Cómo reír en la cara de la muerte y vivir sin miedo

Persona sonriendo ante la adversidad

“Mi padre quería la eutanasia”, confiesa el director de cine Paolo Marinou-Blanco, neoyorquino de 43 años. “Deseaba irse lo antes posible, sin tener que pasar meses postrado por la enfermedad”, explica. A pesar de su firme voluntad, no logró acceder a ese derecho. Durante aquel proceso, su padre mantuvo un humor ácido y sarcástico que, según recuerda Marinou-Blanco, marcó profundamente su forma de afrontar la pérdida. Esa actitud inspiró su película *Soñando con leones*, un trabajo que mezcla comedia negra, absurdo y emociones profundas para tratar un tema complejo: la libertad individual y el derecho a decidir sobre el final de la vida. “Siempre he visto la risa y la ironía como actos de coraje frente a la muerte”, afirma. En su caso, esa perspectiva ayudó a hacer más llevadera una despedida inevitable.

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Una mirada provocadora sobre la eutanasia

La cinta sigue a Gilda, una mujer que padece una enfermedad terminal y cuyo deseo más profundo es morir sin sufrimiento. Tras varios intentos fallidos de suicidio, acude a una empresa clandestina que ofrece un “entrenamiento” para morir con dignidad. A partir de esta premisa, Marinou-Blanco construye una tragicomedia de tono surrealista que aborda la eutanasia con humor incómodo y una provocación directa al espectador, a quien interpela constantemente al romper la cuarta pared. “Quería que la audiencia reflexionara sobre estas cuestiones sin poder escapar”, dice el director, quien defiende enfrentar la muerte “con honestidad y humor” como una forma de resistencia.

Fernando Marín, vicepresidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), considera que el enfoque de la película no está tan alejado de la realidad. “No es tan disparatado”, sostiene. Muchas personas que acuden a DMD, explica, se sorprenden al encontrar un espacio seguro donde pueden hablar abiertamente sobre su deseo de morir “sin miedo al juicio”. Este cambio en la percepción social ha permitido que el tema de la muerte voluntaria deje de ser un tabú. La asociación nació hace cuatro décadas tras una carta enviada por su fundador, Miguel A. Lerma, al entonces director de *EL PAÍS*, en la que ya se advertía sobre “la falta de demanda social en España respecto al derecho a morir” y se preveía que esta surgiría “cuando hubiera oportunidad de plantear el problema y reflexionar sobre él”.

Puntos Clave
  • La película *Soñando con leones* aborda la eutanasia mediante una tragicomedia surrealista que combina humor negro y emociones profundas
  • El director Paolo Marinou-Blanco se inspiró en la experiencia de su padre, quien deseaba la eutanasia pero no pudo acceder a ella, y en su humor ácido frente a la muerte
  • La cinta rompe la cuarta pared para interpelar al espectador y provocar una reflexión incómoda pero necesaria sobre el derecho a decidir sobre el final de la vida
  • La asociación Derecho a Morir Dignamente destaca que cada vez más personas buscan espacios seguros para hablar sin juicio sobre su deseo de morir dignamente

La ley, un paso necesario

Rostro sonriente con fondo de calavera
  • España aprobó la ley de eutanasia en marzo de 2021, convirtiéndose en el quinto país del mundo en regular este derecho.
  • Desde su entrada en vigor en junio de ese año hasta finales de 2024, aproximadamente 1.600 personas han recurrido a este recurso, según datos del Ministerio de Sanidad.
  • Para Marín, estas cifras ayudan a desmontar los temores iniciales sobre posibles abusos o presiones indebidas.

El vicepresidente de DMD participó en la proyección de *Soñando con leones*, ahora disponible en Prime Video, y destacó el papel del cine en la transformación de la mirada social sobre el final de la vida. “Es el mejor medio para meterte rápidamente en el contexto”, asegura. Muchos opositores, apunta, no han estado cerca de quienes solicitan la eutanasia. “Si compartieran esa experiencia, entenderían por qué alguien decide morir”. El cine, en este sentido, permite acercarse a esa realidad en pocos minutos.

Marinou-Blanco comparte este objetivo: quiere aportar visibilidad al debate y contribuir a que el derecho a la eutanasia sea más accesible. “La idea de que la vida se termina es algo horrible”, reflexiona, “pero la realidad es más compleja: la vida merece ser vivida bajo ciertas condiciones”. En la película, Gilda busca llegar a un estado en el que no tenga que luchar constantemente. Esta búsqueda se simboliza en un recuerdo de juventud inspirado en *El viejo y el mar*, de Hemingway, cuando el protagonista joven observa una familia de leones jugando en la playa. “Esa imagen de inocencia es casi el único momento de paz en su vida, un instante sin dolor”, explica el director. Es ese instante de calma al que aspira Gilda, y es también el recuerdo que da nombre al filme.

Otras películas han abordado el tema desde distintas perspectivas, como *Mar adentro* (2004), de Alejandro Amenábar, basada en la historia de Ramón Sampedro; *Million Dollar Baby*, del mismo año, dirigida por Clint Eastwood; o *Blackbird* (2019), con Susan Sarandon como una mujer con esclerosis lateral amiotrófica que decide terminar con su sufrimiento. Pero pocas lo hacen desde el humor incómodo y el surrealismo. *Soñando con leones* se posiciona como una propuesta distinta: provocadora, íntima y profundamente humana.

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Carlos Méndez Álvarez Periodista

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires. Con 12 años de experiencia, ha trabajado en prensa escrita y digital cubriendo política y derechos humanos. Especialista en investigación periodística y narrativas multimedia.

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