María ganó 2990 euros de un amigo y ahora está condenada por estafa

Mujer sonriendo con dinero en mano

María, una mujer de 31 años vecina de Toledo, vivió una pesadilla judicial tras ayudar a alguien a quien consideraba un amigo. En enero de 2024, recibió una llamada en la que su conocido le pedía un favor: ingresar en su cuenta bancaria una transferencia que iba a recibir y luego entregarle el dinero en efectivo. Alegó que tenía un embargo y que cualquier ingreso en sus cuentas sería retenido. Sin sospechar nada, María accedió. Ese día, el 12 de enero, entraron 2.990 euros en su cuenta. Al poco tiempo, entregó esa cantidad en mano a su amigo. No volvió a pensar en el asunto, hasta que seis meses después llegó a su casa una notificación judicial.

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El descubrimiento del engaño

Cuando compareció ante el juzgado, María se enteró de que estaba siendo investigada por un delito de estafa. Acompañada por sus abogadas, Mari Ángeles Ten y Francisco José Montero, vivió la experiencia con pánico. “Salgo de ahí, asustísima, con un ataque de ansiedad muy mal...”, recuerda. Lo que no sabía era que esos 2.990 euros provenían de una estafa cibernética. Un hombre de la localidad madrileña de Villa de Vallecas había sido víctima de un fraude tipo *phishing*: recibió un mensaje y una llamada falsa, supuestamente de su entidad bancaria, en la que le instaban a pagar una deuda inexistente. Bajo presión y con miedo a las consecuencias, transfirió el dinero a la cuenta que le indicaron: la de María.

La Policía Judicial de Villa de Vallecas rastreó el movimiento y dio con ella. Aunque María no tenía conocimiento del fraude ni obtuvo beneficio alguno, su nombre y su DNI figuraban como titular de la cuenta que recibió el dinero. Desde el punto de vista legal, eso fue suficiente. Se la consideró partícipe necesaria en el delito, con independencia de su intención. “Ángeles me hablaba y yo solo repetía todo el rato: ‘Que yo no tengo el dinero’. Y Ángeles, desesperada, me dijo: ‘Vamos a ver, para un momento. Yo no te estoy diciendo que tú tengas el dinero. El problema es que el dinero pasó por tu cuenta’”, relata María entre lágrimas.

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El papel de las “mulas bancarias”

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  • María se convirtió, sin saberlo, en lo que se conoce como “mula bancaria”.
  • Este término se refiere a personas que ceden sus datos o cuentas para que el dinero de una estafa sea recibido y luego retirado en efectivo por las organizaciones criminales.
  • Aunque muchas veces actúan creyendo que solo están haciendo un favor o recibiendo una pequeña compensación, la justicia las considera cómplices del delito.
  • En los últimos años, este fenómeno ha crecido exponencialmente: según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior, la ciberdelincuencia representa el 25% de los delitos denunciados en España, y ocho de cada diez son estafas por internet.

Las redes criminales suelen buscar perfiles vulnerables: personas en situación de exclusión, desempleadas o con problemas de adicción, a quienes ofrecen dinero o drogas a cambio de sus datos. En 2024, una operación en Jaén permitió detener a 12 menores que habían cedido sus DNI para abrir cuentas. A nivel internacional, en diciembre de 2022, una operación conjunta arrestó a 2.469 mulas en 25 países. Hace apenas un mes, la Policía Nacional y la Ertzaintza detuvieron a una reclutadora que buscaba víctimas a través de redes sociales.

Consecuencias irreversibles

María finalmente llegó a un acuerdo con la fiscalía: aceptó una pena de seis meses de prisión, que no tuvo que cumplir al no tener antecedentes penales. Sin embargo, ahora sí los tiene. Además, fue condenada a devolver los 2.990 euros que pasaron por su cuenta. “El elemento del tipo del delito de estafa se daba: hubo engaño, desprendimiento patrimonial y el dinero fue a parar a su cuenta. Eso es suficiente para que la responsabilidad penal exista”, explica su abogada, Mari Ángeles Ten.

El día del juicio en los juzgados penales fue traumático. “Es que todavía lo pienso… me quita… yo todo el rato pensaba en mis niños”, dice María entre sollozos. “Decía: pónganme la multa, lo que sea, pero no puedo dejar a mis hijos”. Su relación con el amigo que le pidió el favor se rompió: él le aseguró que también había sido engañado, pero nunca más volvieron a hablar.

Hoy, María aún debe parte de la deuda y carga con una condena que marca su expediente. Su arrepentimiento es profundo. “Me arrepiento de haber cogido ese teléfono. No sabía lo que estaba haciendo, pero ahora sé que cualquier parte del engranaje de una estafa, aunque sea pequeña, es considerada culpable por la justicia”, concluye. Su historia es un llamado de alerta: ceder tu cuenta o DNI, por muy inocente que parezca, puede tener consecuencias penales graves.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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