De pequeño imitador de Elvis a rey de Spotify: cómo Bruno Mars logró gustar a (casi) todo el mundo

Bruno Mars, cuyo nombre real es Peter Gene Hernández, se ha convertido en una referencia histórica del pop contemporáneo. Es el primer artista que ha superado la barrera de los 150 millones de oyentes mensuales en Spotify y, en una era en la que la compra de discos físicos está en su punto más bajo, se sitúa entre los 30 artistas más vendidos de la historia, con una estimación de 236 millones de discos despachados, cifra que lo supera a leyendas como Bruce Springsteen y U2.
Logros y cifras récord
El cantante hawaiano acumula 16 premios Grammy y ha conseguido nueve sencillos en el número 1 de la lista Billboard Hot 100 de EE. UU. Tras una década sin lanzar un álbum en solitario, en 2025 encabezó la lista de las canciones más escuchadas en Spotify con “Die With A Smile”, un dueto con Lady Gaga, y ocupó la tercera posición con “APT”, colaboración con Rosé de BLACKPINK. Estas credenciales consolidan a Bruno Mars como uno de los artistas más exitosos del panorama musical actual.
El próximo álbum de estudio, The Romantic, está previsto para el 27 de febrero de 2026 y ya es uno de los lanzamientos más anticipados del año. La gira de promoción llevará al artista al Estadio Metropolitano de Madrid los días 10 y 11 de julio, marcando su regreso a la capital española nueve años después, ahora con dos fechas consecutivas.
Los orígenes de Mars explican gran parte de su estilo ecléctico. Nacido el 8 de octubre de 1985 en Honolulu, es hijo de un percusionista de ascendencia puertorriqueña y judía del este de Europa, y de una madre filipina que trabajaba como bailarina de hula. Desde muy pequeño se vio influenciado por la música: su tío era imitador de Elvis Presley y, a los cuatro años, el propio Bruno ya realizaba imitaciones en familia.
Opiniones de expertos

El crítico musical Jordi Bardají, de Jenesaispop, destaca la capacidad de Mars para “escribir clásicos en estilos muy diferentes que gustan a todo tipo de público”. Según Bardají, el artista combina talento vocal, habilidad para el baile y carisma escénico, ofreciendo canciones que, sin ser disruptivas, satisfacen una demanda de nostalgia bien cuidada y accesible.
Erik Oz, especialista en marketing musical y coautor del libro Rock & arte y estética (Ma Non Troppo, 2025), señala que Mars “mezcla la retromanía musical con los códigos visuales de la música urbana actual”. El artista toma influencias de James Brown y el funk de los setenta, pero los presenta con una estética de lujo, colores llamativos y coreografías virales que atraen a la generación Z en redes sociales, mientras que la música en sí misma sigue resonando con los oyentes de 35 a 45 años, que recuerdan la era del disco físico.
Esta “fricción cero” intergeneracional, como la denomina Oz, se basa en la ausencia de barreras de entrada: las composiciones suenan familiares, incorporan producción moderna (autotune, ganchos de 15 segundos) y, por tanto, capturan tanto a adultos que crecieron con Earth, Wind & Fire como a jóvenes que descubren los temas a través de TikTok.
El control estético de Mars es también notable. En su debut, Doo‑Wops and Hooligans (2010), lucía trajes inspirados en los años sesenta. Durante la grabación de 24K Magic (2016), impuso un código de vestimenta elegante en el estudio, favoreciendo joyas y ropa fina. En 2021, con el proyecto Silk Sonic junto a Anderson · Paak, retomó la moda de los setenta, con cuellos anchos y trajes holgados. Además, colabora frecuentemente con el director de sus videoclips, Cameron Duddy.
Aunque el público lo adora, la crítica especializada ha sido más reticente. Algunos consideran que Mars no ha salido del molde que domina con maestría, y que su faceta de imitador de íconos como Elvis, Michael Jackson o Prince, aunque impecable, limita la percepción de una personalidad artística más original. Bardají admite que “no creo que tenga una propuesta rompedora, pero su capacidad para llevar al mainstream estilos como el R&B, soul y funk es innegable”.
La trayectoria de Bruno Mars no ha sido lineal. Tras una infancia marcada por actuaciones familiares, a los 17 años se mudó a Los Ángeles. Fracasó inicialmente con un contrato abortado en Motown y con intentos de encaminarlo hacia el mercado latino, donde no encajaba del todo. Su gran oportunidad llegó cuando el productor Brandon Creed le vendió la canción “Lost” a la boy band puertorriqueña Menudo en 2008. A partir de ahí, como parte del colectivo The Smeezingtons, escribió éxitos para artistas como Cee‑lo Green (“Fuck You”) y B.O.B (“Nothin’ On You”), este último alcanzó el número 1 en EE. UU. Estas colaboraciones cimentaron su reputación como compositor y productor antes de lanzar su carrera como solista.
Los éxitos de Mars como “Uptown Funk” (con Mark Ronson) y el dueto “Die With A Smile” demuestran que su fórmula combina melodías pegajosas, producción de alta calidad y una estética visual cuidadosamente curada. Según Bardají, “‘Die With A Smile’ es su mejor canción; su fuerza radica en el equilibrio entre lo cursi y lo elegante, lo que conecta con una audiencia global”.
En cuanto al nuevo álbum, el crítico ha expresado reservas sobre el primer sencillo “I Just Might”, considerándolo “poco estimulante y algo infantil”. Sin embargo, espera que el resto del disco mantenga el nivel de excelencia que ha caracterizado a Mars a lo largo de su carrera.

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