Helena Resano explota tras 20 años en La Sexta y su dura confesión sobre el odio

Este 27 de marzo se cumplen exactamente 20 años desde que La Sexta emitió su primera señal, y Helena Resano ha estado presente desde el inicio. Aquella joven periodista que llegaba con ilusión e inquietud por explorar nuevos formatos se ha convertido en una figura central del periodismo televisivo español. A sus 52 años, sigue al frente del informativo de las 14:30 desde la sede de Atresmedia, donde combina su rutina diaria con la preparación de un nuevo reto: su primera novela, *Las rutas del silencio*. Entre maquillaje y micrófonos, Resano reflexiona sobre dos décadas de cambios personales, profesionales y del entorno mediático, en una conversación que revela su evolución, sus batallas y su compromiso con el periodismo.

De TVE a un barco en alta mar
Resano llegó a La Sexta tras una etapa en TVE, que describe como un “transatlántico” con estabilidad, pero también con cierta rigidez. A los 32 años, y tras haber sustituido a Letizia Ortiz en el Telediario de La 1, decidió dar un paso al costado. La exposición pública la abrumaba: los paparazzis, la fama inesperada, la sensación de ser más un rostro que una periodista. “Era demasiado famosa para lo que podía asumir”, reconoce. Su salida no fue un alejamiento definitivo, sino una búsqueda de autenticidad. Quería volver a la redacción, al periodismo de calle, a contar historias sin el peso de la sobreexposición.
En 2006, La Sexta era todo lo opuesto a TVE: un “barquito con cuatro cañas y dos meras”, como ella misma lo define. Un proyecto incierto, arriesgado, con una plantilla reducida y un futuro en el aire. Pero ese fue precisamente el atractivo. “Quería una aventura”, dice. “Me estimulaba mucho porque me consideraba demasiado joven para funcionar en TVE”. Aunque pensó que sería un paso temporal, el proyecto se convirtió en su casa. Hoy, tras dos décadas, reconoce que la motivación sigue intacta, aunque se expresa de otras formas: un MBA, cursos de administración de empresas y ahora la escritura de una novela.
El periodismo como oficio, no como espectáculo

Resano nunca soñó con ser la cara de un informativo. Su vocación era el periodismo de calle, el contacto directo con la realidad. La vida, sin embargo, la llevó a presentar, y ella lo ha asumido con responsabilidad: “Soy una periodista que casualmente aparece en pantalla”. A lo largo de estos años, ha visto cómo La Sexta pasó de ser un canal irreverente y provocador a convertirse en una referencia informativa, especialmente en momentos clave como el 15-M. “Cuando pasan cosas importantes, la gente viene a buscarnos”, afirma.
En un entorno saturado de información y con espectadores cada vez más formados —aunque con atención fragmentada—, su apuesta es clara: conectar lo político con lo cotidiano. “Hay que pegarlo a lo personal, al día a día, a nuestro bolsillo”. El objetivo no es solo informar, sino ayudar a entender. “Queremos ordenar la mañana”, dice. Pero también advierte sobre los desafíos: la rentabilidad de un modelo que depende de redacciones bien pagadas y el riesgo de aislarse en una “torre de sabiduría” sin conexión con la realidad.
Un discurso que trascendió
- Hace unas semanas, un comentario suyo en redes se volvió viral: “¿Qué os pasa?”.
- La pregunta, dirigida a los hombres, surgía tras una semana marcada por casos de abusos, acoso y violencia machista.
- Resano buscaba abrir un debate conjunto, pero desató una ola de odio personal y familiar.
- Reconoce que no sentía ese nivel de hostilidad desde los años más duros del terrorismo de ETA.
- El episodio, en lugar de amedrentarla, reafirmó su convicción sobre la necesidad del debate.
Mujeres, cambios y permanencia
Resano destaca el avance del papel de las mujeres en la televisión. Cuando empezó, ser mujer en un informativo conllevaba una doble exigencia: la profesional y la estética. “El físico de las mujeres importaba más que el de los hombres”, recuerda. Hoy, aunque aún queda camino, hay más espacio. La apuesta de La Sexta por tres mujeres en sus inicios fue un parteaguas. Y el hecho de que muchas de sus compañeras de aquel entonces hayan dejado la pantalla no la sorprende: “Hubo ofertas, pero nada me atraía tanto como esto. Esta es mi casa”.
Sobre la polarización mediática, Resano es clara: “La gente siempre ha ido a la cabecera que le resulta afín. Nosotros no somos la polarización, sino que venimos de otro lugar”. Critica especialmente la aparición de “seudoperiodistas” que buscan protagonismo en lugar de informar. “En la facultad nos decían que no éramos la noticia. Ahora, muchos son la noticia y no lo deberían ser”.
Resano también ha enfrentado desafíos personales. Una mielitis la alejó temporalmente del trabajo, un momento que vivió como una advertencia del cuerpo: “Amiga, estoy aquí y me estás metiendo tralla”. Hoy sigue con tratamiento, pero el episodio le enseñó a tomarse las cosas con más calma, a valorar el tiempo con sus hijos ya mayores y a explorar nuevos caminos, como la escritura. “Antes me preocupaba en exceso todo. Ahora necesito ocuparme, pero también detenerme”.
Aunque alguna vez estuvo cerca de probar suerte en entretenimiento —llegó a grabar un piloto para sustituir a Silvia Jato en *Pasapalabra*—, su vocación sigue siendo el periodismo serio. “Mi vida habría sido totalmente distinta si hubiera cogido otro camino”, dice. Pero no se arrepiente. En un mundo donde la noticia es constante y los grupos de WhatsApp nunca duermen, ella sigue apostando por la claridad, la confianza y la necesidad de contar bien lo que importa.

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