La Habana y Washington en secreto mientras Cuba se derrumba

Barcos cargados con arroz, frijoles, medicamentos, leche en polvo y productos de higiene se dirigen a Cuba en medio de una profunda crisis energética y económica que ha paralizado gran parte del país. Estas embarcaciones, financiadas por sectores de la izquierda latinoamericana y europea, transportan no solo ayuda humanitaria, sino también una denuncia simbólica contra Donald Trump por el cerco energético impuesto a la isla desde finales de enero. La magnitud de la emergencia se mide en la desesperación de una población que enfrenta apagones constantes, escasez de alimentos y medicinas, y un sistema económico al borde del colapso. En este contexto, cada día sin combustible profundiza la presión sobre los ciudadanos y sobre el régimen cubano, que ve amenazada su supervivencia política.

La amenaza de Trump y el futuro incierto del régimen
Las declaraciones recientes de Donald Trump han intensificado la tensión. Durante un acto público, afirmó: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Tomarla o liberarla. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”. Esta frase, pronunciada por un líder que ya ha ordenado operaciones militares en Venezuela, ha sido recibida con alarma en La Habana. Aunque el general Francis Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, descartó ante el Senado cualquier plan de intervención militar, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, respondió con firmeza: “Cualquier agresor externo chocará en Cuba con una resistencia inexpugnable. Vamos a dar la vida defendiendo la Revolución”.
Detrás de esta retórica se desarrolla un proceso de negociación entre Washington y La Habana, confirmado por el gobierno cubano, aunque sin que se conozcan sus términos exactos. Para algunos analistas, como Andy Gómez, asesor del equipo de diálogo durante la administración Obama, el régimen enfrenta una encrucijada sin salida: “Económicamente están trabados, no tienen salida aunque vengan unos marcianos a ayudarlos”, afirmó, en referencia al barco ruso con diésel que cambió de rumbo antes de llegar a la isla.
¿Qué quiere Estados Unidos?

- Reformas económicas profundas sin cambios políticos inmediatos, al estilo venezolano.
- La salida de Miguel Díaz-Canel del poder, aunque el gobierno cubano insista en que el sistema político no es negociable.
- La conversión de Cuba en un protectorado o una “toma amistosa”, que permita a Estados Unidos influir sin ocupación militar.
Medios como USA Today y The New York Times han señalado que las conversaciones giran en torno a una apertura económica, pero con la condición de que Díaz-Canel no continúe en el cargo. Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó esto como “noticia falsa”, analistas como Alina Bárbara López, historiadora y voz crítica del régimen, consideran que el presidente cubano es “una carta que pueden sacrificar en la negociación”. Según ella, el verdadero poder sigue estando en manos del entorno de Raúl Castro, de 94 años, cuya influencia en el aparato militar y de seguridad es determinante. Su hijo, Alejandro Castro Espín, y su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo, han emergido como interlocutores clave con Estados Unidos.
El colapso y la resistencia
La crisis en Cuba no es nueva. Expertos como la economista Tamarys Bahamonde y la historiadora Lilian Guerra coinciden en que el modelo económico cubano ya estaba en implosión desde hace años, independientemente de las políticas de Trump. “La crisis humanitaria se ha agravado; Cuba colapsó en sus bases económicas antes de Trump”, asegura López. Aunque la ayuda internacional alivia temporalmente la situación, no resuelve el fondo del problema. “Se puede asfixiar a los pueblos, pero eso no necesariamente derroca gobiernos. Sacrificar vidas de inocentes con el objetivo de tumbar gobiernos no es ético ni moral”, advierte Bahamonde.
El régimen, por su parte, mantiene una narrativa de resistencia y soberanía. Hasta ahora, su oferta más concreta ha sido la liberación de 51 presos tras una mediación del Vaticano y la apertura a inversiones extranjeras por parte de cubanos en el exterior, incluyendo la posibilidad de propiedad de bienes. Sin embargo, Rubio calificó estas medidas como “insuficientes”, mientras que en la isla persisten más de mil presos políticos y crece la desesperación social, como se evidenció en protestas como la de Morón, donde manifestantes atacaron la sede del Partido Comunista.
Para muchos analistas, cualquier solución real exige cambios profundos en las reglas del juego político y económico. “Hace falta transparencia y un gobierno eficiente para atraer inversiones masivas, algo que hoy no se puede garantizar”, señala López. Y aunque existe la posibilidad de una alianza de élites entre Trump y un régimen que ha apostado todo al turismo y ha descuidado la agricultura y la industria, muchos advierten que sin justicia y derechos humanos, cualquier transición sería percibida como un “cambio-fraude”.
“Mantener a los Castro sería una cachetada a la comunidad cubanoamericana”, afirma Sergio Ángel, profesor del Programa Cuba en la Universidad Sergio Arboleda. “Este es un régimen moribundo que ha basado su control en el empobrecimiento del pueblo. Si no hay cambio político, no hay cambio real”.

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