Suzanne Vega confiesa que usó chaleco antibalas en su primer Glastonbury

Suzanne Vega, la reconocida cantautora neoyorquina de 66 años, acumula cuatro décadas de carrera marcadas por una trayectoria selecta y reflexiva. A pesar de su larga presencia en la música, ha publicado solo 10 álbumes, un ritmo que explica con naturalidad: “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, cuenta desde un hotel en Francia. La pandemia no solo retrasó su trabajo discográfico, sino que transformó aspectos de su relación con el público: ya no firma discos tras los conciertos porque fue así como se contagió del virus en dos ocasiones. “Ahora lo hago antes”, dice con resignación. A pesar de todo, sigue disfrutando del escenario: “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.
Un hito oscurecido por una amenaza
En la actualidad, Vega suele actuar en teatros y salas con audiencias más reducidas, pero su legado incluye un hito histórico: fue la primera solista femenina en encabezar el festival de Glastonbury, en 1989. Sin embargo, aquel momento quedó marcado por una amenaza de muerte contra su bajista, que también la incluía a ella. “Me recomendaron cancelar el concierto. Yo me negué, pero me obligaron a llevar un chaleco antibalas que me quedaba grandísimo. Tuve que ponerme una chaqueta vaquera enorme para que me quedara encima, y me la cerraron con cinta adhesiva porque se me abría”, recuerda. A pesar del ambiente tenso, el concierto se celebró con éxito. “Al final no me morí y todo el mundo estaba contento, y ahí se quedó esa noche para la historia de la música o lo que sea”.
El auge y desaparición de las cantautoras en los 80

- En los años 80, Vega formó parte de una oleada de mujeres que irrumpieron en la música con guitarra y letras profundas, junto a figuras como Tracy Chapman, Michelle Shocked, Edie Brickell, Indigo Girls y Sinéad O’Connor.
- Para Vega, el fenómeno fue positivo a largo plazo, aunque a corto plazo aumentó la competencia. “Siné O’Connor tenía su cabeza rapada y toda su ira, así que muchas de ellas ocuparon gran parte del espacio mediático”, reconoce.
- A pesar de ello, entre 1985 y 1990 vendió cinco millones de álbumes, una cifra que superó las expectativas de la industria. Hoy celebra que aquella generación ayudara a normalizar la presencia de mujeres en la música. “Cuando veo a Taylor Swift, me siento orgullosa. Es una chica con una guitarra que escribe canciones y tiene el poder de una nación pequeña”.
Uno de sus temas más conocidos, *Luka*, abordaba el maltrato infantil desde la perspectiva de un niño. Aunque tiene un fuerte componente autobiográfico —Vega sufrió abuso de niña—, decidió no revelarlo explícitamente. “Elegí hacerlo desde el punto de vista de un personaje inventado. No quería avergonzar a mi familia. Lo importante era que fuera una historia veraz, no que fuera yo”. Este enfoque narrativo ha sido una constante en su obra: hablar de sí misma a través de otros personajes. “Elijo un personaje y puedo decir la verdad sobre mí, pero lo hago a través de los ojos de Luka, de Kaspar Hauser, de Calipso. Siempre hay algo de verdad. Es un juego”.
Versiones en español y conexiones culturales
La versión en español de *Luka* fue un éxito en mercados latinoamericanos, y compitió incluso con la original en las listas de Puerto Rico. “Yo crecí en una familia que hablaba español. El marido de mi madre era de Puerto Rico y fue él quien hizo la traducción”, explica. La iniciativa partió del jefe de su sello, Herb Alpert, casado con la cantante latina Lani Hall. “Confiamos en mi padrastro, trabajamos mucho en la traducción, y disfruté mucho del proceso. De vez en cuando pienso en escribir en español. Sería un proyecto interesante para el futuro”.
En su más reciente trabajo, el tema *Chambermaid* reinterpreta desde una perspectiva femenina canciones emblemáticas del rock, como *I Want You* de Bob Dylan o *Maggie May* de Rod Stewart. “Se trata de aportar un punto de vista inesperado, el femenino, porque a menudo se les pasa por alto”, dice. En *Speaker’s Corner*, aborda la libertad de expresión, un tema que considera hoy distorsionado. “La Primera Enmienda se aplica a ambos lados. Tanto la izquierda como la derecha pueden ser censoras. Pero decir la verdad no significa mentir ni difundir odio. Hay quien usa espacios como el Hyde Park para decir tonterías, y otros para inspirar. Eso es de lo que habla la canción”.
Un legado vivo y en movimiento
Desde la muerte de Lou Reed en 2013, Vega interpreta en cada concierto *Walk On The Wild Side*, un homenaje que el público recibe con entusiasmo. Su relación con Reed fue profunda: lo vio por primera vez en 1979 y lo siguió durante años. “Me obsesioné con él. Lo conocí años después en un programa de MTV y perdí la compostura. Está en YouTube para que todos me vean perder la cabeza”, bromea. Se hicieron amigos, y aunque Reed era de humor cambiante, compartieron momentos sinceros y valiosos.
En los años 2010, Vega lanzó las *Close-Up Series*, una regrabación acústica de su catálogo, con el objetivo de recuperar el control de su música. “Quería fundar mi propio sello, pero no empezar con un proyecto nuevo. Así que simplifiqué las producciones y las hice acústicas. Gustaron a los fans y me dan ingresos para seguir creando”. Una década después, Taylor Swift emprendería un camino similar, pero Vega lo hizo a su manera, sin recrear al detalle los arreglos originales.
Sobre la industria musical, considera que el streaming ha devaluado la música como producto, pero no como experiencia. “Ahora la gente compra el disco más por la firma, como recuerdo del concierto. Para escuchar, se suscriben. Pero yo me gano bien la vida con las giras y, como soy dueña de mis discos, en Spotify me llevo la mitad de las ganancias, no centavos”. A sus 66 años, Vega no se siente marginada: “La radio en Estados Unidos es ahora un campo muy abierto. Hay muchos formatos, y eso permite que mi música siga sonando. Me va bien”.

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