo ya existente, no aporta nada nuevo”, afirma la artista, que sitúa su trabajo en un contexto donde la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados y la artesanía ofrece un punto de equilibrio y una raíz a la que aferrarse.
El arte plumario tiene una larga tradición en las culturas mesoamericanas, donde las plumas se consideraban más valiosas que cualquier joya porque conectaban a sus portadores con lo sagrado. “Para los antiguos les costaba mucho regalar plumaria a los conquistadores porque simbolizaba algo muy profundo. Los españoles, en cambio, valoraban más el oro”, comenta Henar, señalando la falta de conocimiento en el imaginario español sobre esta forma de arte como uno de sus principales retos.
La galerista Almudena Basabe, responsable de The Romanach, ha apostado por una artesanía con visión contemporánea. “Quiero artistas que tengan lo que yo llamo resonancia. Que, al ver una obra, la gente cambie de alguna manera, aunque sea sin ser consciente”, subraya.
La exposición ha sido comisariada por Celia Montoya, encargada del área cultural del hotel 7 Islas en la calle Valverde de Madrid. Amante de la escenografía, Celia destaca la idea de “jardín de invierno”, donde la naturaleza se cuela en los espacios arquitectónicos. “Me gusta que la obra no se perciba como algo aislado, sino que la gente la imagine en su propio hogar y sienta una pulsión, una curiosidad que la acompañe después de la visita”, explica.
Detrás de cada pieza de Henar hay un proceso meticuloso y laborioso. La artista confiesa que sus mejores momentos creativos ocurren en las noches de insomnio, cuando las ideas fluyen sin buscar nada concreto. La meditación, práctica que adoptó hace algunos años, le sirve como herramienta para encontrar inspiración sin “resaca” mental.
Con formación en matemáticas, Henar incorpora la lógica y los números en sus obras. “Me planteo puzzles complejos y utilizo la matemática para proyectar el campo vectorial que guiará la disposición de las plumas”, revela. Las matemáticas se convierten así en un lenguaje que le permite explorar nuevas posibilidades conceptuales.
Además de crear, la artista se dedica a divulgar el arte plumario. “Quiero transmitir la fascinación por la materia. Me asombra que la naturaleza produzca algo tan complejo con un objetivo de reproducción. Ese nivel de técnica y belleza me impulsa a seguir”, declara.
En el espacio de la galería, Henar lleva consigo objetos personales confeccionados con plumas: un cielo algodonoso en tonos blancos, grises y marrones hecho con plumas de paloma; horquillas que recuerdan alas de gorrión; y pendientes de aro recubiertos de finas plumas cobrizas. Estos elementos refuerzan la presencia constante de su materia prima, la pluma, en su vida y obra.

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